Conferencia sobre el Futuro de Europa: una oportunidad para volver a ser comunidad

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Duración lectura: 7m. 11s.
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Bruselas.El próximo 9 de mayo arranca oficialmente la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Es una idea original de la Comisión Europea que quedó congelada al iniciarse la pandemia. Ahora, y en otro formato, la Conferencia se inaugura con la intención de que en los próximos dos años los ciudadanos europeos opinen sobre qué Europa quieren y qué desean cambiar.

Fue uno de los compromisos adquiridos por la Comisión que preside la alemana Ursula von der Leyen: hacer una Unión más participativa, que tenga más en cuenta las necesidades de la población que la integra. Pero para configurar la Europa del mañana, no vendría mal a los actuales líderes europeos echar, por unos momentos, la vista atrás.

El 18 de abril de 1950 se creó la CECA, la Comunidad Europa del Carbón y del Acero. Era un intento de gestionar de manera conjunta los recursos mineros que habían alimentado la industria de la Segunda Guerra Mundial. Años después, junto con el tratado de Roma y el Euratom en 1957, se crea la CEE, la Comunidad Económica Europea. Estos son, en resumen, los tratados llamados fundacionales de la actual Unión Europea: las semillas de la UE.

¿70 años después está la UE en una encrucijada? ¿En un momento de cambio o transformación, de crisis o de amenaza?

“Las crisis son oportunidades”

La crisis económica, la pandemia, el Brexit y, sobre todo, la decepción ciudadana por un proyecto que parece impotente ante los grandes retos, parecen demasiados palos en las ruedas de esta maquinaria política que marcó un antes y un después en la historia de Europa.

Con la Conferencia se pretende que los ciudadanos opinen sobre las cuestiones que les importan y afectan a su vida cotidiana

Si tomamos en consideración las palabras de uno de sus padres fundadores, Robert Schuman: “Las crisis son oportunidades”, podríamos verlas como un paso atrás, pero solo para coger fuerza y saltar hacia adelante. Con la intención de saber adónde lleva ese salto, la UE ha hecho un parón y ha lanzado una Conferencia sobre el Futuro de Europa, una especie de ágora virtual donde todos los ciudadanos europeos están llamados a dar su opinión sobre las cuestiones que les importan y afectan a su vida cotidiana. El objetivo, tal como explica la propia Comisión Europea, es ofrecer a los ciudadanos un papel más importante en la configuración de las políticas y ambiciones de la UE.

La Declaración Conjunta ofrece una lista no exhaustiva de posibles temas para la Conferencia, tales como la salud, el cambio climático, la justicia social, la transformación digital, el papel de la UE en el mundo y la manera de reforzar los procesos democráticos que rigen la UE.

La Conferencia está sometida a la autoridad de las tres instituciones que dirigen la iniciativa –la Comisión Europea, el Consejo de la Unión y el Parlamento Europeo–, representadas por sus presidentes. Pronto se creará un Comité Ejecutivo, que representará por igual a las tres instituciones y en el que los parlamentos nacionales tendrán estatuto de observadores. El Comité Ejecutivo supervisará los trabajos de la Conferencia y preparará sus reuniones plenarias.

A partir de ahora, en todos los Estados miembros, y a todos los niveles –nacional, regional y local–, se celebrarán actos que podrán ser reuniones físicas –si la pandemia lo permite– o virtuales, abiertas al público. Además, ya se ha creado la plataforma digital multilingüe donde ciudadanos podrán participar activamente.

Salto a lo desconocido

Sobre este asunto, Victoria Martín, periodista y autora del libro Europa. Un salto a lo desconocido (Encuentro), opina que la UE se plantea esta conferencia sin una agenda precisa, abierta a cambios en los tratados para incorporar nuevas competencias, o a nuevas formas de participación democrática. Su libro es una mirada sostenida hacia atrás, que explica a la perfección qué idea tuvieron los padres fundadores y nos hace intuir qué pensarían ahora si levantaran la cabeza.

