La discriminación positiva, un arma de doble filo

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Duración lectura: 12m. 51s.

Debate sobre la igualdad de oportunidades
¿Cómo asegurar la igualdad de oportunidades para todos? Cuando ciertos grupos han sido discriminados en el pasado, cabe pensar que no basta con admitir a todos a la carrera si algunos parten con desventaja. Surge entonces la idea de dar un trato de preferencia a los desfavorecidos para que ocupen una proporción razonable de cargos públicos, plazas universitarias o empleos. Así se ha hecho, a gran escala, en países como la India o Estados Unidos. Pero ahora las políticas norteamericanas de este tipo son cada vez más discutidas. Muchos piensan que tienen efectos contraproducentes o que, al fin y al cabo, son otra forma de discriminación injusta.

Tras la aprobación de la Ley de Derechos Civiles en 1964, se fue desarrollando en Estados Unidos el aparato legal de la “acción afirmativa”, como llaman allí a las medidas de discriminación positiva en favor de las minorías. Los beneficiarios de esta política eran, ante todo, los negros; pero el alcance ha ido extendiéndose a otros grupos (hispanos, indios, mujeres…).

El dispositivo de la acción afirmativa comprende miles de leyes y programas federales, estatales y locales que afectan al sector público y al privado. Los organismos oficiales tienen que dar preferencia, bajo determinadas condiciones, a los miembros de minorías en la adjudicación de puestos de trabajo. Lo mismo han de hacer las empresas e instituciones académicas si quieren obtener contratos o ayudas por parte de la Administración.

Reparar el pasado injusto

La acción afirmativa se ha justificado por la necesidad de compensar un largo pasado de discriminación, que ha dejado una herencia de desigualdades profundas. No sirve, se dice, emplear el mismo rasero con todos, pues algunos, de hecho, no tienen las mismas oportunidades. Además, para lograr la igualdad en la práctica no es suficiente prohibir la discriminación: hacen falta estímulos positivos.

Las mismas razones se aducen en la India, donde el rígido sistema de castas deja en inferioridad de condiciones a la mayoría de la población. Allí, la discriminación positiva está consagrada en la Constitución, que ordena reservar a los intocables y a las tribus marginadas el 23% de los empleos públicos y plazas universitarias.

La herencia del apartheid también es un motivo poderoso para adoptar medidas similares en Sudáfrica. De momento, el gobierno no obliga, sólo estimula, a las empresas e instituciones a acoger una mayor proporción de negros. Pero ha formado una comisión para vigilar el proceso de integración y ha advertido que, si no hay suficientes progresos, impondrá por ley el trato de favor.

Revisión de resultados

Nadie niega la necesidad de reparar las injusticias; lo que se discute es el método. Después de treinta años de experiencia, en Estados Unidos se está haciendo una revisión crítica de los resultados. Aunque el panorama ha mejorado notablemente con respecto a los años 60, no se ha alcanzado aún la igualdad deseada. Unos deducen de ahí la necesidad de mantener la acción afirmativa; para otros, eso muestra que se han agotado las posibilidades de tal política.

Según un estudio de la Federal Glass Ceiling Commission, continúa habiendo barreras en la promoción de los grupos tradicionalmente desfavorecidos, especialmente en el acceso a cargos de responsabilidad. Los datos del censo de 1990 muestran que los hombres blancos, aunque constituyen el 43% de los trabajadores del país, ocupan el 95% de los puestos directivos de las mil empresas más importantes. Las mujeres blancas han irrumpido con fuerza en la escena laboral, hasta alcanzar el 40% de los empleos (hace tres décadas tenían el 30%). Sin embargo, ocupan menos del 5% de los cargos de dirección.

Donde ha aumentado mucho la presencia femenina es en los puestos intermedios, según datos del Departamento de Trabajo referidos a 1994. Las mujeres blancas tienen el 40% de esos empleos. En cambio, en este nivel la población negra está muy por debajo de su proporción en el censo nacional (12%), con el 5% en el caso de las mujeres y el 4% en el de los hombres.

Refugiados en el sector público

Esto no dice mucho a favor de la acción afirmativa, según algunos. El mayor acceso de las mujeres al mercado laboral parece un fenómeno en gran parte independiente de esa política, mientras que la población negra -femenina o masculina- ha avanzado mucho menos en las estadísticas. No ha aumentado el empleo total entre los negros. Lo que claramente ha producido la acción afirmativa es una redistribución de los trabajadores negros, que han pasado en gran número de las empresas pequeñas y medianas a las grandes y al sector público. La razón debe de ser que son las empresas de cien o más empleados -las únicas obligadas a informar anualmente a la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo, uno de los pilares de la acción afirmativa- las principales afectadas por esta política, junto con los organismos públicos.

