La calidad se paga

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Duración lectura: 3m. 51s.

Contrapunto

El comienzo del curso ha estado marcado en España por la protesta contra la subida de las tasas universitarias. Se pide, como es lógico, una enseñanza de calidad, no masificada, donde no haya que competir para conseguir un asiento en el aula o en la biblioteca. Pero que sea barata para todo estudiante. Y, puestos a soñar, se miran con envidia los verdes campus de otros países.

Si se trata de comparar, es ilustrativo un estudio (1) recién publicado, que ofrece la más fiable serie de comparaciones estadísticas sobre los sistemas de enseñanza de los 24 países de la OCDE, con datos correspondientes a 1991.

En primer lugar, no hay que perder de vista nuestras posibilidades reales. Entre los 24 países industrializados de Occidente, España ocupa el número 20 en la clasificación de producto interior bruto (PIB) por habitante: poco más de 10.000 dólares, frente a los 13.000 dólares del promedio de la OCDE, y los casi 18.000 de Estados Unidos (las cantidades se expresan en “paridades de poder adquisitivo”, es decir, tasas de conversión monetaria que eliminan las diferencias del nivel de precios en los distintos países). Esta posición condiciona también el nivel de Universidad que podemos permitirnos.

El otro factor importante es la proporción de jóvenes que acceden a la enseñanza superior (aquí la comparación se complica, pues en algunos países hay una parte importante de enseñanza superior no universitaria, cosa que no sucede en España). De todos modos, el porcentaje de jóvenes españoles que acceden a la enseñanza superior (un 40,8%) coincide casi con el promedio de la OCDE (40,7%).

Si en lo que se refiere a la tasa de escolarización universitaria poco tenemos que envidiar a otros, no sucede lo mismo en cuanto a los recursos que dedicamos a financiar la Universidad. Quizá el índice más significativo es el del gasto por alumno, ya proceda sólo de fondos públicos o de fondos públicos y privados. Y aquí las diferencias entre España y otros países de la OCDE son notables, como puede apreciarse en estos datos (en dólares):

Gastos públicosGastos públicos y privadosEstados Unidos11.80213.639Japón7.570España3.2423.875Promedio de países7.258 7.869

En este aspecto, España ocupa el segundo lugar por la cola, sólo por delante de Turquía (2.915 dólares). Nuestro gasto universitario por alumno equivale a la mitad del promedio de la OCDE; está muy por detrás del de países más ricos que el nuestro, como Suiza, Estados Unidos, Canadá, Holanda o Suecia, que dedican más de 8.000 dólares por alumno; e incluso es inferior al de países con menor renta per cápita que la española, como Irlanda (más de 7.000 dólares por alumno) o Portugal (6.100). En general, son los países más ricos y los países pequeños los que gastan más por alumno.

En términos relativos, se observa también que España dedica una parte pequeña de sus recursos a financiar la enseñanza superior. Los gastos dedicados a esta enseñanza equivalen al 1% del PIB (0,8 de gasto público y 0,2 privado). En comparación, el promedio de la OCDE es el 1,5% del PIB, mientras que en los países punteros alcanza el 2,5%.

En suma, la notable expansión del alumnado universitario no se ha visto acompañada del correspondiente aumento de la financiación. Y no se puede lograr la excelencia si no se está dispuesto a pagar por ella. Cabe debatir si esa financiación debe ser fundamentalmente pública o privada. Pero el estado de nuestras finanzas públicas no deja mucho margen al debate. En un momento en que se trata de frenar el gasto público, cuando hay dificultades para financiar necesidades sociales más básicas de vivienda, sanidad o empleo, y mientras está pendiente la factura de la reforma de la enseñanza secundaria, no parece realista esperar sustanciales aumentos del gasto público en la Universidad.

En tal situación, si queremos mejorar la financiación de la Universidad, no habrá más remedio que aumentar las tasas, que hoy día suponen sólo el 20% del presupuesto universitario. Y, en vez de la beca generalizada actual, reservar las ayudas para los que las necesitan y merecen. La alternativa es seguir manteniendo una universidad barata, sabiendo que será también masificada y mediocre.

Ignacio Aréchaga_________________________(1) Education at a Glance. OCDE Indicators. OCDE. París (1993). 259 págs.

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