La nueva Sudáfrica ha impulsado la educación de la mujer

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Duración lectura: 5m. 22s.

Johannesburgo. Entre las transformaciones que han tenido lugar en Sudáfrica en los diez años desde el fin del apartheid, se advierte la preocupación de favorecer la educación de la mujer africana, la cual ha sido marginada en este país durante décadas. Mientras que el censo de 1996 mostraba un claro desequilibrio en la educación según el sexo, en el de 2001 se observa una notable mejoría. Según datos del Ministerio de Educación, el 99% de las niñas reciben enseñanza primaria y el 87% participan en la secundaria. Aunque estos porcentajes son altos, la calidad de la enseñanza es bastante baja, por la carencia de maestros preparados, la escasez de material didáctico y las frecuentes ausencias.

En este contexto, se plantea también la cuestión de las ventajas o desventajas de los colegios de educación diferenciada por sexos. En Sudáfrica la educación dirigida a chicas y chicos por separado comenzó principalmente con la implantación del sistema inglés de educación, a finales del siglo XIX y comienzos del XX. No faltan tampoco escuelas llevadas por católicos, cristianos de diferentes denominaciones, judíos y otros, que han optado también por la educación separada por sexos. A su vez, en cada provincia del país también existen y tienen prestigio los colegios públicos sólo para niñas o niños.

Hablando con algunos de sus directivos, se llega a la conclusión de que no siguen esta tradición sólo por motivos históricos, sino sobre todo pedagógicos.

El colegio St. Andrews, fundado en 1902, es conocido por el alto rendimiento alcanzado por las alumnas en el aspecto académico y también deportivo. Su actual directora, Pauline Jackson, hace hincapié en las recientes investigaciones de ámbito internacional en las que se comprueba que chicas y chicos maduran a ritmos distintos y por lo tanto el modo de aprender difiere, especialmente en la edad de la adolescencia.

Esta etapa de la vida requiere para niñas y niños métodos de instrucción y aprendizaje específicos. Las niñas tienen más capacidad de concentración y de trabajo. Es la edad donde necesitan expresarse y dialogar. Los chicos, por el contrario, expresan su afectividad en esa edad con matices de dureza y actividad, con una marcada limitación para la concentración.

Como el ritmo de maduración es distinto en un caso y en otro, el rendimiento académico es diferente. Las chicas suelen ser mejores para las materias relacionadas con literatura, lenguas y artes, mientras que los chicos sobresalen en matemáticas o en ciencias.

Los métodos de enseñanza serán diferentes según sean niñas o niños, aprovechando las características propias de cada uno. Si hay una clase sólo de chicas en matemáticas, será más fácil explicar la materia teniendo en cuenta el modo de aprender de las mujeres, que suele ser menos abstracto que el de los varones.

Cuando hay sólo niñas, es más fácil para ellas expresarse porque el temor al ridículo es menor, hay más preocupación por lo académico que por el quedar bien o mal. En cambio, si las clases son mixtas, muchas veces la mujer no se arriesga.

Desde el punto de vista de la disciplina, el tener sólo chicas o chicos ayuda a adaptar los métodos educativos. Las clases con chicos serán más cortas y habrá actividades que faciliten captar su atención. Las niñas pueden estar por más tiempo concentradas y generalmente no necesitan de tanto movimiento, suelen ser más ordenadas.

Otras de las ventajas comprobadas por estos estudios sobre la educación separada es cómo ayuda en la formación de la personalidad. Pat Brink, directora del colegio Kingsmead, que abrió sus puertas a comienzo del siglo XX, afirma que es importante en la adolescencia, especialmente para las chicas, crear un ambiente donde se sientan seguras, para poder desarrollarse como personas. Uno de los factores que ayudan es el no sentir la presión de tener chicos en la clase.

Según algunos críticos de la educación diferenciada, esto crea problemas en las relaciones con el otro sexo, pero es evidente que chicas y chicos coinciden en otros momentos, ya sea fines de semana o después de clase.

También hay padres que eligen para sus hijas la educación separada por una cuestión de seguridad: forma parte de la realidad de este país la iniciación sexual al comienzo de la adolescencia. En colegios mixtos sucede muchas veces que las chicas acceden a comportamientos inmaduros por el solo hecho de “quedar bien” o “porque no quieren ser diferentes”.

Algunos de los colegios que habían sido de educación separada y en este momento son mixtos dan como razón la conveniencia económica o el deseo de ahorrar tiempo a los padres, pero no por considerar que la educación separada sea negativa para los estudiantes.

Si bien la mayoría de las escuelas públicas en este momento son mixtas, en algunas se están haciendo pruebas pilotos de separar las clases por sexos en materias como ciencias y matemáticas para utilizar distintos modos de enseñanza y para favorecer la concentración de los estudiantes, especialmente de las niñas.

Como dato curioso, CIDA (City Campus Community and Individual Development Association) es una universidad de iniciativa privada que organiza sus clases separadas para mujeres y hombres, que luego se encuentran en los momentos de esparcimiento. Han comprobado que el rendimiento académico mejoró notablemente.

Esta universidad comenzó hace cuatro años impulsada por profesionales que dedicaban parte de su tiempo a enseñar en zonas pobres del país. Al ver que esos estudiantes no tenían posibilidades de continuar sus estudios terciaros se aventuraron a fundar esta institución. Orientada a formar jóvenes de bajos recursos en el área de la administración de empresas, CIDA utiliza métodos que contribuyen no sólo al desarrollo de la persona sino también al desarrollo de su propia comunidad. Todos los estudiantes están becados. El trabajo administrativo de la universidad es llevado por los mismos alumnos, lo que les proporciona experiencia laboral.