Tenga el dinero para cuidar al niño y gástelo como quiera

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Duración lectura: 3m. 26s.

A comienzos de este año Austria inició la puesta en marcha de una prestación para el cuidado de los hijos, que supone un cambio de planteamiento en relación con el esquema de ayudas que se utilizaba hasta ahora. El vale o bono, conocido por la abreviatura KBG (Kinderbetreuungsgeld), permite, por primera vez, que los padres decidan libremente el destino de los fondos, de acuerdo con sus propios intereses. Esta ayuda -constituida por tres elementos- sustituye principalmente a la prestación por permiso parental y no está condicionada por criterios externos -como el trabajo o el nivel de ingresos de los padres-, sino que es para todos los niños.

Una de las principales ventajas del nuevo sistema de ayuda es la recepción directa de un subsidio mensual -436 euros- hasta que el niño alcanza la edad de cuatro años. Los padres pueden destinar la cantidad a contratar a un cuidador externo o bien aplicarla globalmente a la economía familiar, como un modo de reducir los costes de oportunidad que la dedicación a cualquier hijo representa. Al dirigir la ayuda directamente a los padres se potencia también la libertad de elección de servicios de guardería, que a su vez dejan de recibir financiación indiscriminada del Estado.

Además del subsidio mensual, el sistema austriaco prevé cubrir la seguridad social individual de un cuidador -padre o madre-, lo que incluye las aportaciones a la jubilación y a los seguros de enfermedad y accidentes. Esta ventaja se percibe independientemente de las prestaciones por desempleo a las que el beneficiario pueda tener derecho. A diferencia del sistema anterior, el nuevo no obliga a que la madre/padre deje su empleo para cuidar al niño.

El tercer elemento del sistema de ayuda se activa cuando el niño alcanza los cuatro años y finaliza a los seis. Durante ese período, cada familia tiene derecho a percibir un vale, que se debe aplicar al pago de un servicio externo de custodia de niños, pero que no podrá cambiarse por dinero. Esto pretende sacar el máximo rendimiento a la financiación pública y tiene la ventaja de que la familia es más consciente de los costes de la educación infantil.

La solución ahora aplicada por Austria se concibe como una especie de contrato entre tres generaciones -jubilados, población activa y niños-, con el que se pretende favorecer a la parte más necesitada de protección, es decir, a los niños. Otros expertos subrayan la función reequilibradora del bono, pues consideran que las madres se han ocupado hasta ahora de un trabajo no remunerado, como es el de criar a los hijos, que beneficia a toda la sociedad y por el que merecen una compensación y la correspondiente seguridad social.

Pero no todas las opiniones son favorables al nuevo esquema de ayudas. La primera de las desventajas que se achacan al KBG se refiere a su alto coste para los presupuestos públicos. El Instituto Austriaco de Estudios Familiares (ÖIF) demostró, sin embargo, a mediados de los 90, que la financiación dedicada a niños de entre 2 y 4 años era casi cuatro veces inferior a la de la etapa comprendida entre cero y dos años, por lo que en realidad el nuevo sistema vendría a resolver un déficit ya existente. Otros detractores del bono consideran que, al favorecer la libre elección de los padres y otorgar la posibilidad de cuidar a los niños en el propio hogar, se podría estar rebajando la profesionalidad en esas tareas.

Ya sea por facilitar la libre elección de los padres o bien como un medio de adaptar las partidas públicas destinadas a los servicios infantiles a la disminución de la natalidad, el esquema aplicado por Austria empieza a seguirse también en otras partes. Desde enero, en la ciudad alemana de Hamburgo la ayuda preescolar se ha convertido también en un bono -Kita-Card-, que los padres utilizan como desean.

M. Angeles Burguera