Las elecciones parlamentarias en Hungría del 12 de abril de 2026 admiten a la vez una lectura interna y otra geopolítica. Pueden ser presentadas como la caída de un régimen autodefinido como una “democracia iliberal” o como una victoria de Europa frente a las injerencias de Trump o Putin, valedores del hasta ahora primer ministro Viktor Orbán.
Al ver la satisfacción de Bruselas o la contrariedad de las derechas populistas europeas por el resultado, podríamos estar tentados de asegurar categóricamente que una nueva era comienza en la política húngara. Sin embargo, Hungría es un país con una historia compleja. Una historia que ha influido en la campaña electoral y que seguirá influyendo en años sucesivos.
Hungría no es un país de Europa occid…
Contenido para suscriptores
Suscríbete a Aceprensa o inicia sesión para continuar leyendo el artículo.