La Cumbre de las Américas, vista desde el sur

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Duración lectura: 6m. 56s.
IX Cumbre de las Américas

CC: Alan Santos/PR

 

Guatemala.— Los Ángeles ha sido este mes el escenario de la reciente edición de la Cumbre de las Américas, un espacio en el que desde 1994 se reúnen los líderes americanos y cuyo motivo principal ha sido siempre promover la democracia y buscar soluciones para problemas comunes. Sin embargo, la reunión de este año parece haber fallado al menos en cuanto al deseo de fomentar la democracia.

Estados Unidos pretendió convertir la Cumbre de las Américas en la Cumbre de las Democracias Americanas, pero en su afán democrático no consiguió que la reunión fuera ninguna de las dos cosas. La limitada participación generó dudas acerca del espíritu democrático de la Cumbre. Por otro lado, llamó la atención que tanto los países que participaron como los que se abstuvieron y los que no fueron invitados aseguran, casi todos, actuar en nombre de la democracia.

Cuestionado liderazgo de Estados Unidos

Por su parte, Estados Unidos intentó a través de la Cumbre reforzar su liderazgo en las Américas y se dio de cara con el desaire de los gobernantes de muchos países americanos. Además, su decisión de excluir a Venezuela, Cuba y Nicaragua por su “falta de compromiso con la democracia” le costó caro y fue el detonante para el rechazo a participar de otros países como México, uno de sus socios comerciales principales.

Esto se acentúa por el hecho de que parece que este argumento solo le vale para Latinoamérica, pues no ha sido impedimento para que Estados Unidos forme alianzas en otras partes del mundo. En total, menos de la mitad de los mandatarios asistieron a la Cumbre y el Departamento de Estado tachó el desaire de “boicot”, negándose a ver la realidad que se palpa en el continente: Estados Unidos debe cambiar su estrategia si pretende mantener el liderazgo de antaño.

EE.UU. centró la Cumbre en los temas que le interesan y la convirtió en un evento unilateral donde otros no se sintieron reconocidos

Parte de lo que ha provocado este cambio es el desinterés del presidente estadounidense Joe Biden por escuchar lo que los países del sur reconocen como sus problemas, especialmente el golpe que tanto el conflicto en Ucrania como la pandemia han tenido en su economía. La gestión de Biden no parece prever ayudas específicas para los problemas que los países latinos consideran más urgentes. El gobierno estadounidense refuerza así la idea de que sus prioridades en la ayuda a los países del sur son los temas que le repercuten negativamente, como la migración y el cambio climático.

Por otro lado, no se reconocen los anhelos que hay detrás del cambio de postura ideológica en muchos de los países de América; Estados Unidos muestra preocupación por ello y lo caracteriza como una corrupción antidemocrática, pero sin escuchar los motivos (la pobreza, la corrupción, el hartazgo con la política tradicional, etc.) que hay detrás de ello. Esto debería motivar a Estados Unidos a incorporar nuevos temas en su agenda, y sin embargo, los temas siguen siendo los mismos. Esto limita la discusión y el diálogo, convirtiendo la Cumbre en un evento unilateral donde muchos de los invitados no se sienten reconocidos. Los temas de interés común y que requieren una respuesta compartida son muchos y será difícil encontrar soluciones efectivas si no se cuenta con todos los implicados en la discusión. Esto limita el éxito de la Cumbre, pues siembra dudas sobre su utilidad como sistema de trabajo en conjunto, y además parece cuestionar el liderazgo hemisférico de Estados Unidos.

También se criticó la actuación de Estados Unidos en otras iniciativas de cooperación internacional, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Se recriminó al gobierno del Norte su uso del banco para sus propios objetivos y la postulación del actual presidente del BID, Mauricio Claver-Carone, favorito de Estados Unidos, cuya candidatura rompió con la tradición no escrita de tener a un presidente latinoamericano en el BID. Esto ha generado cierta desconfianza entre algunos países latinoamericanos.

La migración: un problema compartido

En cuanto a la problemática migratoria, al término de la Cumbre se firmó la “Declaración de Los Ángeles”, que pretende ser una hoja de ruta para los países que reciben a un gran número de migrantes y refugiados. Este se presenta como el mayor logro de la Cumbre y se incluyen en ella nuevas vías legales para entrar en los países, se ofrecen algunas ayudas a las comunidades más afectadas por la migración, se propone una gestión más humana en las fronteras, etc.

Esta ruta es interesante no solo para Estados Unidos sino también para Colombia y los países vecinos, adonde están llegando millones de venezolanos. Además, México recibió más de 130.000 solicitudes de asilo el año pasado, el triple que en 2020. Por otro lado, en los últimos años muchos nicaragüenses escapan a la vecina Costa Rica, y los venezolanos desplazados representan casi una sexta parte de la población de Aruba. Por primera vez, el problema de la migración parece ya no solo afectar al gigante del norte.

Cambio climático

La lucha contra el cambio climático también fue uno de los grandes temas de discusión y de acuerdo. Joe Biden y la vicepresidenta de EE.UU., Kamala Harris, impulsaron una serie de medidas para enfrentar la crisis climática, como empleos verdes y un refuerzo de la seguridad energética. En este sentido, se proponen algunas medidas, y específicamente planes con cuatro bancos de América Latina y Caribe para destinar 50.000 millones de dólares en préstamos durante los próximos cinco años para apoyar iniciativas de transición climática. Esta estrategia propone incluir al sector privado en los proyectos.

Por otro lado, también se ofrecieron 12 millones de dólares destinados a programas para paliar la deforestación en Brasil, Colombia y Perú. También se anunció una nueva asociación entre Estados Unidos y las naciones del Caribe, que será dirigida por Kamala Harris. Esta inclusión de las naciones del Caribe es quizás uno de los elementos más interesantes de la Cumbre, pues se trata de islas pequeñas donde hay posibilidad de inversión y desarrollo en energías alternativas.

Una nueva estrategia para Centroamérica

La Cumbre tenía grandes expectativas en cuanto a su impacto en Centroamérica, y de hecho, parte importante de la inversión ofrecida por Estados Unidos está destinada al Triángulo Norte de Centroamérica.

Sin embargo, ninguno de los mandatarios de esta región participó en la Cumbre. El presidente de Guatemala se excusó por cuestiones de “agenda”, aunque es bien sabido que no le cayó en gracia que se criticara su reciente reelección de la fiscal general, Consuelo Porras. Daniel Ortega, de Nicaragua, no fue invitado; y Nayib Bukele de El Salvador y Xiomara Castro de Honduras tampoco asistieron. Por ello, aunque Estados Unidos tenga planes para el Triángulo Norte, no parece que los mandatarios estén demasiado interesados en escuchar esos planes.

Quizás contando con ello es que el compromiso de entregar 1.900 millones de dólares en ayuda está destinado a compromisos con el sector privado para fomentar el desarrollo económico y frenar la migración. Este plan es esperanzador para aquellos que ven con buenos ojos a la iniciativa privada y temen a la corrupción de los gobiernos centroamericanos; pero también es preocupante para otros, pues se basa en lo que harían las empresas y no compromete activamente al gobierno de Estados Unidos. Esto podría provocar que las promesas y los compromisos no se materializaran. Ante todo, lo que demuestra el ofrecimiento es el deseo de Estados Unidos de probar nuevas estrategias después de años de intentos fallidos por revitalizar la economía de esta región y ralentizar la migración.

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