Cómo integrar a los inmigrantes en la escuela

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 13m. 25s.

Experiencias de colegios con alumnos extranjeros
Según los datos oficiales, la población extranjera en España ha crecido un 122% desde 1995. En 2001 residían en España 1,1 millones de extranjeros (sin contar los que no tienen los papeles en regla), un 24% más que en el año anterior. La escuela es uno de los ámbitos donde más se nota el aumento de la inmigración. Incidentes como el de la chica musulmana que se negó a asistir a clase sin el velo islámico (ver servicio 29/02) se toman como ejemplo de los problemas de integración que se plantean. Pero, en vez de fijarse en casos llamativos, resulta más útil conocer el día a día de los centros públicos o concertados que escolarizan a los alumnos inmigrantes, 133.000 en todo el país.

El Colegio Público Guatemala, en el barrio de El Pilar (Madrid) tiene 100 alumnos, y el 70% son inmigrantes. El barrio, con mucha población joven en los años 60, ha ido envejeciendo. En la actualidad, los matrimonios jóvenes de la zona son en su mayoría inmigrantes.

Angelina Jiménez Curats, 26 años, es profesora de Educación Compensatoria en el Colegio Guatemala. Estos profesionales, junto a los especialistas en Educación Especial y en Audición y Lenguaje, realizan tareas de apoyo en los centros educativos. Angelina explica que su trabajo se centra en la atención de alumnos que requieren un refuerzo educativo en las llamadas asignaturas instrumentales, la lengua y las matemáticas. Cuando un alumno tiene un desfase superior a dos cursos, sale del aula para estar con el profesor de compensatoria, que le atiende en un grupo muy reducido (tres o cuatro chicos). Los inmigrantes son una buena parte del alumnado que atienden los profesores de Compensatoria.

“La relación con los profesores del colegio se hace fluida cuando empiezan a ver los resultados de nuestro trabajo”, dice Angelina. Normalmente, la salida de los chicos para ir al aula donde les espera el profesor de Compensatoria es un alivio para el profesor ordinario, porque suelen ser chicos que no se enteran de casi nada y alteran el orden de la clase. Angelina piensa que el sistema es válido y da buenos resultados, pero para dar todo su fruto exige un cambio de mentalidad y de actitud por parte de los profesores y la dirección de los centros. “La cooperación, el trabajo en equipo son fundamentales”.

Hacen falta planes de acogida

Cuando le preguntamos sobre un aspecto específico que convenga mejorar prioritariamente en la integración de los alumnos inmigrantes, Angelina señala “los planes de acogida al centro, porque los chicos inmigrantes llegan sin conocer el idioma, y tienen grandes problemas para funcionar con autonomía y se sienten desorientados. Hay que actuar con rapidez para entenderles y arroparles, a través de alumnos o padres que hablen su idioma. También es importante conocer a los padres y facilitarles una relación fluida con los profesores. En esa tarea, son muy importantes los trabajadores sociales que se encargan de atender las necesidades de los centros de enseñanza de un determinado territorio”.

Una ONG echa una mano

María Victoria Martín es la directora del programa de apoyo social para familias de inmigrantes del distrito Fuencarral-El Pardo, en Madrid. El programa forma parte de las actividades de una ONG, la Asociación Valdeperales, que inició sus trabajos hace catorce años. Carmen Riaza, de la directiva de Valdeperales, comenta que “buena parte de la eficacia de nuestra labor radica en que nuestra sede, que actúa como centro de día, está en mitad del barrio que atendemos. Somos una asociación de barrio, y esa cercanía e inmediatez nos ayuda a tener un conocimiento muy cercano de las necesidades de las familias de inmigrantes de la zona”.

El proyecto, que cuenta con financiación del Ayuntamiento de Madrid, la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid y del Fondo para la Ayuda Social del Ministerio de Asuntos Sociales, se desarrolla diariamente, de 4 a 6 de la tarde, en el Colegio Público Guatemala. La Asociación Valdeperales, mediante un acuerdo con la dirección del centro, ofrece en las instalaciones del colegio actividades de ocio para los alumnos y sus familiares, que pueden inscribirse gratuitamente para aprender informática, practicar la música o la danza, hacer deporte, recibir clases de apoyo, estudiar, leer en la biblioteca, etc. Trimestralmente, la Asociación, que cuenta con psicólogos y logopedas, hace llegar a los profesores del colegio un informe sobre la evolución del alumno en esas horas extraescolares.

María Victoria señala que los niños inmigrantes, y también sus mayores, se sienten seguros haciendo vida de barrio: no les gusta salir del entorno conocido. “Como es lógico, tienden a agruparse, porque se sienten más seguros”. Por esa razón, las actividades extraescolares en su propio colegio les resultan muy atractivas y evitan que los chicos estén en la calle, sin hacer nada y expuestos a malos ejemplos, en zonas desfavorecidas donde abunda la droga y la delincuencia.

Sobre el porcentaje de alumnos inmigrantes que concluyen la Secundaria y el de los que acceden a Bachillerato, María Victoria contesta que “lo normal es que los chicos inmigrantes abandonen los estudios y la asistencia al colegio cuando les surge cualquier posibilidad de trabajo remunerado o son requeridos para echar una mano en el negocio familiar”.

