Telecomunicaciones: ¡Hagan juego!

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Duración lectura: 14m. 19s.

La competencia y los avances tecnológicos agitan el sector
Las empresas de telecomunicaciones han emprendido la carrera para tomar posiciones en el futuro mercado “multimedia”. El porvenir parece estar en la integración del teléfono, la televisión y el ordenador. La liberalización de las leyes permitirá que las compañías de cada sector hagan negocio en los otros, cosa que las nuevas tecnologías digitales ponen cada vez más al alcance de la mano. Así, la lejanía no será barrera, habrá más competencia, se abaratarán los precios y se ofrecerá multitud de nuevos servicios a distancia. Aunque está por ver que, en la práctica, haya suficiente público dispuesto a usar esas posibilidades.

Una conexión de dos ordenadores a través de Internet tiene el coste de una llamada telefónica local en la mayoría de los casos. ¿Por qué entonces un usuario del servicio telefónico debe pagar mucho más por una llamada internacional que por una local? Esta pregunta se contestaba en otro tiempo diciendo que era necesario amortizar la red que permite la conexión entre dos puntos tan lejanos. Pero en la actualidad tal respuesta ya no es válida.

La enorme capacidad de tráfico de la fibra óptica, y su cada vez más fácil instalación, junto a las modernas centrales telefónicas digitales, han abaratado costes, lo que no ha venido acompañado de una rebaja en las tarifas de las llamadas a larga distancia. Más bien ha provocado el enriquecimiento, durante bastantes años, de los monopolios, estatales o privados. Tal situación no puede sostenerse ya mucho tiempo, sobre todo con la liberalización de las telecomunicaciones que se anuncia en Europa y Estados Unidos, que supondrá el fin de tales monopolios.

En el momento en que haya competencia, habrá guerra de precios. Y una de las primeras medidas que se espera que tomen las compañías es la práctica igualación de las tarifas, con independencia de las distancias. Algunos observadores van más lejos y pronostican que en el futuro las compañías facturarán una cantidad fija a sus clientes por el servicio telefónico, sin tener en cuenta el número, duración o distancia de las llamadas realizadas. El ejemplo que The Economist ofrece en su Informe sobre las Telecomunicaciones (30-IX-95) es muy ilustrativo. MCI, el segundo operador telefónico de larga distancia en Estados Unidos, dio servicio gratis a sus clientes con ocasión del Día de la Madre.

¿Qué fue de la televisión interactiva?

Como cualquier compañía con una red de cable podrá ofrecer telefonía, las empresas deberán pensar qué servicios complementarios son capaces de atraer clientes. Lo cual puede no ser sencillo. La respuesta del público a algunos servicios interactivos -telecompra, vídeo a la carta- está siendo decepcionante. Hay explicaciones para todos los gustos. Algunos lo achacan a la lentitud y a la dificultad de atender simultáneamente a un gran número de demandas; otros hablan del agotamiento del usuario, que necesita software adicional para cada nueva utilidad.

La gente puede preferir pasarse por el vídeo-club antes que encargar vía cable una película. El vídeo a la carta se ha demostrado eficaz sólo a la hora de ofrecer títulos populares que suelen dar lugar a listas de espera en los establecimientos de alquiler. Además, algunas compañías están pensando en ofrecer servicios “casi a la carta” a través de la televisión digital. Ésta, al multiplicar el número de canales en un mismo soporte, permitirá ofrecer el mismo programa cada quince minutos, ofreciendo por tanto un servicio muy similar al del vídeo a la carta, pero con un coste menor.

En cualquier caso, la cautela domina el panorama de la televisión interactiva. Sólo el telebanco y en algunos casos la telecompra dan esperanzas. Por eso, compañías telefónicas como las Baby Bells norteamericanas, a la hora de plantearse su entrada en el mercado televisivo, apuestan por la televisión convencional en vez de la interactiva, que puede quedar como un servicio menor. En el fondo, se considera que la mejor interactividad es la que proporcionan las autopistas de la información.

Distintos servicios en una sola red

Las redes de comunicación, sobre todo Internet, están proporcionando servicios interactivos que despiertan interés. A través de vídeotex, en 1985, Los Angeles Times trató de ofrecer la información de su periódico a través de la red; sin éxito. Hoy, sin embargo, la mayoría de los periódicos y revistas importantes se pueden consultar a través de Internet. De todos modos, a veces es difícil conocer datos exactos de los usuarios de los servicios on line que proporciona Internet.

Además, el futuro de las publicaciones on line es todavía incierto. Sin duda benefician a los lectores lejanos, pero plantean nuevos problemas como la inclusión de la publicidad, o las ganancias adicionales que reclaman los articulistas y reporteros de esas publicaciones; no se sabe cuántas personas consultan una publicación -a veces, servidores como America Online o CompuServe se niegan a facilitar datos-, lo cual dificulta las negociaciones.

