Deseos y conductas en las leyes matrimoniales

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Frente a los que dicen en EE.UU. que las leyes discriminan a los homosexuales por no reconocer el matrimonio gay u otras reivindicaciones, Frank Turek señala en townhall.com (4-02-2010) que el punto débil de estas argumentaciones es que no distinguen entre deseos y conductas.

Tener determinados deseos sexuales -tanto si uno ha nacido con ellos como si los ha adquirido a lo largo de la vida- no significa que uno esté siendo discriminado si la ley no permite la conducta que uno desea.

Por ejemplo, en el matrimonio. A pesar de las quejas de los activistas homosexuales, todos los americanos tienen el mismo derecho al matrimonio. Todos jugamos con las mismas reglas: todos tenemos el mismo derecho a casarnos con cualquier adulto no consanguíneo del sexo opuesto. Esas reglas no niegan a nadie “la misma protección de la ley” porque los requisitos para casarse se aplican igualmente a todos, cada persona adulta tiene el mismo derecho a casarse.

¿Pero qué pasa con la gente que tiene deseos homosexuales? Cuando se plantea así, se ve el fallo. Si los deseos sexuales son por sí solos el criterio para cambiar nuestras leyes sobre el matrimonio (o sobre la milicia) para dar a la gente “iguales derechos”, ¿por qué no cambiarlas para incluir también la poligamia? ¿Y qué pasa con aquellos que pueden desear a un familiar? Con la lógica de los derechos del activismo gay, esta gente no tiene “iguales derechos” porque nuestro derecho matrimonial no permite el incesto. Y los bisexuales no tienen “iguales derechos”, porque las leyes no permiten casarse con un hombre y una mujer.

(…) La clásica comparación sobre la raza y los matrimonios interraciales tampoco es aplicable aquí. La conducta sexual es siempre una elección, la raza no. Puedes encontrar no pocos ex homosexuales, pero nunca encontrarás un ex afroamericano. (…) La raza es irrelevante para el matrimonio, mientras que el sexo es esencial. Las parejas interraciales pueden engendrar y criar a la próxima generación (fin primordial del matrimonio desde el punto de vista social), pero las parejas homosexuales no.

(…) La realidad es que nuestras leyes sobre el matrimonio o sobre el ejército no discriminan a personas “por lo que son”, sino que discriminan sus conductas.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares