¿Y si “escolarizamos” las tutorías de refuerzo?

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Duración lectura: 7m. 8s.
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La pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de contar con modos de instrucción alternativos, especialmente para los alumnos que se quedan atrás. Las clases particulares o en grupos reducidos han sido siempre una de estas herramientas. Recientemente, varios gobiernos han aprobado programas de tutorías para paliar los efectos del confinamiento, que ha agrandado la brecha de rendimiento entre estudiantes.

No obstante, en general se trata de intervenciones puntuales. Dos investigadores acaban de lanzar una propuesta para que las tutorías o clases de refuerzo pasen a ser parte del horario escolar de forma permanente. La clave: implicar a otros estudiantes y diseñar un sistema realista.

Mathew A. Kraft y Grace T. Falken son profesores de la Brown University (Estados Unidos). Hace unos días publicaron en la revista de la institución un largo artículo en el que desgranan un posible modelo para convertir las tutorías en una especie de “asignatura extra” para todos los estudiantes que la necesiten. En una primera fase, se beneficiarían de ellas solo los que están matriculados en colegios con bajo rendimiento –en concreto, el cuartil más bajo– o con alta concentración de alumnado desfavorecido (las llamadas “Title I Schools”, que reciben financiación adicional a través de este programa federal). Según los cálculos de Kraft y Falken, esto supondría llegar a 28 o 9 millones de estudiantes, según se aplique a uno u otro tipo de escuelas, con un coste total de 25.000 0 10.000 millones de dólares, respectivamente.

Son cifras abultadas en términos absolutos, pero los autores explican que apenas suponen un 1% del total del gasto público en educación a nivel nacional. Por otro lado, las tutorías, especialmente las llamadas de “alta dosis”, han demostrado ser de las herramientas más efectivas en relación a su coste (ver Aceprensa, 27-08-2020). De ahí que varios gobiernos hayan apostado por ellas como remedio tras el confinamiento. Por ejemplo, en Reino Unido se ha lanzado un programa bienal dotado con 350 millones de libras. También en los Países Bajos se ha reservado una importante partida presupuestaria para paliar los efectos educativos de la pandemia, aunque no se ha estipulado cuánto de ese dinero se dedicará específicamente a clases de refuerzo.

Las clases de refuerzo se darían a todos los alumnos por grupos de dos a cuatro

También en Estados Unidos se han ensayado este tipo de programas en otras ocasiones. America Reads nació durante el mandato de Bill Clinton con el objetivo de mejorar el nivel de lectura entre los alumnos más desfavorecidos. Por su parte, la ley No Child Left Behind, aprobada bajo el mandato de Obama, incluía el fomento de las tutorías. Sin embargo, los dos proyectos pecaron de falta de financiación y organización, y no lograron sus ambiciosos objetivos.

Para que no vuelva a ocurrir lo mismo, Kraft y Falken han querido prever todos los detalles, aunque entienden que cada estado debe tener margen para adaptar la norma nacional a sus necesidades concretas. Por otro lado, los distritos, y dentro de ellos cada escuela, participarían de forma voluntaria en el programa. Eso sí, una vez se apunten, todos los estudiantes recibirían tutoría, por una cuestión de organización y también, según el texto, “para no estigmatizar a nadie”.

30 minutos al día, entre jóvenes

En total, cada alumno recibiría unas 100 horas de tutorías a lo largo del curso, 30 minutos diarios de lunes a jueves. Estas se desarrollarían en la escuela, bien utilizando alguna de las horas de instrucción general o bien como una extensión de la jornada, y podrían ser presenciales u online. En cualquier caso, tendrán su horario estipulado y formarán parte del diseño curricular.

