Elecciones en Israel: ¿el fin de Netanyahu?

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Duración lectura: 7m. 52s.
Elecciones en Israel

Cartel electoral del Likud en la localidad árabe de Abu Ghosh, cercana a Jerusalén (foto cedida)

 

Jerusalén.— La mañana después de las elecciones del 23 de marzo de 2021, Jerusalén amanecía cubierta de polvo. Se trata de un fenómeno típico de la zona llamado jamsin, un viento cálido y seco que viene del desierto y llena el aire de un polvo que parece niebla. El cielo pierde su color azul y da la sensación de estar sucio. En la estación central de la ciudad, sentado en una de las paradas de autobús, estaba el habitual repartidor de periódicos. En la portada, entre los titulares en hebreo, lucían las fotos de los protagonistas de la noche electoral. En la del medio, Netanyahu, que lleva quince años liderando el Ejecutivo.

El Likud, partido del actual primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha ganado las cuartas elecciones nacionales que se convocan en menos de dos años. Sin embargo, los 30 escaños conseguidos están muy lejos de la mayoría absoluta de 61 que se requiere para formar gobierno. Bibi –así llaman a Netanyahu en su país– tiene asegurado el apoyo de los dos partidos ultraortodoxos y de los religiosos sionistas.

El bloque de la oposición está formado por un conglomerado de partidos que van desde la derecha a la izquierda, pasando por el centro. Todavía hay dos partidos que no han decidido a qué bloque apoyarán y se han convertido en la clave del futuro político de Israel: continuidad o cambio.

Bibi Sí vs. Bibi No

En marzo de 2020, el Likud liderado por Netanyahu, y Kahol Lavan, liderado por Benny Ganz, pactaron para formar un gobierno de unidad nacional ante la emergencia global que representaba la pandemia del coronavirus. El acuerdo al que llegaron contemplaba una presidencia rotatoria: Netanyahu los primeros dieciocho meses de legislatura y Ganz los otros dieciocho. Mientras, Ganz ha sido vicepresidente y ministro de Defensa. Sin embargo, antes de que le haya llegado el turno de relevar en la presidencia a su aliado de gobierno, Netanyahu ha roto el acuerdo, lo que ha obligado a la repetición electoral a la que acabamos de asistir.

Conviene recordar que Benny Ganz pasó de líder de la oposición en 2019 a pactar con Bibi en 2020, justificando su decisión en la conveniencia de evitar unas cuartas elecciones y por la urgencia que planteaba la pandemia. Sin embargo, en discursos anteriores al pacto, había asegurado que nunca pactaría con un imputado por corrupción, como es el caso de Netanyahu. Esta decisión le costó a Ganz la ruptura de su propio partido, que ya de por sí era una coalición. Yair Lapid lideró esta escisión y se convirtió en el nuevo líder de la oposición, siendo su partido (Yesh Atid) la segunda fuerza más votada en estas elecciones, con 17 escaños. El de Ganz, por su parte, ha pasado de 33 sillones en 2020 a 8, pero esta vez está en el bloque de oposición a Bibi.

La oposición está compuesta de muy distintos partidos que no tienen en común más que estar en contra de Netanyahu

Desde que Netanyahu consiguiera formar ese gobierno de coalición con Ganz el año pasado, el hartazgo por parte de los sectores liberales de la sociedad ha sido muy patente. Las manifestaciones en las principales plazas de Tel Aviv o a las puertas de la residencia del mandatario en Jerusalén han sido constantes durante todo el año de pandemia. De hecho, a pesar de los confinamientos, el derecho a manifestarse se ha respetado y las protestas han tenido mucha fuerza, llevando incluso al enfrentamiento violento con la Policía.

En este contexto, no ha sorprendido que las últimas elecciones se hayan planteado como “Bibi Sí o Bibi No”. La mayoría de los partidos han definido en su campaña en qué bloque están: a favor o en contra de Netanyahu. Una sola cosa era evidente antes y después de conocer los resultados electorales: que el gobierno será necesariamente de coalición, debido a la fragmentación parlamentaria. Por tanto, para el ciudadano era importante saber de qué lado está cada partido. El porcentaje de participación, sin embargo, ha sufrido la mayor caída desde 2013 y se ha quedado en un 67,2%, mientras que en las elecciones de marzo del año pasado fue de un 71%.

¿Qué esperar ahora?