Otro fenómeno relacionado con Internet es la tendencia a la conjunción de los distintos servicios de telecomunicación en un único aparato multimedia. A través de la red, algunas compañías han comenzado a ofrecer servicio de telefonía al precio de una llamada local. Aunque todavía hay inconvenientes -mala calidad de la señal vocal, necesidad de que los extremos que desean hablar estén interconectados previamente-, es un botón de muestra de cómo Internet puede invadir campos que hace un tiempo le eran ajenos.

También a través de esta red se han hecho experimentos de vídeoconferencias o retransmisión de conciertos; la calidad es muy baja, pero NBC y Microsoft, mediante el programa StreamWorks, están tratando de paliar los inconvenientes con técnicas de compresión digital. Además, los CD-ROM pueden encontrar también una importante competencia en los productos que ofrece la World Wide Web a través de Internet.

La Expo de Internet

Internet puede revelarse como un magnífico escaparate para promocionar nuevos productos. Un caso llamativo ha sido el del sistema operativo Java, desarrollado por Sun Microsystems, que se ha ofrecido gratuitamente a través de Internet. Los profesionales de la informática lo han acogido muy bien, y se asegura que puede revolucionar el mundo de la programación. Lo cierto es que la calidad de un producto, como saben tantas empresas, no es garantía de su éxito; en cambio, la gran difusión lograda gracias a la red puede suponer su consolidación.

Los numerosos foros existentes en la red acogen una variada oferta de servicios. Pero la organización de una Exposición Mundial de Internet para 1996, en la que, al modo de las ferias tradicionales, los expositores muestran sus productos al gran público, puede ser un importante impulso para la televenta. Los escépticos recuerdan que no se podrá acceder al producto real, pero al menos supondrá un conocimiento bastante amplio de su precio y prestaciones. Los responsables de la iniciativa afirman que la Exposición está siendo visitada diariamente por 40.000 personas de más de 40 países. Una de las originales aportaciones de los organizadores -con el apoyo de MCI y la japonesa KDD- es la creación de un camino para conducir la información, el más rápido hasta la fecha, lo cual aumentará la actual capacidad internacional de Internet.

Desregulación en Estados Unidos

En este panorama, va a ser decisiva la nueva situación que se avecina en Estados Unidos. El pasado 1 de febrero el Congreso norteamericano aprobó una ley de telecomunicaciones que sustituye a una normativa obsoleta, que se remontaba a 1935. La clave de la nueva ley es la desregulación. A partir de ahora se liberaliza notablemente la oferta de servicios e infraestructuras en el campo de las telecomunicaciones. Las consecuencias son difíciles de prever. Algunos analistas apuntan que los grandes beneficiados de la libre competencia serán los consumidores, que verán abaratados los distintos servicios; pero los menos optimistas aseguran que los planes estratégicos para competir con las demás compañías tendrán un coste elevado que finalmente repercutirá en el cliente.

Hasta ahora, las compañías telefónicas en Estados Unidos competían entre sí sólo en el tráfico a larga distancia. AT&T, MCI y Sprint son los tres operadores que se disputaban este campo, que anualmente mueve 76.000 millones de dólares. En telefonía local, las siete Baby Bells -que surgieron de la división de AT&T hace más de diez años- han estado operando en régimen de monopolio en sus respectivas zonas de influencia, repartiéndose una tarta de 96.000 millones de dólares.

Libre competencia a cualquier distancia

Con la nueva legislación, las compañías que operan a larga distancia podrán entrar en el mercado regional, mientras que las Baby Bells podrán ofrecer sus servicios en todo el territorio nacional. En lo que se prevé una feroz competencia, las compañías regionales pueden jugar con ventaja, ya que es más sencillo crear una infraestructura que permita cubrir todo el país, o extensas zonas, que crear una red local que llegue a todos los hogares y empresas de una determinada población. Al menos en un primer momento, las operadoras de larga distancia no tendrán más remedio que alquilar las capacidades de las compañías regionales para revenderlas a sus clientes, lo cual puede limitarles durante años.

A no ser que decidan que la conexión a los hogares prescinda del cable en la etapa final, y se haga por el aire. El inconveniente reside en la limitación del ancho de banda disponible, y por tanto de las llamadas simultáneas que se pueden encauzar. Esta estrategia es la que están estudiando algunas Baby Bells para llegar a las zonas donde no están implantadas. Otras, como Nynex, han hecho una fuerte inversión para la creación de una red mundial de cable: la FLAG o Enlace de Fibra “ptica Global.

También se debe tener en cuenta la existencia de redes en algunos países que podrían ofrecer capacidad para transportar la señal telefónica o de televisión. Es el caso de las compañías eléctricas, que en muchos casos tienen un amplio cableado de fibra óptica en extensas zonas.

Todo por el cable

A partir del 31 de marzo de 1999, en Estados Unidos se producirá otra importante novedad: los operadores de cable podrá ofrecer telefonía, y las compañías telefónicas, servicios de vídeo. Esta participación de las compañías de telecomunicaciones en campos que inicialmente no son los suyos puede alterar bastante las cuotas de mercado de las distintas empresas. Especialmente de las compañías regionales, que ven cómo se rompe en pedazos lo que era una cómoda situación de monopolio, al poder ofrecer las operadoras de televisión por cable un enlace local para el servicio telefónico. De todos modos, un problema sin fácil solución para los operadores de televisión por cable será discriminar los clientes que desean telefonía de los que no la quieren.

