España: la natalidad reprimida

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La tasa de fecundidad en España, ligeramente por encima de 1,2 hijos por mujer, es la más baja de Europa y quizá del mundo, después de la de Italia. Así que celebrar un Congreso de Familias Numerosas, como se ha hecho a principios de mes en Madrid (cfr. servicio 64/98), puede parecer una iniciativa audaz. Reclamar ayudas estatales para los matrimonios con más de dos hijos (apenas el 18% entre los que, por su antigüedad, pueden tener hijos menores de 18 años), como hicieron los congresistas, podría interpretarse como una reivindicación “de grupo”.

Sin embargo, tal cosa es justamente lo que pide la mayor parte de los españoles para esas familias, como muestra una encuesta recién publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Resulta que el rápido descenso de la fecundidad (la tasa era de 2,5 hace veinte años) no es del todo voluntario. La mayoría de la gente lo considera negativo, cree que las parejas tienen menos hijos de los que desearían y lo atribuye a problemas económicos.

A los entrevistados, todos mayores de 18 años, se preguntó sobre hechos y opiniones, y es interesante comparar unos y otras. Hay, además, curiosos contrastes con diversos tópicos que circulan sobre parejas de hecho, políticas familiares o hijos no deseados.

Para la mayoría (67,2%) de los encuestados, el descenso de la fecundidad en España es malo; sólo el 12,5% lo consideran bueno. De ahí las respuestas sobre medidas para fomentar la natalidad. La vox populi coincide con las constantes reclamaciones de las organizaciones familiares. En efecto, la gente pide, por este orden: subsidios a las familias con más de dos hijos, mayores deducciones fiscales por hijos, promover empleos de dedicación parcial para las madres, poner más guarderías en los centros de trabajo y ampliar los permisos por maternidad.

Es digna de notar la diferencia de votos entre los subsidios (41,7%) o las deducciones (24,4%) y las guarderías (5,7%). Los planificadores suelen pensar en estas en primer lugar; pero las organizaciones familiares alegan que sólo favorecen a las familias de dos sueldos y pueden empujar a muchas a empleos no deseados. La encuesta del CIS manifiesta que también el público prefiere medidas que dan más libertad a las familias para organizarse como quieran.

En cuanto a los hijos deseados, la mayor parte (47,2%) piensa que las familias, en general, tienen menos de los que quisieran; sólo el 6,5% cree que tienen más. ¿Por qué tienen menos? Los motivos más citados son los económicos (80,4%), seguidos de la carga que suponen los hijos (25,2%), el trabajo de la mujer fuera del hogar (23,7%), el pesimismo ante el futuro (20,4%) y el retraso en tener el primer niño (5,9%).

Esas son opiniones sobre los españoles en general. Ahora veamos qué dicen los encuestados de sí mismos. De los que tienen hijos, sólo el 4,2% habrían preferido tener menos; el 74% están satisfechos con el número de hijos que tienen, y el 21,7% querrían tener más.

Influencia de los motivos económicos

Los motivos de los que no tienen hijos o no tienen más figuran en la tabla. Se observan algunas diferencias entre las razones que los encuestados atribuyen a los demás y las que aducen para sí mismos. Los motivos económicos sólo se dan en proporción importante entre los que ya tienen algún hijo. La carga que suponen los hijos, considerada la segunda más importante en general, es poco citada para explicar la propia conducta. Los que no quieren tener hijos o no quisieron en su momento tener más son relativamente pocos, sobre todo entre los que tienen alguno. Los motivos totalmente involuntarios y la intención de tener hijos más adelante (las dos primeras filas de la tabla) son las respuestas dadas por la mayoría de los encuestados sin hijos (63,8%) y por la segunda mayor parte de los que tienen alguno (30,1%). Curiosamente, no aparecen las dificultades para conciliar trabajo y familia, que deben de estar entre las “otras razones”.

Entre el número de hijos considerado ideal (2,34 de media) y el real no es fácil hacer comparaciones. La media de hijos de los encuestados es 1,72, pero el denominador incluye personas que no tienen hijos por ser jóvenes. Si se excluye a los menores de 25 años, resulta una media de dos hijos, también inferior al número ideal.

En cualquier caso, se ve que los hijos no deseados son muy pocos. Mucho más común es que las familias tengan menos hijos que los que quisieran. Se quejan de dificultades económicas y de otros tipos, y piden apoyo del Estado para superarlas. Una política para fomentar la natalidad no “impondría” nada a los padres: al contrario, facilitaría la realización de un deseo insatisfecho de tener hijos. Así pues, cualquier político atento a la voz popular promoverá medidas de ese tipo.

En cambio, no necesitará preocuparse tanto de regular las parejas de hecho, fenómeno de escasa relevancia social. Lo que la mayoría quiere es el matrimonio: el 52,2% lo consideran importante para la sociedad, y el 41,7%, poco importante. Pero si se pregunta por la importancia del matrimonio para el mismo encuestado; el 78% contestan afirmativamente y sólo el 21,3% opina lo contrario. La realidad no es incongruente con estas opiniones. El 82% de los que se han casado alguna vez (71% de la muestra) viven con el cónyuge, y el 4,5% están separados o divorciados. Cohabitan el 4,2% del total de encuestados, viven con hijos y sin pareja el 4,8% y están solos el 7,7%.

Preferencia por el matrimonio

Con independencia de la situación personal, la fórmula preferida para vivir en pareja es el matrimonio por la Iglesia (53,7%), seguida del matrimonio civil (9,3%). Pocos consideran mejor la convivencia “a prueba”, seguida de boda en la Iglesia (8,9%) o en el juzgado (8,4%). Sólo el 11,3% se inclinan por la simple cohabitación, aunque la mayoría de ellos no la ponen en práctica, al menos de momento.

Una causa importante del descenso de la fecundidad es el retraso del matrimonio, favorecido por la prolongación de los estudios y por la dificultad para conseguir empleo o vivienda. A juicio de los encuestados, la edad ideal para casarse es 27,7 años para los hombres y 25,6 años para las mujeres. Sin embargo, los solteros no piensan casarse hasta los 28,8 años de media: es decir, más tarde que los ya casados -que contrajeron matrimonio, por término medio, a los 25 años- y también que quienes se casan ahora, pues la edad media de contraer el primer matrimonio es en España de 28,4 años para los varones y de 25,9 años para las mujeres. Por tanto, facilitar la boda a los jóvenes sería otro capítulo importante de una política familiar.

Rafael Serrano

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