Ninguno de los dos bloques suma los 61 escaños necesarios para formar gobierno. Sin embargo, hay dos partidos que todavía no han definido su posición, convirtiéndose así en piezas clave para dar el poder a unos u otros: Yamina, coalición de derechas que tiene 7 sillones, y Raam, partido árabe escindido de la Lista Conjunta, que ha conseguido 4. La Lista Conjunta es una alianza política de varios partidos árabes que en las pasadas elecciones sacó 15 escaños, convirtiéndose en la tercera fuerza más votada de la Knesset (parlamento israelí). En estos últimos comicios, en parte por la escisión de Raam, se ha quedado con 6.

La debilidad del grupo de la oposición es que son muchos partidos entre los que se incluyen derechas, izquierdas, centro y la coalición de partidos árabes. Prácticamente lo único que tienen en común es que quieren a Netanyahu fuera del poder, pero llegar a formar un Ejecutivo estable combinando todos los elementos que representan parece una quimera. En cualquier caso, están más cerca de los 61 que sus adversarios, pues suman 57, y líderes de los partidos de este bloque, como Yair Lapid y Avigdor Lieberman, han empezado las conversaciones para conseguirlos.

Si Netanyahu logra los apoyos que necesita, formaría el gobierno más extremista de los que ha presidido hasta ahora

El bloque que apoya a Netanyahu reúne 52 escaños y es mucho más compacto, ya que el Likud tiene 30 y el apoyo asegurado de los que ya han sostenido a Bibi en el poder las pasadas legislaturas, los partidos religiosos ultraortodoxos: Shas (sefardí) y Judaísmo Unido de la Torá (asquenazí), con 9 y 7 escaños, respectivamente. A estos viejos aliados se uniría el partido del Sionismo Religioso, fundamentalista religioso, partidario de la anexión de Cisjordania y anti-LGTBI. Este partido entra en la Knesset con 6 escaños. De prosperar una coalición así, sería el gobierno más extremista de los que ha liderado Netanyahu hasta la fecha.

La llave para conseguir los 61 escaños necesarios para formar un nuevo gobierno la tienen Yamina, una alianza de partidos de derecha que ha conseguido 7 sillones del parlamento, y Raam, con 4. Al bloque de la oposición le bastaría con el apoyo de uno de estos dos partidos para llegar al número necesario, mientras que el bloque de Netanyahu necesitaría del apoyo de ambos, pero los sionistas ya han rechazado cualquier entendimiento con la formación árabe, lo que da ventaja al bloque de la oposición.

Las negociaciones ya han comenzado, se prevén largas y los resultados impredecibles. En este momento, varios escenarios son posibles, incluida la repetición electoral si se supera el plazo fijado para formar gobierno. Tanto las largas negociaciones como una vuelta a las urnas benefician a Netanyahu, que seguiría siendo primer ministro en funciones, lo que alargaría su estancia en el poder y dilataría la sentencia judicial por los casos de corrupción por los que está imputado.

En el punto de mira internacional

Durante su campaña, Netanyahu ha podido sacar pecho por el reciente éxito de la vacunación israelí y por los logros diplomáticos con países árabes conseguidos durante la cortísima legislatura que ha durado apenas doce meses.

Israel ha estado en el punto de mira internacional este año por su rápida y contundente reacción a la pandemia, siendo uno de los primeros países en cerrar sus fronteras. La gestión sanitaria ha tenido sus altibajos y algunas medidas cuestionables como el cierre casi total de la hostelería y otras actividades no esenciales durante los diversos confinamientos que ha atravesado el país, que continúa con las fronteras cerradas al turismo internacional desde marzo de 2020. El balance de muertes por coronavirus es considerablemente reducido comparado con otros países: un total de 6.122 entre 9 millones de habitantes.

Además, Israel, con alrededor del 50% de la población inmunizada, lidera a la campaña de vacunación a nivel mundial. Esto ha hecho que otros países se fijen en su modelo a la hora de organizar sus planes de vacunación o para la creación de documentos de viaje como el llamado “pasaporte verde”.

Otro de los temas que ha proporcionado titulares a las secciones de política internacional de muchos medios de comunicación han sido los llamados Acuerdos de Abraham, por los que Israel normalizó sus relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, dos países árabes del Golfo, en agosto de 2020. A estos siguieron acuerdos similares con Sudán y Marruecos, en septiembre y diciembre del mismo año, respectivamente. Fue el anterior presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien apadrinó estos acercamientos entre el Estado judío y estos países del mundo árabe.

 

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