Rian Johnson recupera algunos destellos del ingenio de la primera parte, pero acaba cayendo en un retrato demasiado agresivo y artificial de la religión.
El cantante inglés pasea por las calles de Manhattan durante una hora, mientras la cámara le graba en un solo plano secuencia. El resultado es entretenido, aunque no del todo natural.
Esta ficción de Netflix se ha convertido en una de las comedias románticas más populares por su atractivo reparto, y una combinación de humor y conflictos de madurez de la pareja protagonista.