Nuestro mundo será “unimultipolar”

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Duración lectura: 6m. 23s.

La muerte del autor de El choque de civilizaciones ha coincidido con la traducción de una entrevista que forma parte de El libro de los saberes. Conversaciones con los grandes intelectuales de nuestro tiempo, publicado recientemente por Siruela.

“Ninguna profecía tiene el poder de realizarse a sí misma”, contestaba Samuel Huntington a la acusación de que postular el “choque de civilizaciones” era una forma de producirlo. En efecto, el artículo publicado en Foreign Affairs en 1993 (“The Clash of Civilizations?”; cfr. Aceprensa, 23-06-1993), y luego desarrollado en forma de libro (cfr. Aceprensa, 4-06-1997), aparecía en la década post-soviética y aperturista como los vaticinios de Casandra. El 11-S, sin embargo, hizo que los analistas del mundo entero volvieran los ojos hacia el profesor de Harvard que hasta entonces conocían sobre todo los politólogos gracias a El orden político de las sociedades en cambio, un estudio sobre la democracia, las instituciones y la modernización política escrito en los años sesenta.

De qué civilización hablamos

La revitalización de los conceptos de cultura y civilización impulsada por Huntington restituyó a la discusión política categorías que parecían desplazadas por una concepción meramente economicista o cuantitativa del desarrollo. No sin polémica, Huntington se insertó en una línea de análisis que desciende de Burckhardt, de Bopp, de Gibbon, de Toynbee, de Spengler, de Domingo Faustino Sarmiento.

En el orden global del siglo XXI, esta visión vuelve a cargarse de significado: y aunque a propósito de su muerte Amartya Sen ha culpado a Huntington de presentar un modelo “supersimplificado” de la historia, lo cierto es que en la tesis del “choque” hay una comprensión de las conquistas democráticas y sociales que va más allá de los recetarios. Si los neocons -como afirma Fernando Vallespín en el obituario de El País- tomaron nota de la discriminación cultural planteada por Huntington, los resultados obtenidos demuestran que su aplicación en la práctica no iba precisamente en la línea de lo que el politólogo pensaba sobre la exportabilidad de las libertades.

Así parece que queda patente en uno de los últimos textos del autor difundidos a través de la industria editorial española: la entrevista contenida en El libro de los saberes (1), una recopilación de conversaciones con algunos de los intelectuales contemporáneos más notables recientemente editada por Siruela. Con respuestas concisas, Huntignton explica en la parte que le toca algunas de las notas más características de su pensamiento. Así, por ejemplo, la de civilización:

“Entiendo por civilización regiones culturales muy extensas, como Occidente, el mundo islámico, la civilización china o la ortodoxa, América Latina y otras entidades de esas dimensiones. Evidentemente, ciertos conflictos tienen lugar dentro de esas entidades, pero el factor importante reside ahora, a mi juicio, en los conflictos entre grupos que pertenecen a civilizaciones diferentes. Esos conflictos poseen un potencial de escalada hacia grandes guerras que es muy superior al de los conflictos internos de las civilizaciones”.

Preguntado también por la distinción entre occidentalización y modernización, el autor precisa que “en el siglo XXI tendremos una situación en la que la mayor parte de las sociedades del planeta se habrán modernizado sin por ello haberse occidentalizado. Ahora bien, a medida que las sociedades se modernizan, alcanzan un umbral en el que defienden cada vez más sus valores indígenas, su religión y su modo de vida. Por este motivo, aun modernizándose, esos países no avanzan al mismo ritmo”.

Precisamente sobre esta intersección del cambio temporal y espacial sitúa Huntington la vuelta a las raíces que llama “indigenización”: una reacción que es “consecuencia de los procesos de modernización social y económica”, y que juzga como un “fenómeno natural” en el que no ve nada de malo.

El problema religioso

También relacionaba Huntington la recuperación de lo religioso -islam, hinduismo, protestantismo- con el cambio social y económico de las últimas décadas. A su juicio, los protagonistas de tal revitalización son individuos que están “en pleno ascenso social” y que acuden a la religión para fijar “los valores que son necesariamente favorables al éxito social y a la industrialización de la sociedad”, dice desde una perspectiva sociológica.

Contradictoria, también, con su idea weberiana sobre la mentalidad religiosa del Occidente moderno resulta la afirmación de que “la mayoría de los movimientos fundamentalistas islámicos presentan ciertas similitudes con el protestantismo. Los ataques contra lo que se percibía como un orden establecido corrompido, el orden católico y el papado del siglo XVI, encuentran un eco en los ataques del fundamentalismo musulmán (…). Estos movimientos se esfuerzan por defender una cierta pureza, el compromiso religioso, la rectitud de comportamiento, igualmente característicos de la Reforma protestante”.

En cuanto a la posibilidad del diálogo interreligioso o intercultural, Huntington afirma que, si bien es necesario, “el diálogo no es forzosamente sinónimo de acuerdo. Hay que admitirlo. Las personas pueden debatir ciertas cuestiones y descubrir que están en desacuerdo en lo fundamental, pero el simple reconocimiento de esos desacuerdos puede ser útil”.

Occidente y los demás

China y el islam son, en la predicción de Huntington, las dos civilizaciones que “plantearán un desafío a Occidente”. Para el lector de la entrevista, publicada en francés en 2007, una pregunta resulta especialmente interesante ahora que la crisis económica hace correr ríos de tinta sobre la emergencia de nuevos protagonistas en el escenario internacional, y sobre la declinación de la estrella norteamericana: ¿el mundo actual es unipolar o multipolar?

“Unimultipolar”, era la respuesta de Huntington, con “una superpotencia y seis o siete grandes potencias. En el ámbito mundial, toda acción deberá buscar el apoyo de la superpotencia, más el de una combinación de algunas otras grandes potencias”. Consideraba, por esto, “un error, por parte de ciertos responsables políticos americanos, haber creído que podían haber actuado unilateralmente para resolver determinados problemas (…). El tratamiento de los problemas mundiales requiere la cooperación de varias potencias”. Para el autor, la Guerra del Golfo “tuvo como resultado acentuar las diferencias entre las civilizaciones”.

La reciente victoria de Barack Obama también actualiza una de las afirmaciones que hace Huntington en esta entrevista, citando el ejemplo de Séneca en el contexto de la cultura romana. “La interacción de los individuos procedentes de distintas culturas constituye un modelo”, dice el politólogo, que ha sido sin embargo objeto de múltiples acusaciones de xenofobia y de racismo.

Buena parte de la responsabilidad en tales señalamientos la tiene su último libro, publicado en 2004: ¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad estadounidense?, donde el autor mostraba grandes reticencias sobre la inmigración hispana a Estados Unidos y su capacidad de asimilarse a la cultura norteamericana. En la entrevista que forma parte de El libro de los saberes, en cambio, hace referencia al Mercosur poniéndolo como ejemplo de una deseable cooperación económica entre países culturalmente semejantes, por la que puede conjurarse el peligro de las carreras armamentísticas en previsión de agresiones provenientes de otras culturas.

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(1) Constantin von Barloewen y Gala Naoumova (rec.). El libro de los saberes. Conversaciones con los grandes intelectuales de nuestro tiempo. Siruela. Madrid (2008). 580 págs. 29,90 €. T.o.: Le livre des savoirs. Traducción: María Condor.

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