Rubio y Merz en Múnich: lecciones de civilización y realismo

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El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio (izda.) y el canciller alemán Friedrich Merz en la 62 Conferencia de Seguridad de Munich, 13-02-2026 (foto: Liesa Johannssen/Reuters/Pool/DPA vía Europa Press)

El discurso del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich (14 de febrero) ha marcado un contraste con el pronunciado un año antes en el mismo escenario por el vicepresidente J.D. Vance, quien recalcó de forma abrupta a los líderes europeos que “hay un nuevo sheriff en la ciudad”. Por el contrario, Marco Rubio cuidó las formas para subrayar los vínculos históricos y culturales que unen a Estados Unidos y a Europa.

Rubio había estado en diversas ocasiones en Múnich, y el conocimiento previo de este foro anual ha contribuido a un discurso muy elaborado y cuidado al detalle, en el que no han faltado algunos toques de storytelling con los que el político se ganó a su auditorio, que le aplaudió puesto en pie. Con todo, no se puede asegurar que la intervención de Rubio haya tranquilizado a los líderes europeos. Su discurso, caracterizado por continuas referencias a la civilización y la cultura de Occidente, contrasta con el pronunciado un día antes por el canciller Friedrich Merz, centrado en los habituales temas de seguridad y defensa que son abordados en Múnich.

Resulta llamativo que Rubio solo mencionara a Trump en cuatro ocasiones. Esta circunstancia ha hecho que algunos analistas perciban en este y otros detalles las aspiraciones del secretario de Estado de ser el candidato a la Casa Blanca en 2028, cuando Trump concluya su segundo mandato. Sin embargo, es imposible prever por qué candidato se decantará el actual presidente. En teoría, J.D. Vance sería el más trumpista, aunque no habría que olvidar que fue una sorpresa de última hora el que Trump le propusiera acompañarle en su candidatura.

Marco Rubio subrayó las virtudes de la civilización y la cultura occidentales, y alabó el legado de Europa

Elogio de Occidente

En Múnich, Rubio impartió una lección de historia al recordar la época de la Guerra Fría y cómo, tras la caída del muro de Berlín, se reunificaron el Oeste y el Este de Europa. A continuación, no dejó de encomiar las virtudes de la civilización y de la cultura occidentales, de las que Estados Unidos forma parte. Su reivindicación del legado de Europa llevó incluso a un elogio del Estado de derecho, las universidades y la revolución científica.

Estas menciones pueden resultar un tanto insólitas en un miembro de la Administración Trump, dadas las tensiones internas en la sociedad y la política estadounidenses. Pese a todo, Rubio siguió alabando el legado cultural europeo, con referencias expresas a Mozart y Beethoven; Dante y Shakespeare; Miguel Ángel y Leonardo; los Beatles y los Rolling Stones. Tampoco faltó la incursión estética en la grandeza del pasado, al rememorar los frescos de la Capilla Sixtina o las agujas de la catedral de Colonia. Rubio demostró la misma emotividad al referirse, en la historia de Estados Unidos, a personalidades escocesas e irlandesas, y a los colonos alemanes, franceses o españoles que contribuyeron al nacimiento y la expansión de su país. Por último, se mostró orgulloso de recordar su condición de descendiente de italianos y españoles que partieron hacia el Nuevo Mundo en el siglo XVIII.

Reproches a la globalización

Con todo, estas elogiosas referencias al pasado contrastan con los reproches por los errores que habrían cometido los países occidentales en el proceso de globalización. Rubio denunció como peligrosa ilusión haber creído que estábamos asistiendo al fin de la historia con el triunfo de la democracia liberal y la expansión de los vínculos creados por el comercio. Fue un error haber olvidado el interés nacional y fomentar un libre comercio sin restricciones que, entre otras cosas, llevó a la desindustrialización y al control de las cadenas de suministro por otras potencias. En opinión de Rubio, la globalización debilitó a Europa. Sin embargo, Estados Unidos, gracias a la Administración Trump, estaría reaccionando y abriendo camino para que Occidente, y en particular Europa, vuelva a ser fuerte.

Es muy probable que en este momento del discurso los líderes europeos presentes echaran de menos referencias concretas a la seguridad y la defensa e incluso alguno se preguntara qué es lo que Estados Unidos pretende defender. En este sentido, Marco Rubio subrayó que “los ejércitos no luchan por abstracciones, sino por un pueblo, una nación y una forma de vida”. Se diría que el secretario de Estado pretendía establecer un vínculo entre los militares y la defensa de la civilización occidental. Además, cabe preguntarse qué entiende el político por abstracciones, aunque muy probablemente quisiera dar a entender que lo contrario de las abstracciones es el interés nacional, que siempre aparece en primer lugar entre los objetivos de la Administración Trump. Pero no es menos cierto que siempre ha resultado complejo conciliar los intereses nacionales opuestos, algo que, tarde o temprano, contribuye a socavar las alianzas.

