África: Donde una escuela se abre, ya está llena

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Mientras en Europa se cierran o fusionan escuelas a causa de la baja natalidad, en África no se abren todas las que harían falta para el número de niños en edad escolar. El norte tiene profesores de sobra y un razonable número de alumnos por aula. Pero el sur tiene una gran escasez de profesores, y la universidad no puede producirlos al ritmo que requiere la demanda. Se oye que en los países desarrollados hay profesores que se jubilan anticipadamente o solicitan la baja laboral a causa de la conflictividad en las aulas. Pero en los países en desarrollo el estrés es de otra naturaleza: escasez de instalaciones -incluso de pizarras, tizas y mesas-; demasiados alumnos por aula; imposibilidad de enseñarles como a uno le gustaría, etc.

El último informe anual de la UNESCO sobre enseñanza muestra una panorámica sobre la situación de la enseñanza en África y señala hacia dónde hay que dirigirse. En síntesis se puede decir que se está produciendo una revolución silenciosa. Entre 1999 y 2004, se han escolarizado 22 millones de nuevos alumnos, con un aumento del 18%, y supone que 6 de cada 10 niños están escolarizados.

No obstante, el reto sigue siendo gigantesco. La tasa de natalidad en África es casi el doble que la tasa media mundial. Se estima que el 44% de la población subsahariana tiene menos de 15 años. Aunque esta zona solo alberga una sexta parte de la población mundial de menores de 15 años, la mitad de los que no van al colegio viven en estos países. Y muchos de los que asisten a clases de primaria se matriculan años más tarde de la edad correspondiente, repiten curso o abandonan los estudios antes de completar el ciclo a causa de la pobreza, la actitud de los padres o los conflictos civiles.

Esfuerzos de los padres

Es esto lo que está empezando a cambiar lentamente. Una de las principales razones es el empeño de los donantes internacionales y de los gobiernos africanos en extender la enseñanza básica. En consecuencia, los padres ven ahora que sus hijos tienen las oportunidades de aprender y de salir del círculo de la pobreza que ellos no tuvieron. Otra razón es que las perspectivas de paz son mucho más optimistas en toda la zona, con la excepción de algunos conflictos, como Somalia y oeste de Sudán, que parecen irresolubles.

En muchos países, ya antes de la independencia, los padres estaban acostumbrados a hacer grandes sacrificios económicos para que sus hijos fueran al colegio. Esta actitud se ha intensificado. Los padres venden tierras y ganados para poder enviar a sus hijos al colegio o la universidad.

Lo que sí ha cambiado es la estabilidad política y la actitud de los donantes internacionales. En los años ochenta, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional obligaron a los gobiernos africanos a reducir drásticamente el gasto público. Como el gasto se congeló, se construyeron muy pocas escuelas nuevas con dinero público. Sin embargo, la demanda educativa no disminuía.

En los países que gozaban de estabilidad política, ciudadanos privados, empresas y profesionales del mundo educativo construyeron escuelas para hacer frente a la demanda. Así surgieron escuelas privadas o «academias», como se les llama en algunos países angloparlantes, para las personas con recursos; y «escuelas comunitarias» para los pobres que vivían en los suburbios. Esta situación provocó una división educativa muy pronunciada. Ahora en cambio son las «escuelas comunitarias» las que están creciendo más.

Escuelas saturadas

Ya hay seis países con educación básica gratuita: la matrícula es gratis pero los padres tienen que pagar los libros, el uniforme y muchas veces la comida. Puede parecer poco, pero indica una tendencia y supone un gran salto hacia delante, aunque no exento de problemas. Por ejemplo, muchas clases están abarrotadas y algunos colegios tienen que rechazar solicitudes por falta de espacio. El informe de la UNESCO cita el caso de Malí, con clases de hasta 126 alumnos. En Kenia, uno de aquellos seis países, ocurre algo similar, especialmente en los barrios más densamente poblados y en algunas zonas rurales. Algunos observadores estiman que uno de los objetivos del Milenio de la ONU -conseguir que todos los niños de 6.º curso vayan al colegio en 2015- es inalcanzable en África. Y según la UNESCO, haría falta que la ayuda exterior se multiplicara por 9 en la próxima década.

Los africanos son expertos en el arte de sobrevivir, y además lo hacen con recursos mínimos. Con el clima que hay todo el año, basta la sombra de un árbol y alguien que sepa más que los niños y esté dispuesto a enseñarles a cambio de un pequeño sueldo para que las clases puedan empezar, al menos en primaria. Lo importante es empezar.

El informe no es muy optimista con los objetivos del Milenio pero nadie sabe cómo se desarrollarán los acontecimientos. Lo que está claro es que la revolución educativa en África ya ha comenzado, y no solo en la enseñanza primaria. El mes pasado, Uganda, con la ayuda del Banco Mundial, comenzó un programa de enseñanza secundaria gratuita en varios cientos de escuelas públicas de bajo coste. Este es el camino. La educación primaria enseña a leer, escribir, sumar y restar, pero no mucho más. Con una educación de nivel de secundaria, ya sea orientada a la enseñanza académica o a la profesional, el alumno tiene una mente mucho más abierta, adquiere mayor motivación y es mucho más probable que pueda conseguir un empleo o abrir su propio negocio.

Martyn DrakardACEPRENSA

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