La enseñanza de la religión en las escuelas del Congo

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Duración lectura: 2m. 42s.

Kinshasa. La enseñanza de la religión siempre ha estado presente en las escuelas confesionales de la R.D. del Congo. El problema que se plantea ahora es la actitud de padres que eligen estas escuelas por su prestigio, pero que al pertenecer a sectas rechazan la enseñanza de la religión católica.

Durante la colonización, la enseñanza de la religión no tuvo problemas. El país estaba dividido en esferas de influencia. El catolicismo estaba presentes en todo el país; los protestantes y metodistas, en el este y -en menor proporción- en otras provincias; y los kimbaguistes ocupaban Katanga y el Bajo Congo. Cada una de las Iglesias tenía su sistema de escuelas y enseñaba la religión sin que el Estado interviniese.

Pero, con el laicismo defendido por los masones belgas, se suprimió la enseñanza de la religión en las escuelas públicas. Tras la independencia en 1960, hubo choques entre la Iglesia y el ministro de Educación Mulele, marxista convencido. Pero el Estado nunca llegó a confiscar las escuelas. Fue en 1974 cuando el presidente Mobutu, que quería uniformizar a toda costa la sociedad bajo el partido único, nacionalizó toda la educación y suprimió la enseñanza de la religión en la escuela.

A partir de los años 80, el proceso de democratización política abre otra vez las puertas a las escuelas privadas y confesionales, que vuelven a enseñar la religión. Hoy las escuelas públicas se encuentran en un estado de tal deterioro que los niños tienen que sentarse en el suelo, mientras que las escuelas confesionales están entre las más prestigiosas.

El problema que se plantea hoy a las escuelas confesionales y privadas, donde hay clases de religión católica, es la presencia de padres que forman parte de sectas que han proliferado en el país. Las sectas son simplemente máquinas de ganar dinero. Sus “pastores” no promueven ninguna labor de tipo social ni, por tanto, ninguna escuela, lo que empuja a los adeptos a llevar a sus hijos a escuelas confesionales. Una vez dentro, exigen que no se les enseñe a sus hijos la doctrina cristiana. Por ejemplo, consideran como prácticas satánicas que a los niños se les enseñe la señal de la cruz o rezar a la Virgen y a los santos. Pero los otros padres no están dispuestos a renunciar a la enseñanza de la religión.

De ahí que los promotores de escuelas confesionales hayan tomado la decisión de hacer firmar a los padres que piden plaza para sus hijos un compromiso por el que aceptan el carácter específico del centro y la enseñanza de la religión. Los promotores de escuelas privadas que están empezando experimentan dificultades por este problema, que está al orden del día en las reuniones de padres de alumnos. Pero cada vez más tienden a alinearse con la visión de las escuelas confesionales: “Si no estás de acuerdo con el proyecto educativo de esta escuela, vete a estudiar a otra parte”.

Philémon Muamba Mumbunda