Formación de voluntarios

Cuando preguntamos sobre los voluntarios de la asociación, Carmen Riaza responde que este tema es fundamental. “La formación de los voluntarios es vital. Muchos llegan creyendo que con sus ganas de echar una mano hay de sobra. Tenemos la experiencia de que en este tipo de trabajo con personas de otras culturas, de religiones diversas, con dificultades económicas o familiares, hay que saber actuar y hacerlo coordinadamente y bajo la dirección de personas con experiencia. Las iniciativas guiadas por la buena voluntad o un afecto mal entendido pueden provocar muchos quebraderos de cabeza”.

El perfil del voluntario -según Carmen- exige que estén dispuestos a dejarse formar a la vez que van trabajando. También es preciso que valoren la importancia de tareas que de modo inmediato no logran resultados o cambios espectaculares. “El voluntario debe aprender a ser constante y a trabajar en equipo, coordinadamente y con disciplina”.

Problemas familiares

María Victoria aporta un ejemplo que explica la necesidad de ser prudentes. “Una mujer musulmana que acude a las actividades de Valdeperales me pidió, con mucho apuro, si podía dejarle dinero para comprar un cordero, para sacrificarlo en el día señalado por la tradición de su religión. Después de estudiar el asunto, decidimos que la asociación no debía darle esa ayuda porque estaríamos actuando en una línea distinta al servicio que prestamos a las familias y sentaríamos un precedente que se divulgaría rápidamente entre los vecinos. Evidentemente, la asociación nunca anda bien de dinero, pero quizás hubiésemos podido darle esa cantidad. Hubiéramos actuado mal”.

Además de inmigrantes, por la sede de la Asociación Valdeperales acuden niños y niñas que proceden de familias españolas de muy bajo nivel socio-económico y con pocas expectativas de mejora por los escasos recursos culturales y la baja preparación profesional con que cuentan. Carmen Riaza apunta que “los problemas que padecen los chicos son consecuencia de los que existen en su núcleo familiar. Sus actitudes y conductas, su inseguridad, sus carencias a diferentes niveles, sus dificultades de maduración en el ámbito de lo personal y de sus relaciones, la lentitud para adquirir conocimientos , habilidades y destrezas, su fracaso escolar, su baja autoestima, son efecto de una causa concreta, que es la desestructuración de la familia en la mayor parte de los casos”. No en vano, Valdeperales atiende a bastantes menores con medidas tutelares que viven en centros de la Comunidad de Madrid, o en régimen de acogida con sus abuelos u otros familiares.

Algunos participantes en actividades de la Asociación ValdeperalesIntegración en la concertada

Hemos querido acercarnos también a la experiencia de centros privados concertados que tienen abundantes alumnos inmigrantes. En Madrid capital, los centros concertados acogen al 35% de esos alumnos.

En el Colegio Santa Isabel de la calle Hortaleza de Madrid estudian 638 alumnos. Un 55% son inmigrantes. El Colegio tiene Educación Infantil, Primaria y Secundaria, y pertenece a la Hijas de la Caridad. Con una plantilla de 35 docentes, el colegio dispone de dos profesores de Compensatoria, que imparten Educación Física y Música. La directora, Felisa Ferro, señala que “muchas veces, cuando se tienen problemas con el idioma, la mejor manera de conseguir la integración es a través de la música y el deporte, que son temas universales. Aquí procuramos que los niños destaquen en algo”.

Haciendo balance de la experiencia en la integración de los inmigrantes, sor Felisa apunta que “al principio, uno de los problemas era la falta de preparación del profesorado y la resistencia de una minoría de profesores a trabajar con inmigrantes. Hoy los problemas están resueltos”.

Sobre los aspectos financieros, la directora del Colegio Santa Isabel responde que “desde siempre hemos tenido el problema de falta de recursos. Desde hace dos cursos nos han concedido una subvención de 9.636 euros y hemos tenido la gran ventaja de que nos han concertado la Educación Infantil. Hasta ese momento hemos estado pagando el coste de la Educación Infantil con los sueldos de las seis hermanas profesoras. También hay que decir que otras casas de nuestra congregación se han volcado con el Colegio”.

Alumnos que vienen y van

La madrileña calle Puebla está a dos pasos de la Gran Vía. Se trata de una zona céntrica de la capital con gran concentración de inmigrantes, en su mayoría recién llegados a España. El Colegio de la Purísima Concepción está atendido por la Compañía de Santa Teresa de Jesús. De los 320 alumnos matriculados, 217, un 68%, son inmigrantes. La directora, Carmen Jiménez, explica que entre el alumnado inmigrante hay mucha movilidad. “Hay niños que llegan en septiembre y que, a lo mejor, un par de meses después se han ido. Del mismo modo, también hay incorporaciones continuas”.

