Las revoluciones de Túnez y Egipto han vuelto a revelar uno de los problemas más acuciantes del continente africano: muchos jefes de Estado tienen la desagradable manía de intentar perpetuarse en el poder, con elecciones o sin ellas.
A fin de evitar que el desempleo juvenil en una época de crisis deje cicatrices, algunos países han diseñado políticas activas para estimular el paso de la escuela al trabajo.
La acostumbrada insatisfacción de la juventud suele ir unida a la rebeldía. Pero el estudio de la Fundación SM sobre los jóvenes españoles de hoy los retrata como pesimistas, apáticos y desconfiados, al menos en sus opiniones.