Las exhortaciones de Estrasburgo

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Duración lectura: 1m. 57s.

Contrapunto

El Parlamento Europeo (PE), órgano con escasa capacidad legislativa, de vez en cuando recuerda al mundo su existencia produciendo resoluciones que no obligan a nadie. En la última “exige” a los Doce (cosa que en realidad no puede hacer) que “hagan saber muy claramente al presidente de la República Italiana que su gobierno deberá ser fiel a los valores fundamentales que han presidido, después de los horrores del fascismo y del nazismo [curiosamente, este inciso sólo figura en la versión italiana], la fundación de la Comunidad”. La resolución, promovida por el grupo socialista de la Cámara, quiere ser una advertencia contra la posibilidad -bastante segura, a causa de los resultados de las últimas elecciones italianas- de que entren en el próximo gobierno de Berlusconi algunos políticos de los llamados “neofascistas” de la Alleanza Nazionale.

El portavoz de los socialistas del PE, el francés Jean Pierre Cot, ha declarado que su grupo propondrá rechazar a la Comisión Europea si en ella llega a sentarse un comisario “neofascista”. Amenaza que, llegado el caso, difícilmente se cumplirá, a juzgar por el mínimo respaldo que ha recibido la resolución: fue aprobada por un solo voto de diferencia, mientras que se necesita mayoría de dos tercios para que el Parlamento censure a la Comisión.

La osada iniciativa del PE ha sentado mal en Italia. Como es natural: no resulta difícil imaginar cómo habría reaccionado Francia si en su día el PE hubiera aprobado una advertencia semejante contra la presencia de ministros comunistas en el primer gobierno de Mitterrand. El presidente italiano Scalfaro ha obtenido el aplauso general al recusar la injerencia de la Cámara y recordar que su país no necesita lecciones sobre los valores básicos de la Europa democrática. El presidente del PE, Egon Klepsch, ha reconocido el patinazo y prometido hacer que se anule la resolución. A la vez, se ha disculpado diciendo que, si él hubiera conocido el texto de la propuesta, no habría permitido que se votara. He aquí un indicio más para juzgar la seriedad con que han de tomarse las exhortaciones de Estrasburgo sobre el cambio climático, las parejas homosexuales y otros temas que a veces ocupan a los eurodiputados.

Rafael Serrano

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