La extrema derecha xenófoba europea se hunde

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Análisis

Hace poco más de un año el auge electoral de la nueva extrema derecha europea era la pesadilla de los partidos tradicionales. Desde el pasado 22 de enero lo peor de la prueba para la vieja clase política parece felizmente superado tras el descalabro de la Lista Pim Fortuyn en las elecciones holandesas. La derrota del partido hostil a la inmigración de extranjeros es la tercera consecutiva en Europa tras las sufridas por el partido de Haider en Austria y por el Frente Nacional de Le Pen en los últimos comicios franceses.

A diferencia del austriaco y del francés, la crónica del ascenso y caída del partido xenófobo holandés es la de una muerte anunciada. El asesinato del fundador del partido, Pim Fortuyn, en vísperas de las elecciones de mayo de 2002, provocó una inesperada oleada sentimental en favor de sus discípulos neófitos, que se vieron de la noche a la mañana catapultados al gobierno. Pocos meses después, los escándalos y la desorganización interna de la Lista provocaron la salida de sus ministros del gabinete de coalición, y la convocatoria de elecciones anticipadas que culminaron con el previsible voto de castigo.

Los tres casos más emblemáticos del movimiento xenófobo y populista europeo tienen coincidencias más allá de la similitud de su mensaje. El FN francés, el FPÖ austriaco y la Lista holandesa se apoyan casi exclusivamente en el carisma de sus respectivos fundadores y líderes máximos, y carecen de la estructura política y la presencia capilar en sus respectivos países labrada por los partidos tradicionales a lo largo de décadas.

El terreno ideológico explorado tampoco presenta un futuro halagüeño. Los movimientos de extrema derecha que hasta la fecha han llegado o acariciado el poder en Europa, si a los tres anteriores se suma, con reservas, la Liga Norte italiana de Umberto Bossi, obtuvieron su fortuna de la ruptura de un tabú vigente en el discurso “políticamente correcto”: decir en voz alta lo que muchos ciudadanos comentan en voz baja sobre la inmigración y la integración de los extranjeros. Pero el éxito precipitó la llegada de la competencia, y hoy muchos partidos de la derecha tradicional y algunos de la izquierda han recogido en su discurso electoralista algunas de esas banderas, como el control de la inmigración, la lucha contra los ilegales, y mayores inversiones en seguridad ciudadana.

Francisco de Andrés

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