Registro de parejas

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Duración lectura: 1m. 48s.

Contrapunto

La iniciativa del alcalde de Vitoria de crear un registro municipal de uniones extramatrimoniales y homosexuales ha obtenido un gran eco en la opinión pública. José Ángel Cuerda tiene motivos para mostrarse satisfecho, ya que, según declara, “lo importante es que hemos zarandeado la sociedad”. Al margen del valor simbólico, los efectos prácticos del asunto son mucho más inciertos. Pues la eficacia a efectos de prueba en procesos judiciales o reclamaciones dependerá del valor que los tribunales y los organismos interesados atribuyan a tan insólito registro, que pretende enmendar la plana al Registro Civil.

Aun sin entrar en el fondo del asunto, parece bastante evidente que la pretensión de igualar a efectos jurídicos a las parejas de hecho y a las de derecho no entra dentro de las competencias del poder municipal, por muy autónomo que sea. Pero el alcalde de Vitoria procede con la desenvoltura de todos los que se consideran heraldos de tiempos nuevos. Con tono profético ha dicho que “el decreto es una norma transgresora que irrumpe en la moral establecida para avanzar en la humanización de esa moral”.

Pues con la misma intrepidez podría crear un registro de empresas de hecho, para sacar a tantas uniones económicas de su actual clandestinidad. Como todos sabemos, una parte no despreciable de la actividad económica es hoy economía sumergida. Bien sea por no reunir las condiciones que exige el Registro Mercantil, por incompatibilidad con Hacienda o por huir de la complejidad burocrática, no pocos prefieren prestar sus servicios sin papeles. Lo cual tiene evidentes ventajas, ciertamente, pero les hace resultar discriminados a la hora de pedir subvenciones o de reclamar lo que les deben ante los tribunales. Un registro de empresas de hecho podría resolver esta flagrante discriminación. Esta innovación transgresora irrumpiría en la moral establecida que se obstina en imponer a todos los empresarios los mismos valores sin respetar sus peculiares inclinaciones. Eso sí, la inscripción en el registro no eximiría de pagar los impuestos municipales. Con las cosas serias no se juega.

Ignacio Aréchaga

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