Pese a todo, Rubio insistió en que no es el objetivo ni el deseo de Estados Unidos romper el vínculo transatlántico, pese a que abunden los titulares de prensa que insisten en que su final está próximo. Por el contrario, aseguró que los estadounidenses quieren una Europa más fuerte y no debilitada, pues así “responderemos y disuadiremos a las fuerzas que hoy amenazan con hacer desaparecer la civilización, tanto en Europa como en América”. No hay un señalamiento explícito en el discurso a esas fuerzas, por lo que no se puede afirmar que se trate de otras potencias. Por eso, es muy probable que dichas fuerzas sean ideologías o corrientes de opinión, y no tanto una amenaza militar. Cabe añadir que serían fuerzas que contribuyen a la decadencia del mundo occidental, pues Marco Rubio afirmó que “nosotros los estadounidenses no tenemos ningún interés en ser los guardianes educados y ordenados del declive controlado de Occidente”.

Esta percepción de tipo cultural choca con la de la gran mayoría de países europeos, que ven una amenaza militar concreta en la Rusia de Putin tras la invasión de Ucrania. De hecho, en el turno de preguntas tras su intervención, el secretario de Estado se limitó a decir que no sabía si los rusos hablaban en serio cuando decían que querían poner fin a la guerra de Ucrania.

Reivindicación de Europa

El discurso de Marco Rubio contrasta con el del canciller Friedrich Merz, mucho más explícito en las cuestiones de seguridad y defensa, y que supuso una reivindicación de Europa, y en particular de Alemania, en la nueva era de las grandes potencias. Merz habló con cruda franqueza, sobre todo para recalcar que el viejo orden mundial ha desaparecido: “Este orden, por imperfecto que fuera en su apogeo, no existe en su forma original”. Merz hizo gala de un pragmatismo similar al del primer ministro canadiense, Mark Carney, en Davos, en el sentido de que Europa debe de contar con sus propias fuerzas y diversificar sus asociaciones con otros países. Se trata no de resignarse a la inevitabilidad de los hechos, sino de contribuir a moldear la realidad.

Merz defendió la existencia de un pilar europeo autónomo y fuerte dentro de la OTAN, y convertir al ejército alemán en el más poderoso de Europa

Sin embargo, Merz rechazó reacciones drásticas: “No me convence el llamamiento, a veces demasiado instintivo, de que Europa abandone pura y simplemente su relación con Estados Unidos”. Merz defendió la existencia de un pilar europeo autónomo y fuerte dentro de la OTAN, y convertir al ejército alemán en el más poderoso de Europa, aunque de hecho lo es desde hace tiempo. Es llamativo el despliegue de una brigada alemana de alrededor de 5.000 efectivos en Lituania como parte del compromiso de la OTAN en el Báltico.

Merz destacó en su intervención que la política de seguridad y la de competitividad van juntas en el mundo actual. En cambio, Marco mencionó a la OTAN como una exitosa alianza histórica, pero después solo hizo referencias genéricas al vínculo transatlántico. Por lo demás, el canciller alemán recordó los límites del poder de Estados Unidos al actuar unilateralmente. Esto puede evocar la fallida intervención estadounidense en Irak pese a contar con una coalición de países voluntarios. Es posible que en el pensamiento de Merz y otros líderes políticos exista la suspicacia de que la Administración Trump pueda algún día utilizar esta táctica con algunos aliados europeos, aunque esto contribuiría a socavar la OTAN y vaciarla de contenido.

Por otra parte, Merz señaló que Europa tiene que buscar socios en otros países, aunque los valores e intereses no sean siempre coincidentes, y mencionó expresamente a Canadá, Japón, la India, Brasil, Sudáfrica o los estados del Golfo.

Inquietud norteamericana sobre Alemania

Cabe señalar que este discurso de Friedrich Merz despertará en Estados Unidos alguna inquietud sobre Alemania. Un ejemplo es el artículo Europe’s Next Hegemon en Foreign Affairs (marzo-abril 2026), escrito por la politóloga Liana Fix. El artículo evoca el recuerdo de una Alemania expansionista en el siglo XX y expresa sus temores de que el partido AfD pueda llegar al poder con el consiguiente abandono de la OTAN y la UE, al tiempo que desata el revanchismo contra sus vecinos. Sin embargo, la articulista no parece tener en cuenta que el sistema electoral alemán no permite que un partido obtenga una mayoría dominante. Harían falta coaliciones que hoy por son impensables. Con todo, Fix señala que los destinos de Alemania y de Europa están entrelazados.

En definitiva, el discurso de Merz es más realista que el discurso civilizacional de Rubio. Ambos coinciden en no querer romper el vínculo transatlántico, aunque no están del todo de acuerdo en cuál sea la mejor forma de preservarlo.

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