Morir solo

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El aislamiento provocado por el coronavirus ha puesto de manifiesto lo doloroso que es morir solo. De forma más silenciosa esto ya sucede en la vida cotidiana de muchas sociedades: ancianos que fallecen en sus domicilios sin que nadie lo perciba.

En algunos países ha requerido políticas específicas. Ante el problema de los hospitales que no pueden comunicar a nadie el fallecimiento de una persona, como en Suecia, donde el 10% de los difuntos no tienen funeral porque no hay nadie que acuda, por ejemplo. O en Japón, donde existe todo un sector de servicios alrededor de las 30.000 personas que fallecen solas al año.

Eric Gandini dirigió La teoría sueca de la felicidad, un documental sobre las consecuencias de un modelo de Estado (el sueco) que aboga por la autonomía del individuo en todas sus fases vitales. En una entrevista, explica cómo la vida cómoda ha acabado atrofiando el sentido de dependencia que nos impulsa a relacionarnos con los demás y conduce a una vejez solitaria. “¿Y si no entiendes la tecnología que organiza eventos? ¿Y si estás enfermo o deprimido, o no tienes energía para salir? Necesitas entonces una red de personas a tu alrededor, y si no la has desarrollado, tienes un problema”, afirma.

Donde el Estado apoya el individualismo, quizás tienes un formulario para rellenar, pero no un hombro en el que llorar. “Te apoyas en el sistema; pero no es interpersonal, ni cálido, ni cariñoso”.

En un artículo reciente, T.L. Andrews describe la situación en que se encuentra una persona soltera en la treintena, como él. Algunos elementos del matrimonio (sexo, hijos, patrimonio) se han externalizado de varias maneras. “Sin embargo, todavía no hemos resuelto cómo reemplazar la parte de los votos ‘en la enfermedad’; o, en caso extremo, la cláusula ‘hasta la muerte’”.

Su reflexión le lleva a la conclusión de que “el matrimonio (o cualquier relación estable) ofrece al menos una comunidad predeterminada de dos. En tiempos de crisis, una pareja tendría que elegir activamente renunciar al papel de cuidador, mientras que una sola persona en riesgo requiere que sus amigos opten por asumir su dolor. Mi generación necesita pensar mucho sobre esto”. 

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