El colegio es un mosaico étnico y lingüístico: filipinos, chinos, japoneses, angoleños, marroquíes, polacos, rusos, búlgaros, portugueses, colombianos, ecuatorianos, peruanos, chilenos, guatemaltecos, dominicanos, cubanos, bolivianos y españoles. Por encima de las dificultades con el idioma, la directora del centro destaca que “el principal problema que tenemos es el de la marginación. Aparte de la inmigración, los niños españoles que tenemos pertenecen a familias que no son precisamente de clase acomodada. En muchas de ellas hay problemas de paro, de drogas, de alcoholismo… Las familias de clase media que tienen aquí a sus hijos podrían contarse con los dedos de una mano”.

El colegio tiene concertada la Educación Infantil desde 1998. En el curso 2000-2001 empezaron a recibir dinero para poder contratar algún profesor de Compensatoria. Una veintena de alumnos musulmanes acuden al colegio. Los que quieren pueden vivir el Ramadán. En los menús de comida se prevé una alternativa a la carne de cerdo.

La concertada no rechaza a los inmigrantes

En una carta publicada en el diario El País (28-X-2001), Francisco Andrés, profesor en un centro concertado ubicado en el barrio madrileño de Vallecas, comenta un titular del periódico: “Los centros concertados escolarizan sólo al 28% de los 38.000 emigrantes residentes en Madrid” (16-X-2001). “Para ajustarse a la realidad -comenta Andrés- se debería completar la frase con el siguiente texto: … porque los centros públicos no quieren desprenderse de estos alumnos para evitar el cierre de unidades y el consiguiente traslado de funcionarios, ya que los centros concertados reservaban en torno a un 15% de plazas por aula para alumnos con necesidades educativas especiales”.

Andrés manifiesta hablar con conocimiento de causa de lo sucedido en las comisiones de escolarización del presente curso escolar, y concluye con la esperanza de que “el conocimiento de la situación permita dedicar los esfuerzos a la mejora de la enseñanza y a no perder energías con la manida discusión pública-privada, porque ambas prestan un servicio público”.

Igual exigencia y menos medios

Isabel Bazo, recién nombrada presidenta de la Confederación Española de Centros de Enseñanza, una de las patronales que más centros privados agrupa en España, rechaza la idea de discriminación y señala en declaraciones a El País (13-II-2002) que “a los alumnos inmigrantes se les barema igual que al resto. Lo que pasa es que se matriculan en los centros públicos porque son los que están más próximos a las zonas donde viven”. Isabel Bazo propone un símil para mejor entender la necesidad de revisar la política de conciertos. “Usted imagínese que el Estado decide que en España todas las familias tienen el pan gratis. Entonces, como no hay suficientes panaderías estatales, se decide que las panaderías privadas despacharán el pan gratuitamente, pero con las siguientes condiciones: comprarán la harina más cara que las panaderías públicas, correrán con los gastos del local y la maquinaria, y el dueño no podrá cobrar un sueldo por dirigir el negocio: eso, trasladado a la educación, es un concierto”.

Néstor Ferrera, presidente de Educación y Gestión, patronal a la que se adscriben más de 2.400 centros, en su mayoría concertados, niega que se utilicen prácticas disuasorias para espantar a los inmigrantes porque su escolarización es obligatoria y gratuita (cfr. servicio S1/01). Ferrera no ve justo que los mismos (algunos partidos, sindicatos y asociaciones de padres) que rechazan la concesión de conciertos para el ciclo de Educación Infantil (menores de 6 años) denuncien que la concertada no quiere aceptar a inmigrantes. Ferrera argumenta que las familias inmigrantes no pueden pagar el coste de la Educación Infantil, por lo general no concertada. La altísima demanda de plazas en las escuelas concertadas y las listas de espera dificultan que los alumnos inmigrantes puedan ser admitidos cuando llegan a los niveles educativos que gozan de concierto.

Por otro lado, Ferrera no comparte la imposición a los centros concertados de cupos de reserva de plaza para inmigrantes como solución más adecuada para la integración de los alumnos que se incorporan a mitad de curso. Más bien, se inclina por la flexibilidad de las autoridades educativas para permitir aumentar el número de alumnos por clase, en esos casos extraordinarios, sabiendo que los colegios concertados suelen tener a tope la ratio alumno-aula.

Antonio Palomo, responsable de enseñanza del sindicato Comisiones Obreras en Ceuta, declaró a la prensa local que “la selección real se hace en la Educación Infantil, donde los centros privados no tienen conciertos con el Estado; es ahí donde se piden 20.000 pesetas para entrar y muy pocos inmigrantes las tienen; al llegar a la etapa primaria, concertada, siguen los mismos alumnos y ya no hay vacantes para ellos”.

“Los colegios concertados no rechazan a los inmigrantes -afirmó Pedro Irastorza, director de Centros de la Comunidad de Madrid en una comparecencia en la Asamblea de esa comunidad, la que más inmigrantes escolariza en España-. Hoy por hoy, la demanda en los centros concertados es mayor que en los públicos. Por eso, en el periodo extraordinario de matriculación [una vez comenzado el curso] los concertados están llenos. Los inmigrantes acaban donde hay hueco, es decir, en los públicos”.

Alberto Fijo

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares