Contrapunto
Últimamente solo se descalifican como sexistas actitudes o afirmaciones hechas por hombres. Pero si las dice una mujer parecen políticamente correctas. He aquí unas recientes declaraciones de una escritora de novelas policiacas, la estadounidense Donna Leon: “No sé por qué las mujeres somos mejores escribiendo novela policiaca, pero lo somos. Quizá nos atraen los crímenes porque a menudo somos las víctimas. Y como los editores lo consideraban un género menor, no tenían prejuicios contra las mujeres”. El encadenamiento de frases compendia el estándar de la cultura de la queja: las mujeres somos mejores (triunfalismo de género); somos víctimas (victimismo); no hay prejuicios en lo menor (pero sigue habiéndolos en lo mayor).
Más adelante reconoce que sus favoritas son Ruth Rendell y Frances Fyfield, mientras que sus maestros dorados son tres hombres: Ross MacDonald, Dashiell Hammet y Raymond Chandler (quizá los hombres eran mejores antes).
Sin remontarse a los clásicos, podría decirse que hoy día Henning Mankell o Boris Akunin también han descubierto el misterio del género. Pero si alguno de ellos dijera: “No sé por qué los hombres somos mejores escribiendo novela policiaca”, en seguida caería sobre él un detective para detenerlo por craso delito de sexismo.
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Una pista para no caer en estas trampas es evitar este tipo de explicaciones generales y de triunfalismo de género, que no tiene mucho sentido en boca de mujeres o de hombres. Ni Agatha Christie ni Patricia Highsmith necesitaron recurrir a él para escribir buenas novelas.
Juan Domínguez