Muestra de ese trasvase es que el 41% de los policías contratados en los últimos 20 años son negros, y que en la actualidad hay 1,3 millones de negros empleados en la Administración, es decir, más o menos un tercio de la burocracia del país. Pero la tasa de paro de la población negra sigue siendo muy superior a la que se registra entre los blancos: el doble, en estos momentos.

El economista Farrel Bloch considera que la acción afirmativa no es una política suficientemente fuerte para frenar las tendencias actuales que inciden directamente en el empleo de los grupos desfavorecidos: la reducción de la demanda de trabajos no cualificados; el aumento de la drogadicción y de la delincuencia en los ghettos, que ahuyenta a los empresarios; el fracaso escolar, etc.

Tampoco en el terreno académico los resultados son muy satisfactorios. Ha aumentado mucho el número de universitarios negros; pero más por haber abierto la mano que por haber logrado una auténtica promoción. Así, en los últimos diez años, la Universidad de Berkeley ha admitido, de media, un alumno negro por cada cuatro blancos, aunque había nueve aspirantes blancos por cada uno negro. Pero el trato de preferencia a la entrada se torna en una “selección natural” de signo inverso a la salida: el 71,5% de los alumnos blancos terminan los estudios, frente a sólo el 37,5% de los negros. Otro ejemplo es el de la Universidad estatal de Georgia, donde los candidatos no blancos pueden ingresar con inferior nota: el 66% de los negros abandonan la carrera.

¿Compensación o favoritismo?

A la insuficiente eficacia se añaden los efectos contraproducentes. Uno de ellos es el descrédito que puede acarrear a los beneficiarios. La acción afirmativa pretende elevar a personas que sin ella podrían ser injustamente relegadas. Pero en la medida en que facilita el acceso a un puesto sin mejorar por sí misma la capacitación del individuo, cabe dudar si el interesado está allí por méritos propios o por gracia de la política oficial. Esta sospecha genera resentimiento en los competidores y puede acabar reforzando los mismos prejuicios contra la población tradicionalmente discriminada que justificaban la acción afirmativa.

Esto se detecta en la reciente reacción contra la discriminación positiva en Estados Unidos y, más aún, en la India. Las medidas de favor para los grupos marginados intentan abatir barreras levantadas por la costumbre injustificada de distinguir a las personas por el nacimiento. Pero a la vez, inevitablemente subrayan las diferencias, al consagrarlas como criterio para dispensar un trato u otro. De este modo, la acción afirmativa puede acabar perjudicando la integración social.

Así parece suceder en la India, donde la casta se está convirtiendo cada vez más en una cuestión política y motivo de conflictos. El reparto de empleo público y diversos beneficios ha provocado en los últimos años violentos enfrentamientos entre castas, como los ocurridos en septiembre pasado en el Estado de Uttar Pradesh, el más poblado del país. Allí, hace poco más de un año, ganó las elecciones una coalición de dos partidos que representan, respectivamente, a los intocables y a la casta inferior. El gobierno ha aumentado las ventajas para su electorado, por ejemplo, dando más puntos a los miembros de esos grupos en los exámenes de ingreso en la función pública. Los demás se quejan de agravio comparativo y han empezado a organizarse, con lo que la discriminación positiva está contribuyendo indirectamente a reforzar el sistema de castas.

Esto indica que la acción afirmativa fomenta el clientelismo político, pues constituye a los sectores beneficiados en grupos de interés. El fenómeno es especialmente importante cuando los sectores beneficiados son numerosos. Es lo que ocurre en la India, donde los intocables, las tribus marginadas y las castas inferiores componen aproximadamente el 70% de la población.

Mentalidad de víctima

Otra consecuencia imprevista proviene de que la discriminación positiva, que se emprende con la intención de que sea transitoria y limitada, tiende a perpetuarse y expandirse. La Constitución india, aparte de la reserva de puestos para los intocables, permite a los Estados establecer cuotas adicionales para las castas inferiores. Y ha terminado por producirse una escalada. Aunque el Tribunal Supremo ha dictaminado que las cuotas no pueden superar el 50%, el Estado de Tamil Nadu las subió al 69%. El Parlamento nacional no se opuso a la medida: al contrario, aprobó, con apoyo de todos los partidos, una enmienda constitucional para hacerla inmune a la intervención judicial. Más tarde, el Estado de Karnataka propuso aumentar las cuotas al 75%, y aspira a una enmienda constitucional como la otorgada a Tamil Nadu.

