La democracia tarda en llegar a África

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Con la caída del muro de Berlín, el fin de la guerra fría y la extensión de la democracia en Latinoamérica y parte de Asia, empezaron a correr vientos de democratización también en África. Se pensaba que tantos países africanos tradicionalmente regidos por autócratas o dictadores militares, pronto conocerían el multipartidismo y las elecciones. Pero luego se ha visto que el cambio es más complejo de lo que parecía, y los países occidentales han dejado de amenazar con condicionar su ayuda a las reformas políticas.

La corriente democratizadora africana de principios de los 90 se ha detenido en algunos países y ha retrocedido en otros. En Zaire, Camerún y Gabón sigue sin haber un gobierno democráticamente elegido, mientras que en Sierra Leona y Nigeria el ejército ha consolidado su ocupación del poder. Además, la masacre étnica de Ruanda, la anarquía renovada en Somalia y las guerras civiles en Sudán, Angola y Liberia amenazan con multiplicar los conflictos en otras naciones, ante la impotencia de los países occidentales.

Entre los pocos que han avanzado últimamente en el proceso democrático se cuentan Sudáfrica, Malawi -hubo elecciones en mayo del 94- y Mozambique, donde el pasado octubre las elecciones terminaban con una guerra civil de 16 años. También en Namibia se han celebrado por segunda vez elecciones en un marco pacífico y estable.

En cuanto a la ayuda al desarrollo, a principios de esta década los países occidentales intentaban utilizarla como palanca para iniciar el proceso democrático. Así, en 1991, se suspendieron las previstas para Kenia, en espera de que se llevaran a cabo las reformas económicas y el cambio hacia un pluralismo político. Y Malawi sufrió recortes para forzar -esta vez con éxito- que el dictador Banda convocase elecciones multipartidistas. Pero ahora los gobernantes han aprendido a crear una apariencia de reforma con pocos cambios reales. Muchas veces, las elecciones son manipuladas y las reformas económicas son anunciadas con gran entusiasmo y a menudo retrasadas o bloqueadas, sin que esto acarree la interrupción de la ayuda extranjera.

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