Una “intervención temprana” que llegaría tarde

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Duración lectura: 3m. 39s.

Contrapunto

Aunque el regreso de las vacaciones ha acabado siendo tormentoso para Tony Blair, el “premier” británico quiso iniciar el curso político adelantándose a tomar la iniciativa con un nuevo plan contra la marginación social. La propuesta, tras las primeras reacciones, quedó en segundo plano al alzarse el clamor de voces, aun laboristas, que demandan al primer ministro que se ponga él mismo fecha de caducidad. Sin embargo, los argumentos de Blair merecen atención.

Ya antes el gobierno laborista había atacado la exclusión y los comportamientos antisociales con una estrategia que incluía medidas duras, como poner bajo vigilancia a los autores de delitos sexuales que salen de la cárcel o limitar la libertad de movimientos a los miembros de bandas juveniles o adolescentes problemáticos en general. Los frutos han sido modestos. Ahora la idea es prevenir: centrar los esfuerzos en las situaciones que son caldo de cultivo de problemas antes de que aparezcan los problemas, con la “intervención temprana” de las instituciones sociales. La acción preventiva, asegura Blair, es posible porque el Estado dispone de abundante información estadística que permite pronosticar de dónde saldrán los males.

Por ejemplo, en Gran Bretaña no más de uno entre 200 niños ha estado confiado a instituciones públicas por abandono o malos tratos; pero uno de cada cuatro presos estuvo, de niño, en esa situación. Las madres adolescentes son un grupo muy expuesto al fracaso escolar y a la pobreza; pues bien, las hijas de madres adolescentes acaban siéndolo ellas mismas en proporción doble que las demás chicas. Los delincuentes son una minoría de la población, pero la mayoría (65%) de los hijos de padres condenados a prisión acaban cometiendo delitos. Etcétera. “Las predicciones nunca serán perfectas -explica Blair-. Pero la combinación de mediciones de riesgo y sistemas de protección significa que ahora podemos razonablemente esperar que identificaremos los problemas en una etapa muy temprana”.

Datos semejantes a los que aporta Blair se podrían aducir de muchos otros países. De ellos se infiere un diagnóstico, bien conocido por otra parte: en las naciones desarrolladas la pobreza y la marginación no tienen ya raíces principalmente económicas o de clase, a diferencia de los tiempos del proletariado urbano; hoy el origen está sobre todo en la desintegración familiar. Hace veinte años largos lo advirtió Michael Novak con respecto a Estados Unidos en un estudio publicado en “The Human Life Review” (2º trimestre 1984). El grupo de pobres más numeroso en aquel país había pasado a ser el de las familias monoparentales (del 23% en 1959 al 48% en 1982). Lo mismo ha ocurrido en la Unión Europea, como hace dos años mostraba un informe de Eurostat (ver Aceprensa 124/04): el colectivo con más riesgo de pobreza (35%) son los hogares con un solo padre, seguidos de las personas solas (29-32%, según la edad).

El fenómeno no es difícil de explicar. El Estado Providencia proporciona una red de seguridad para que los necesitados no caigan en la miseria; pero no evita que se perpetúen la pobreza y la marginación porque es poco eficaz contra el debilitamiento de la familia que tiende a generarlas. A veces la acción estatal es incluso contraproducente. Por ejemplo, en Gran Bretaña recibe mucha más ayuda una madre soltera que una madre casada (ver Aceprensa 90/06). Se dirá que la primera está más necesitada; pero ahí se ve el típico error repetido en otros países: reducir la política familiar a política social. Si la asistencia a las madres se concentra en los casos de necesidad, el déficit de política familiar contribuye a multiplicarlos.

La “intervención temprana” que quiere Blair llegará cuando ya haya un padre en la cárcel, una madre soltera, un niño acogido en una institución. Eso no basta. Es más necesario fomentar que los adolescentes practiquen la continencia, que los jóvenes se casen, que no sea tan fácil ni rápido divorciarse, que un matrimonio pueda tener hijos sin que eso suponga el agotamiento de los recursos físicos, psíquicos y económicos. Entonces sí se llegaría a tiempo.

Rafael Serrano