En Estados Unidos, la acción afirmativa fue pensada para la comunidad negra. Hoy cubre a dos tercios de la población, si se incluye a las mujeres, que en muchos casos pueden acogerse a ella. Alcanza también a minorías, como los inmigrantes asiáticos, que nunca fueron objeto de discriminación sistemática en el pasado.

Parece que las compensaciones otorgadas a un grupo conduce a que reclamen lo mismo otros que también afirman sufrir discriminación. Y las nuevas exigencias pueden ser difíciles de resistir para los poderes públicos. Esto favorece que se difunda la mentalidad de víctima, fenómeno evidente en Estados Unidos, a juicio de muchos. Según el diagnóstico de Paul Hollander, profesor de Sociología de la Universidad de Massachusetts, gran número de norteamericanos han llegado a creer que el curso de su vida viene determinado más por factores sociales y culturales que por sus propios esfuerzos. Así, las reivindicaciones se multiplican.

La resaca, en Estados Unidos, de la acción afirmativa incluye también el “multiculturalismo” y la moda de la political correctness, que ha hecho furor en las universidades y en los medios de comunicación. El predominio de una tradición o de un sexo en las manifestaciones culturales se interpreta como síntoma de discriminación contra todo lo demás. La diversidad se convierte en un fin en sí misma, que ha de perseguirse de modo directo y positivo. Así, las cuotas han llegado a los planes de estudios, que deben incluir cierta proporción de autores distintos de los que despectivamente se ha dado en llamar “varones blancos europeos muertos” (por ejemplo, Shakespeare).

Cambio en la opinión pública

Todo esto ha provocado en Estados Unidos una corriente de opinión desfavorable a la acción afirmativa, que se expresa en numerosos comentarios periodísticos y parece haber calado en el público. Al menos, el año pasado, por primera vez una encuesta detectó una mayoría (51%) de blancos contrarios a esa política.

Más importante aún es que la acción afirmativa está siendo combatida por la vía legal. En California, donde se han dado quizá los mayores excesos de la political correctness, está en marcha la recogida de firmas para someter a referéndum el año próximo una propuesta que acabaría con los programas estatales de discriminación positiva. La llamada Iniciativa de California sobre Derechos Civiles, promovida por dos profesores universitarios, propone que los organismos del Estado no puedan utilizar la raza, el sexo o la nacionalidad de origen como criterio para dar un trato especial -favorable o contrario- a ningún individuo. Si la propuesta resultara aprobada, se convertiría en ley automáticamente.

Además, hay un caso pendiente en el Tribunal Supremo que podría provocar el cambio del criterio constitucional mantenido hasta ahora. En sentencias anteriores, el Supremo declaró ilegales las cuotas; pero admitió dos tipos de medidas que en la práctica conducen a un resultado casi equivalente: establecer metas estadísticas en la contratación de miembros de minorías y dar preferencia a éstos sobre otros candidatos que por lo demás estén en igualdad de condiciones. El recurso pendiente, presentado por un empresario que perdió varios contratos públicos por la aplicación de la acción afirmativa, sostiene que el trato de favor a las minorías es inconstitucional.

Remedios y metas estadísticas

Las quejas contra la discriminación positiva han hecho que la Casa Blanca empiece a plantearse reformarla. Una de las posibilidades que están siendo estudiadas es mantener la acción afirmativa cambiando el criterio: basar el trato de preferencia en la necesidad económica en vez de en la raza o en el sexo. Pero esto no tiene que ver con las discriminaciones injustas que motivan la acción afirmativa y sería un mecanismo redistributivo bastante defectuoso. Otra idea es volver al principio: excluir a las mujeres y otras minorías para dejar sólo a la población negra. Lo que encontraría una fuerte oposición por parte de los excluidos y esquivaría las cuestiones de fondo que motivan la actual oposición a la discriminación positiva.

Frente a esto, otros proponen abandonar esta política. Las intenciones con que se implantó eran buenas, los resultados han sido en parte positivos, ha servido realmente para combatir el racismo. Pero las limitaciones y las consecuencias indeseables que hoy se observan indican que la acción afirmativa presenta también algunos fallos fundamentales. Uno de los principales representantes de esta opinión es el economista Thomas Sowell, autor de un libro sobre el tema (Preferential Policies: An International Perspective).

Según Sowell, el defecto de la acción afirmativa está en buscar resultados cuantitativos sin atender primero a resolver las carencias fundamentales de la población desfavorecida (ver servicio 147/91). Estos grupos necesitan, antes que una representación proporcional en las universidades o en los puestos directivos, una enseñanza básica de mejor calidad. Desde luego, este enfoque tarda mucho más en dar frutos estadísticos apreciables, pero también es más eficaz.

Rafael Serrano_________________________Con trabajos de documentación por parte de Ignacio Fernández-Zabala.