Los alumnos de los últimos cursos de infantil hasta 5.º de Primaria recibirán clases de refuerzo, idealmente en parejas, por estudiantes de Secundaria; los de 6.º a 9.º, por estudiantes de la universidad en grupos de tres; y los de Secundaria, por jóvenes que acaben de terminar su grado universitario en grupos de hasta cuatro. En total, Kraft y Falken estiman que harán falta casi 3 millones de tutores, si el programa se dirige solo a las escuelas de bajo rendimiento, o hasta 10 millones si participan de ella todas las “Title I Schools”.

Esta tarea no la realizarían gratis et amore. Para los alumnos de instituto, computaría como una asignatura optativa. Los estudiantes universitarios recibirían una paga equivalente a la de los trabajos que ofrece el gobierno para alumnos que necesitan compaginar la carrera con un empleo. Por su parte, los ya graduados obtendrían un salario de unos 30.000 dólares al año.

Además del beneficio académico, los autores confían en que las tutorías, gracias a la implicación interpersonal, generen también una mayor confianza de los alumnos en sus propias capacidades y una actitud más positiva hacia la escuela en general, factores que están asociados al éxito educativo. Por ello, consideran que lo mejor sería que, en caso de que se cree un vínculo entre estudiantes y tutor, este pueda permanecer con ellos más allá de un curso.

Formar a los tutores

Lógicamente, una pieza fundamental de todo el proyecto es la formación de los tutores. Los autores explican que sería necesario crear para ello un organismo nuevo, que dependería del Departamento de Educación federal. Entre otras atribuciones, se encargaría de confeccionar una guía para la formación inicial, que después los distritos podrían adaptar. Los encargados de impartirla serían los coordinadores de tutorías de los institutos y las universidades participantes, unos cargos creados ad hoc.

Por otro lado, el documento insiste en que los tutores han de contar con un acompañamiento o coaching. En este punto se podría seguir el ejemplo de Reading and Math Inc., una iniciativa que forma parte del programa nacional de voluntariado que organiza el gobierno federal, AmeriCorps. En Reading and Math Inc., a cada tutor se le asigna un mentor dentro de la escuela, habitualmente de la misma materia que él va a impartir, y un experto de la propia organización. Ambos se reúnen mensualmente con el resto del claustro, para asegurar la coordinación de los contenidos.

Las tutorías se centrarían en las habilidades fundamentales: lectura, expresión y matemáticas

Con esta mismo objetivo, Kraft y Falken recomiendan en su propuesta que los profesores de los centros participantes sean animados a ejercer de supervisores durante las tutorías, también para que siempre haya un adulto (no hay que olvidar que algunos de los tutores son adolescentes). Cada colegio o distrito, por otro lado, tendría libertad para decidir con qué otro centro escolar, universidad u organización desea asociarse para reclutar tutores.

Horario y contenido de las tutorías

Probablemente, el punto más complejo de todo el proyecto, junto con el de conseguir los tutores y los espacios necesarios –un punto del que los autores no dicen nada–, sea la cuestión del horario. Para que la inclusión de las tutorías no implique alargar la jornada laboral de los profesores ordinarios, Kraft y Falken proponen que estas se desarrollen al comienzo o al final del día, de manera que los docentes puedan empezar o acabar antes. Además, así se facilitaría que los tutores que estudian en el instituto se desplacen a los colegios de Primaria, en caso de que sean sesiones presenciales, y que esa hora esté encuadrada en un bloque de asignaturas optativas, separado del de las materias troncales.

En cuanto al contenido, las tutorías se centrarían en las habilidades fundamentales: lectura, expresión y matemáticas, aunque también aquí cada distrito tendría margen para reforzar lo que considere una prioridad para sus alumnos.

El proyecto de Kraft y Falken es solo una opción entre muchas posibles. Ciertamente, y a pesar de todos los cálculos y detalles de organización aportados, hay algunos aspectos por por pulir, y queda la incógnita de cuál sería la respuesta entre los posibles tutores. En cualquier caso, resulta muy interesante la propuesta general de convertir un recurso “extraordinario” en una herramienta estable e integrada dentro del currículum, de forma que puedan beneficiarse de ella millones de alumnos.