La herencia de los padres fundadores es un principio “comunitario”, que consiste en anteponer el bien común al interés nacional

“Un salto a lo desconocido es la frase que utilizó Schuman para presentar su proyecto de Comunidad del Carbón y del Acero con su declaración del 9 de mayo de 1950 –explica Victoria Martín–, porque corresponde a cada generación decidir cómo seguir avanzando en la integración. Lo que los padres fundadores de la UE nos dejaron es el método, que es el método comunitario, que va más allá del denominador común, porque propone a los miembros pensar en el conjunto más allá de la suma de intereses individuales”.

Era un camino hacia un proyecto, prosigue la autora, que nació con el objetivo de anteponer el bien común al nacional. La meta era una unión que pretendía ir más allá de los tratados internacionales, porque el derecho a veto las paraliza, y ahí radicó el fracaso de la Sociedad de Naciones para evitar la II Guerra Mundial. Y el camino era un método “comunitario” como base fundamental para la paz y la solidaridad entre los miembros de la Comunidad.

Victoria Martín señala que fueron los filósofos personalistas, y sobre todo Jacques Maritain, quienes influyeron en la elección del nombre “Comunidad”. Estos filósofos proponen construir una sociedad en la que cada persona, con su dignidad absoluta y trascendente, pueda realizarse plenamente. Y para ello necesita de una comunidad. “Robert Schuman define la ‘comunidad’ usando las palabras de Santo Tomás de Aquino: tiene como objetivo el bien común. El bien de uno es el bien de todos, y viceversa”.

De la comunidad a la unión

Sin embargo, el Tratado de Maastricht (1992) introdujo por primera vez el nombre de Unión Europea, en paralelo al de las “comunidades”. Y el Tratado de Lisboa (2007), que es el que está ahora vigente, definitivamente clausuró la época de las “comunidades”, y ahora jurídicamente solo existe la Unión, aunque sigamos hablando de “Derecho comunitario” o de “ciudadanos comunitarios”.

Alain Lamassoure, presidente del Comité Científico de la Fundación Robert Schuman, y Pat Cox, expresidente del Parlamento Europeo y actual presidente de la Fundación Jean Monet reconocen que ese cambio de denominación fue un error.

A diferencia de la federación (como Estados Unidos), la comunidad es como una familia, explica Lamassoure: una familia de pueblos. Ninguno pierde su carácter propio en una familia.

Pero para retomar la vía “comunitaria”, de familia, y fortalecer la solidaridad entre europeos, una asignatura pendiente es enseñar la Historia europea.

Una de las razones de la reaparición en todas las democracias de los nacionalismos, la xenofobia, los populismos, la violencia… es el desconocimiento de la Historia y la falta de transmisión de valores, prosigue el presidente de la Fundación Jean Monnet.

“El sistema educativo debe ser reforzado y dotado con instrumentos para que en esta era de explosión digital e informativa, las nuevas generaciones puedan ser dotadas de capacidad crítica, de conciencia, para ayudarles a separar el grano de la paja, lo bueno de lo malo, lo efímero de los transcendente”. La Historia en este caso desempeña un papel fundamental, añade Cox.

Enseñar la Historia

En esto coincide también Victoria Martín: Schuman en 1962 entendía que lo más urgente era cambiar los libros de Historia, para contar una historia compartida, mucho más bonita. Podemos decir que los padres fundadores “no han imaginado el fin de la Historia”: han concebido un “método” para dejar a los demás que continúen con la obra y decidan sobre los retos que se presenten. Es un proyecto que no ha terminado, y quizá ahora la Conferencia sobre el Futuro de Europa deberá diseñar las líneas maestras.

Dice Lamassoure: “La construcción de Europa sigue adelante. Estamos construyendo una catedral, una construcción política, una obra colectiva”; por lo tanto, las generaciones futuras seguirán con la construcción.

La Conferencia sobre el Futuro de Europa podría ser la ocasión de aprovechar esta crisis actual, reconocida por todos los actores europeos, y transformarla en el salto hacia el bien común que soñaron los fundadores de las primeras comunidades.