Los niños, principales víctimas en las tragedias de Myanmar y China

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Duración lectura: 4m. 54s.

En las tragedias que en estas semanas han sacudido el continente asiático los niños han llevado la peor parte. Víctimas y muchos huérfanos en Myanmar. Guarderías convertidas en polvo y hogares sin niños en Sichuan. Familias chinas que, conforme a la imposición oficial, tenían un solo hijo en el que habían puesto toda su ilusión, se encuentran desconsoladas.

Algunas ONG sostienen que cerca del 40% de las víctimas causadas por el tifón Nargis en Myanmar son menores. Pese a la inicial resistencia de la Junta Militar que gobierna la antigua Birmania, las organizaciones internacionales entraron finalmente en la región para ayudar en la difícil reconstrucción del país. Pocos días después, comienzan a llegar valoraciones de quienes, sobre el terreno, han podido evaluar la tragedia con una cierta objetividad.

Nuevos peligros para los huérfanos

Una de las más inquietantes reflexiones es la que hace la ONG Asian Tribal Ministries, que solo tres semanas después del tifón afirma haber rescatado ya a una docena de huérfanos de las garras de los traficantes de niños. Algunos medios estiman que la tragedia ha dejado al menos 2.000 huérfanos. Aún lloran a sus padres y ya les acosa una nueva amenaza: el secuestro por adultos que, empujados por el hambre, los venden a los traficantes. En el horizonte, el tenebroso panorama de la prostitución en Tailandia.

Además, la responsable de protección infantil de Unicef en Birmania, Anne-Claire Dufay, ha alertado también sobre el riesgo que corren los huérfanos del Nargis. Aunque el organismo de la ONU es partidario de que el gobierno birmano facilite la acogida temporal de esos niños en familias de su entorno, de momento la Junta piensa más bien en otra solución: construir orfanatos en Labutta y Pyapon, dos de las zonas más afectadas del delta del Irauadi. ¿Diferentes puntos de vista ante un problema? No es solo eso.

Hace pocos meses, Human Rigths Watch publicaba el inquietante informe Sold to Be Soldiers: The Recruitment and Use of Child Soldiers in Burma, en el que se mostraba cómo, para resolver su crisis de personal militar, el gobierno birmano estaba alistando de manera forzosa a muchos menores, algunos de tan sólo 10 años de edad. Con estos datos, no es difícil prever que el alojamiento de los huérfanos del Nargis en orfanatos financiados por la Junta Militar convierta a los niños en fácil presa de un futuro reclutamiento forzoso.

China: del dolor a la indignación

En China, junto a los ataúdes blancos se echan en falta a los hermanos. Y es que el terremoto, unido a la política del hijo único implantada hace décadas por el gobierno chino, ha vaciado de niños los hogares en algunas regiones. Es el caso de Beichuan, en la provincia suroccidental de Sichuan, donde se localizó el epicentro del terremoto. Allí, cerca de un millar de niños y adolescentes perecieron bajo los escombros de escuelas y guarderías.

Conforme avanzan los días, el dolor de las familias viene cada vez más acompañado de una fuerte indignación. En la zona afectada se derrumbaron 9.600 colegios, y esto ha hecho saltar la alarma sobre la mala calidad de los materiales de construcción. En el punto de mira, la corrupción reinante entre las autoridades locales, que hace crecer aún más el coraje de los padres, muchos de los cuales han perdido al único hijo que tenían.

“Miren todos los edificios de alrededor. Tenían la misma altura, pero ¿por qué se derrumbó la escuela?”, pregunta un superviviente en Juyuan a un periodista extranjero. Es una pregunta retórica a la que añade una respuesta directa: “porque los contratistas desean ampliar sus ganancias a costa de nuestros niños”.

De la escuela primaria de Xianjian, en Dujiangyan, solo quedó un montón de escombros que sepultaron a trescientos niños. “Trescientos niños que no deberían haber muerto”, afirma Kit Miyamoto, jefe de la empresa de ingeniería Miyamoto International, especializada en construcciones antisísmicas. “La forma de construir y el control de calidad, todo fracasó”, concluye. Una madre en esa misma localidad le soltó a bocajarro a un reportero de The Guardian: “Los funcionarios chinos son demasiado corruptos… Tienen dinero para pagar a prostitutas y concubinas, pero no tienen dinero para nuestros niños”.

Según titula International Herald Tribune, en los últimos días “el dolor se convierte en furia” entre los familiares de los niños muertos. Un clamor que exige respuestas por parte de las autoridades. Pese a los intentos del gobierno por centrar la atención informativa sobre el comportamiento heroico de los servicios de rescate y del ejército, el clamor popular y también la atención de los medios occidentales se centra cada vez más en la corrupción política.

Ante la gravedad y la extensión de las protestas, el cerrojo informativo ha empezado a funcionar en China y, según el Herald Tribune, censores del gobierno han empezado a bloquear la presentación de informes técnicos a los medios de comunicación. Sin embargo, la revista empresarial Caijing (28-05-2008) pide en su último número que el gobierno acelere las investigaciones sobre la construcción de escuelas defectuosas: “¿Por qué son tantos los edificios escolares mal construidos que se derrumbaron en el terremoto? -se preguntaban los responsables de la revista-. ¿Por qué China no tiene una red de emergencias más sistemática y coordinada? ¿Por qué la nación no ha abierto antes las puertas a equipos internacionales de socorro? ¿Cómo pueden minimizarse en el futuro las consecuencias de estas calamidades?”.