Maternidad y empleo en España


Casi la mitad de las españolas entre los 30 y 44 años afirma que tener un hijo ha alterado significativamente su vida laboral, obligándola a una reducción de jornada o al abandono temporal o definitivo del trabajo, según una encuesta realizada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Pero la existencia de hijos no explica por sí sola la dificultad de conciliación entre trabajo y familia. En España, una baja tasa de empleo femenino (53,2%) va unida a una débil fecundidad (1,34 hijos por mujer), mientras que los países europeos con mayor fecundidad tienen también una tasa de actividad laboral femenina superior a la de España.

La encuesta sobre Fecundidad y Valores en la España del siglo XXI se ha realizado con entrevistas a 9.767 mujeres (800 de ellas inmigrantes). El informe, presentado por la demógrafa Margarita Delgado, del CSIC, dice basarse en la mayor muestra de mujeres usada hasta la fecha.

Entre las mujeres profesionalmente activas que han tenido hijos, el 28% asegura que se vio obligada a reducir su actividad; otro 28% afirma que tuvo que interrumpir su trabajo al menos durante un año; el 21% cree que la maternidad limitó sus oportunidades de promoción en el trabajo; un 8,2% sostiene que por ser madre sufrió discriminación laboral, y el 16,8% manifiesta que dejó definitivamente de trabajar por su maternidad.

Que la maternidad sea una dificultad para la vida laboral no es un descubrimiento, como también lo es para la vida deportiva, para viajar o para ir al cine por la noche. Otra cosa es que haya que organizar la vida laboral teniendo en cuenta que muchas mujeres tienen hijos.

Pero la baja fecundidad española no parece deberse solo a la dificultad de conciliar trabajo y familia. Ya tras la boda, el 25% de las mujeres se convierten en amas de casa, porcentaje curiosamente superior al de aquellas que en los años 60 decidieron dedicarse al hogar (22,7%).

Después de tener un hijo, abandonan definitivamente el empleo un 14,5% de las que tienen entre 30 y 34 años.

Todo esto contribuye a que la tasa de empleo femenino (53,2%) sea una de las más bajas de la Unión Europea (la media es el 57,3%), según datos publicados por Eurostat con motivo de la pasada Jornada Internacional de la Mujer. En la UE, países que tienen una alta fecundidad registran también las mayores tasas de actividad femenina; y en los que menos mujeres trabajan fuera de casa, también el número de hijos por mujer tiende a estar entre los más bajos.

Un factor peculiar de España, que puede incidir en la baja natalidad, es que el 37% de las trabajadoras tienen un contrato temporal, cuando la media en la UE es del 15,5%. En esto no hay gran diferencia con los hombres, pues el 32,2% de los varones españoles están en la misma situación. Y no es raro que en una familia joven ambos cónyuges tengan un contrato temporal, lo cual influirá en sus decisiones de natalidad.

Menos hijos de los deseados

Esta encuesta, como otras anteriores, muestra que hay una demanda insatisfecha de natalidad. Las mujeres encuestadas tienen una media real de 1,6 hijos, aunque si se les pregunta por los hijos que desearían tener la media sube a 2,5.

El retraso en la edad del matrimonio y en la de la primera maternidad favorece una natalidad inferior a la deseada. Mientras que las mujeres nacidas durante los años 60 se casaron a los 23 años, la generación que ahora supera los 30 años retrasó el matrimonio hasta los 29. Esta tendencia es más acusada entre las mujeres con estudios superiores, que se casan con una media de 31 años.

El primer hijo también llega más tarde que antes. Las que ahora tienen 50 años lo tuvieron a los 25; ahora la media es a los 30, y en las de estudios superiores, a los 33,5.

La mayor diferencia entre las generaciones se aprecia en la convivencia en pareja al margen del matrimonio. El 90% de las mujeres mayores de 45 años no comenzó a convivir en pareja hasta que contrajo matrimonio. El porcentaje baja al 60% en el caso de las mujeres de 30-34 años, y desciende por debajo del 40% para las de 25-29 años.

El 64% de las encuestadas (cerca del 80% entre las menores de 30 años) cree que el modelo ideal de convivencia familiar es aquel en el que ambos cónyuges tienen un trabajo de similar dedicación y se reparten por igual el cuidado de los hijos y las tareas de la casa. Pero solo el 47% dice que vive en una familia de esas características.

Diferencias de empleo según los hijos

Las dificultades para conciliar trabajo y familia se advierten en las diferencias de tasas de empleo femenino, según sea el número de hijos. Este es uno de los indicadores recogidos en el informe de la OCDE “Society at a Glance”, edición de 2006, con datos correspondientes a 2003.

Como media, en los países de la OCDE, la diferencia en las tasas de empleo entre las mujeres sin hijos y las que tienen un hijo es de cuatro puntos, y con las que tienen dos o más hijos la diferencia sube a 13 puntos. En España, las diferencias son menores: menos de 2 puntos y menos de 9 puntos, respectivamente.

También hay que tener en cuenta la influencia en la natalidad de las ayudas a las familias. El gasto público en prestaciones familiares (en efectivo, servicios y beneficios fiscales) como porcentaje del PIB en 2003, era casi el 4% en Dinamarca, más del 3,5% en Francia y Suecia, un 3% en Alemania, y no llegaba al 2% en España, mientras que la media de la OCDE era un 2,5%.

Puestos a conciliar, también habrá que acompasar el crecimiento económico y el gasto social dedicado a las familias.

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