Nuevas fórmulas para aumentar los recursos de las universidades

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Demasiados estudiantes y financiación insuficiente es el denominador común de los problemas de las universidades de muchos países. El escaso éxito de las iniciativas ensayadas otros años ha provocado que prácticamente cada curso académico los gobiernos introduzcan novedades. En Holanda, la financiación estatal de la universidad dependerá en parte del número de estudiantes que terminen la carrera; en Gran Bretaña, la universidad dejará de ser gratuita a partir de 1998; y en Estados Unidos las tasas universitarias siguen su camino ascendente.

En Holanda -informa Carmen Montón- la financiación de la universidad por parte del Estado pasará a depender del número de estudiantes que terminen la carrera, en lugar del número de estudiantes matriculados como ocurría hasta ahora. Esta medida no afectará a los estudiantes del primer ciclo (1º y 2º cursos), para poder mantener el carácter orientador y de selectividad que tienen estos dos primeros años. En cambio, a partir de 3º de carrera la financiación estatal dependerá de la capacidad de la Universidad para llevar a sus alumnos al término de los estudios.

Con este criterio, el gobierno holandés no sólo trata de aplicar una medida de austeridad, sino de eficacia, pues hasta ahora, uno de cada tres estudiantes abandona los estudios. Esta medida está en la misma línea de la beca de rendimiento académico, introducida el año pasado: el alumno recibe una cantidad mensual que se convierte en préstamo si el estudiante no termina los estudios en los cuatro años previstos (ver servicio 128/96).

En cuanto al dinero reservado para la investigación, de los 2.500 millones de florines que el gobierno proporciona a la universidad, se destinarán 500 millones a una institución llamada NWO (Nederlands Organisatie voor Wetenschappelijk Onderzoek). La universidad recuperará este dinero según la calidad e interés social de los proyectos de investigación que presente.

El Ministro de Educación quiere también publicar una clasificación de las universidades indicando el motivo de su puesto en la lista, de modo que el futuro estudiante cuente con más elementos de juicio para elegir: por ejemplo, si una determinada facultad ofrece mejores prácticas para los alumnos o si en otra hay más posibilidades de investigación. Un organismo independiente se encargaría de evaluarlas.

Por último, continúan los esfuerzos del gobierno y de las Escuelas técnicas para atraer a buenos estudiantes a las carreras de ciencias (ver servicio 83/97). El Ministerio de Educación destinará 10 millones de florines hasta el año 2001 con el fin de que se actualicen y se amplíen los programas de esos estudios. Asimismo, las empresas prometen mejorar los salarios de los nuevos licenciados y las universidades se comprometen a mejorar el rendimiento académico.

En Estados Unidos, la matrícula universitaria ha subido un 5% respecto del curso pasado, el triple de la inflación de este año. De manera que el coste total de un curso académico (matrícula y estancia) se sitúa en más de 10.000 dólares en la universidad pública y en torno a los 21.400 dólares en la privada. El coste medio de la educación universitaria se ha duplicado desde 1976.

La novedad anunciada por el gobierno británico es que a partir del curso 98/99 los estudiantes deberán pagar 1.000 libras de matrícula. Un tercio de los estudiantes no pagará nada, por tener ingresos familiares bajos, y algo más de un tercio pagará sólo una parte.

También cambia el sistema de devolución de préstamos para estudiantes. Los becarios deberán empezar a devolver el dinero cuando sus ingresos laborales superen las 10.000 libras anuales, en lugar de las 16.500 actuales. La deuda se liquidará en función de los ingresos, no de la cantidad debida. Por ejemplo, una persona que gane 12.000 libras deberá pagar tres libras a la semana, una que ingrese 20.000, diecisiete, etc.

Este dinero extra, no previsto por el gobierno anterior, se destinará a mejorar edificios, equipamiento, etc. Según las autoridades universitarias, los nuevos ingresos no son suficientes para resolver las dificultades económicas de la universidad británica, pero son pasos en la dirección adecuada.

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