Dónde meter la tijera en los gastos educativos

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Duración lectura: 5m. 58s.

Se puede discutir si la educación debe permanecer inmune a los recortes en los presupuestos; pero, una vez que ya se ha tomado la decisión de meter la tijera, es necesario estudiar científicamente qué aspectos son los más adecuados para ser recortados y cuáles no.

El factor más relevante en los resultados académicos es el número de horas de clase que reciben los alumnos

A la vista del debate generado en torno a los recortes en educación, cabe concluir que uno de los grandes enemigos del sistema educativo español es… la banalización del propio debate.

La palabra “eficiencia” –utilizada por el ministro de educación para referirse al objetivo de las reformas– ha centrado el debate en los últimos días. Aunque no es probable que la cuestión terminológica sea la salvación del deficiente sistema educativo español, sí es importante señalar que la eficiencia está siempre relacionada con los recursos disponibles (RAE: eficiencia: “capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado”). Por tanto, no tiene sentido contraponer la eficiencia a los recortes como hace El País (16 de abril) en un titular: “Por qué dicen eficiencia cuando son recortes”. Habrá recortes eficientes e ineficientes, como ha habido gastos productivos e improductivos.

Sentada esta premisa, no tan obvia al parecer, procede discutir qué recortes serían los más eficientes en la enseñanza primaria y secundaria. Para ello, el procedimiento más útil es la evaluación de los distintos factores “recortables” según el impacto que tengan en los resultados educativos. A esta tarea se aplica un informe de FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada), que hace un repaso a la literatura científica sobre el tema y calcula un valor de impacto de cada factor (horas de clase, tiempo de estudio en casa, ratio alumno-profesor, número de ordenadores por alumno, nivel socioeconómico del alumno).

El mayor gasto por alumno y el número de alumnos por clase son menos influyentes en el rendimiento académico

Más horas de clase, aun con más alumnos en el aula

Las conclusiones no son tan evidentes como a algunos políticos o “pensadores de la educación” les gustaría. Con todo, se pueden sacar algunas conclusiones: comparando unos países con otros, el factor que se muestra más relevante en los resultados académicos (dejando aparte el nivel socioeconómico del estudiante, en el que los recortes no inciden directamente) es la cantidad de tiempo que los alumnos están en clase. Existe una relación positiva entre el número de horas de clase y los resultados. La única excepción es Corea del Sur, donde es más importante la formación que los alumnos reciben en los hagwon, academias privadas donde la mayor parte de los estudiantes completan su formación.

Si se compara a nivel nacional, y no entre países, se percibe una relación positiva entre las horas de estudio y las notas, aunque no en todos los países ni para todos los estudiantes: por ejemplo, las chicas emplean más tiempo de estudio personal en matemáticas y ciencias que los chicos y sin embargo obtienen peores resultados (salvo en Grecia y en Finlandia). No obstante, el nivel de incidencia del tiempo de estudio personal es menor en todos los casos al del número de horas de clase recibidas.

Aparte de estos dos, el resto de factores muestran una repercusión bastante menor, o muy ambigua, en los resultados académicos. Por ejemplo, el informe de FEDEA constata la no vinculación entre el mayor gasto por alumno y los resultados, algo que ya ha sido indicado varias veces por la OCDE.

Tampoco parece ser decisiva la ratio alumno-profesor, aunque tiene una influencia ligeramente positiva en la media de la OCDE. En cualquier caso, tanto la ratio profesor-alumno como el número de ordenadores por aula “tiene poco efecto en los resultados de PISA en la mayor parte de los países”.

Repercusión en los profesores

La conclusión del estudio es que el aspecto más eficiente para la inversión es el número de horas que los estudiantes pasan en clase: señala, por ejemplo, que un incremento de entre dos y cuatro horas de matemáticas o ciencias por semana (dependiendo del país) serviría para compensar los peores resultados en estas disciplinas de los alumnos provenientes de estratos socio-económicos bajos.

Pero más horas en clase de los alumnos pueden alcanzarse con más profesores o con más horas de clase por profesor. Dada la situación de la economía española, la decisión ha sido optar por la segunda opción. Los profesores españoles ya dedican más horas que sus colegas de la OCDE a dar clases, en concreto unas 10 o 15 más. Con el aumento del tope de horas (de dos a cuatro según dónde estuviera el límite antes), los profesores podrán dar cerca de 120 horas más de clase al año, suponiendo que impartan todas las clases que pueden dar, lo que no siempre ocurre.

Como el tiempo total de permanencia en el centro no aumenta con las reformas, el mayor número de clases significa restar tiempo a otras ocupaciones: tutorías, preparación de clases, corrección de exámenes, horas de refuerzo. En general, la OCDE establece una relación entre menor porcentaje de horas dedicadas por los profesores a dar clase y mejores resultados.

En este punto –y no en la cuestión del mayor número de alumnos por aula– las reivindicaciones contra los recortes sí tienen motivo: habrá menos tiempo para preparar clases o para horas de refuerzo, tan necesarias para los alumnos que parten con desventajas educativas, como señala el informe de FEDEA. Esto puede perjudicar la calidad de la educación. Con todo, también hay que decir que la jornada laboral de los profesores españoles –con cerca de 240 horas menos por año que la media de la OCDE– permanecerá intacta, con lo que otra posible solución sería aumentarla, al menos hasta suplir lo que se pierde en tiempo de preparación de clases.

Otro informe de FEDEA apunta otras posibles reformas del sistema educativo, que redundarían en la mejora de la calidad y que no suponen un desembolso importante de dinero: fomentar la rendición de cuentas de los centros sometiéndolos a evaluaciones externas, aumentar la autonomía de los colegios, afrontar el problema de falta de disciplina (propone en concreto instaurar una especie de “carnet por puntos” educativo). Por último, recomienda que si se van a bajar los salarios, que se baje la parte fija, y en contrapartida se aumente el margen vinculado a la productividad.

Según el autor de este segundo informe, “los recursos escolares no importan tanto como las instituciones y la forma en que se usan”. Probablemente habrá que tomar medidas “institucionales” y también económicas.