Algunas compañías empiezan a tomar posiciones preparándose para la citada fecha. US West compró a finales de febrero Continental Cablevision, el tercer operador de televisión por cable en Estados Unidos. También se dice que las operadoras telefónicas de larga distancia podrían aliarse con las compañías de televisión por cable para puentear a las Baby Bells: es lo que podría hacer Sprint con TCI.

Europa: vía libre

El pasado 1 de enero, una directiva de la Comisión Europea anunciaba la liberalización de las telecomunicaciones en la UE. Gracias a esta normativa, las redes de televisión por cable podrán proporcionar todo tipo de servicios multimedia. En cambio, la red de telefonía deberá esperar a 1998 para hacer lo propio, lo cual ha provocado quejas por parte de las compañías telefónicas. El retraso, sin embargo, tiene su lógica si se piensa en los distintos grados de penetración del cable: Benelux (90% de los hogares), Alemania (64,6%), Francia (25,8%), España (8,1%).

La Comisión Europea quiere que se den condiciones de cierta igualdad entre los distintos competidores: de ahí la propuesta del comisario de la Competencia, Karel Van Miert, encaminada a poner freno a posibles monopolios, por las posiciones ventajosas desde las que pueden partir determinados grupos. También Mario Monti, comisario de Mercado Interior, estudia una directiva para impedir monopolios en los medios de comunicación. La dificultad estriba en definir cuándo un medio se ha hecho demasiado grande.

Así, las negociaciones entre telefónicas y grupos de comunicación en Alemania y España han creado polémica. Algunos observadores consideran que se están realizando al margen de las resoluciones de la Comisión Europea. Es lo que se argumenta en contra de la alianza entre Telefónica, el monopolio estatal español, y Canal +, televisión privada de pago, para explotar la televisión por cable.

También en Alemania hay un plan de liberalización, con restricciones para las empresas que parten con ventaja. El proyecto de ley alemán prevé la concesión de licencias a los operadores para redes de telefonía u oferta de servicios; sólo habrá limitaciones en el dominio de las ondas hertzianas. Pero los operadores que dispongan de red estarán obligados a permitir que la usen los proveedores de servicios que carezcan de ella.

El Reino Unido, que lleva delantera a sus socios de la UE en la desregulación, se ha convertido en un verdadero campo de pruebas para los norteamericanos. Empresas del cable y de telefonía como TCI y US West han pactado alianzas con empresas de televisión, para experimentar con nuevos servicios de telecomunicación o librar guerras de precios. Algunas reacciones del público potencial -por ejemplo, las pocas suscripciones a la televisión por cable- han provocado sorpresas y han vuelto más cautas a las empresas. El comentario de Alan Bates, ejecutivo de Bell Cablemedia, define bien el sentir general: “Las cosas no funcionan como se esperaba”.

Hay dudas sobre el alcance de las nuevas tecnologías, y temores de que el mercado esté saturado. En consecuencia, las políticas empresariales han de ser redefinidas sobre la marcha. Y es que no existe un infalible libro de recetas.

Atascos en la autopista

Una de las quejas más oídas sobre Internet es su lentitud. Para mejorar en este aspecto, algunos usuarios han cambiado su viejo cable telefónico por líneas especializadas que pueden soportar un mayor flujo de datos. Pero con esto solo no se arregla el problema. La razón principal de la tardanza en el acceso a la información proviene de su naturaleza distribuida y caótica, que la convierte a veces en terreno de nadie. La red ha conocido un asombroso crecimiento del número de usuarios, lo que ha provocado protestas de algunos, especialmente empresas, que piden una limitación a la conexión de particulares. De todos modos, no parece que se vaya a dar tal control.

Los atascos se producen en los sitios más populares; aparte de la solución obvia de limitar el tráfico en las rutas congestionadas, se ha propuesto el uso de “cachés”. Las páginas de la Web visitadas en los últimos días podrían almacenarse en el disco duro de un gran ordenador. Así, antes de introducir al usuario en Internet, se comprobaría si está allí la información solicitada. Pero la idea no contenta a todos: plantearía problemas de copyright con la información copiada e impediría a las empresas conocer el número de personas que han consultado su información. Pero al menos, contestan los partidarios, sabrán que la consulta no se ha perdido en el atasco.

También se ha señalado que Internet bien merece inversiones en serio. Para hacerlas, no habría más remedio que cobrar a los usuarios por la mejora de la infraestructura. La fibra puede ser rápida, pero los routers, que conducen el flujo de información, frenan la transmisión. Es difícil crear mejores routers, pues mientras la potencia de los ordenadores se duplica cada 18 meses, el tráfico lo hace en sólo 9. Más factible es tender nuevos caminos en la red; pero esto también tiene su complicación -han de hacerse nuevos enlaces con los otros routers y poner todo al día- y por consiguiente, su coste.

José María Aresté

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