Enseñanza: el dinero importa pero no es lo más decisivo

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Análisis

Ante la evidencia de los pobres resultados de la enseñanza secundaria en España, la respuesta más cómoda consiste en reducir todo a un problema de insuficiente financiación. Basta comprobar que otros países más ricos gastan más, y concluir que ahí radica el “principal problema” para mejorar la calidad de la enseñanza. Si ese es el más importante, se sobreentiende que todos los otros son secundarios, prácticamente marginales. Con lo que es de esperar que todo cambie gastando más. Esta es la línea de defensa que han adoptado los que se resisten a emprender cambios sustanciales.

Pero ¿realmente dedicamos pocos recursos a la educación secundaria? El principal estudio comparativo de la situación de la enseñanza en los países desarrollados es Education at a Glance, informe que publica anualmente la OCDE. En el publicado en 2001 (aunque con datos correspondientes a 1998) se refleja, entre otros indicadores económicos, el gasto público y privado por alumno (expresado en dólares, teniendo en cuenta la paridad del poder adquisitivo).

El estudio reconoce que entre 1995 y 1998 España fue uno de los países donde más creció el gasto por alumno en primaria y secundaria (en torno a un 10%). En 1998, el gasto por alumno de secundaria en España fue 4.274 dólares, todavía por debajo de la media de la OCDE (5.294 dólares). En ese indicador concreto, España ocupaba el puesto 13 entre los 15 países de la Unión Europea (solo por delante de Irlanda y Grecia) y el 18 entre 25 países de la OCDE para los que hay datos disponibles. Probablemente, el gasto por alumno será ahora más elevado que en 1998, aunque solo sea por la bajada de unos 60.000 alumnos de secundaria en cada uno de los dos últimos años. En cualquier caso, gastamos menos que la media.

¿Explica esto los malos resultados? En el mismo estudio, se lee como una de las advertencias destacadas: “Al comparar el gasto por alumno con los resultados escolares se ve que un gasto menor no equivale automáticamente a peores resultados” (pág. 56). Para comprobarlo, basta ir al informe PISA que recientemente ha comparado la comprensión lectora y los conocimientos en matemáticas y ciencias de los alumnos de 15 años en los países de la OCDE (cfr. servicio 171/01).

En los puestos de cabeza está Corea (primero en ciencias y segundo en matemáticas), que gasta 3.544 dólares por alumno de secundaria, muy por debajo de España y menos de la mitad que Estados Unidos. Pero mientras los coreanos destacan, los americanos están en la mitad de la tabla y los españoles por debajo. Otro de los triunfadores, Finlandia (primero en comprensión de la escritura y tercero en ciencias) gasta 5.111 dólares, por debajo de la media de la OCDE. Entre los países de la UE, Irlanda, con un gasto de 3.934 dólares, supera a España en los tres campos. Y Japón (primero en matemáticas y segundo en ciencias) saca mucho más partido a sus 5.890 dólares por alumno que Suiza, que es el que más gasta (9.348 dólares) y que en conocimientos se queda en la mitad de la tabla.

Esto tampoco quiere decir que el dinero no cuente. El propio informe PISA señala que en los países donde es mayor el gasto por alumno, los estudiantes tienden a obtener mejores resultados. Pero advierte que no hay que confundir la correlación (dos fenómenos que se dan a la vez) con la causalidad (que uno sea causa del otro). Las desviaciones de esta tendencia general muestran que hay países que obtienen más con menos. Por ejemplo, Irlanda supera significativamente a Alemania en los tres campos de conocimientos y, en cambio, gasta un 25% menos por alumno.

Aunque haya una correlación positiva entre gasto y resultados, el análisis comparativo, dice el informe, muestra que “el gasto por sí solo no basta para obtener resultados escolares elevados, y que otros factores, incluido el modo en que se invierten esos recursos, son cruciales”. Según el análisis estadístico que hace el informe, “el gasto por alumno explica un 17% de la variación entre países respecto al resultado promedio”. Así que será preciso buscar otras explicaciones para justificar, al menos, el restante 83%. Habrá que estudiar por qué el clima educativo de Corea, Finlandia o Irlanda les permite obtener más conocimientos por alumno con menos dinero.

Ignacio Aréchaga

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