“Nos conocimos on line”

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Duración lectura: 14m. 33s.

Dios, matrimonio e Internet
Hoy día en Internet uno puede encontrar cualquier servicio que necesite. ¿También si se trata de buscar mujer o marido? ¿Por qué no? Más allá del “chating” adolescente o del ligue ocasional, iniciativas serias y bien orientadas por personas con una profunda fe y mucho sentido común tienen una excelente acogida en América. Su objetivo: poner en relación a solteros católicos que quieren casarse con alguien que comparta la visión cristiana del matrimonio y de la familia.

La idea de usar Internet para buscar al futuro cónyuge parece de entrada peregrina o incluso arriesgada. ¿Puede surgir la química “on line”? Pero en este mundo cada vez más global en que estamos no hay por qué desdeñar este medio, entre otros, para conocer a la persona adecuada.

A veces los círculos en que uno se mueve son demasiado cerrados y no siempre es fácil ampliar las amistades en el propio ambiente. Además, si se trata de encontrar a alguien que comparta las mismas convicciones sobre el matrimonio, puede ser más fácil establecer contactos en una web que selecciona a ese tipo de personas.

Después de todo, la probabilidad de encontrar a la persona adecuada en una web de este estilo no es menor que la de dar con ella porque casualmente nos la presentan en un bar un sábado por la noche.

Las agencias dedicadas a procurar contactos entre personas deseosas de casarse tienen su papel desde hace tiempo. Internet ha ampliado sus posibilidades. Pero lo peculiar de los portales que aquí interesan es que se dirigen a católicos que quieren vivir el matrimonio y la familia conforme al ideal cristiano, con su belleza y su exigencia.

Convicciones comunes

En 1998 el estadounidense Anthony Buono inició una “web” dirigida a solteros católicos que buscan casarse. La llamó Single Catholics on Line (SCOL). ¿Qué podía mover a meterse en semejante “negocio” a un joven padre de familia con suficientes quebraderos de cabeza? El mismo Buono explica sus razones, las mismas que él padeció durante algún tiempo: las dificultades que muchos católicos solteros tienen para encontrar personas comprometidas con su fe que quieran casarse.

Esas dificultades hacen que algunas personas acaben frustradas, o que terminen por bajar el listón de “exigencia” en el ámbito religioso. Se da así el caso (común en EE.UU., pero también en otros países) de matrimonios de una persona practicante con otra que no lo es, a veces con la idea de que la otra persona cambiará. Sin embargo, lo que puede ocurrir es que el católico ceda en su práctica o se produzcan constantes roces en materias como la educación o la anticoncepción, entre otros asuntos.

La página de Single Catholics On Line (SCOL) pasó a llamarse en el año 2000 Ave Maria Singles (AMS) al asociarse con la fundación Ave Maria promovida por Tom Monaghan, el conocido empresario fundador de la cadena Domino’s Pizza (Monaghan tiene a gala que las iniciativas de su fundación lleven el nombre Ave Maria). La ayuda de Monaghan fue fundamental para crecer de 3.000 miembros a 6.000 en un solo año. Desde junio de 2004, AMS tiene su homónimo para el mundo hispanohablante, Solteros del Ave María (SAM), dirigido por la peruana Rocío Valencia.

Una razón para la esperanza

Un servicio de este estilo tiene sentido en la medida en que conecta a personas que están en armonía con los mismos valores. AMS parte del matrimonio como vocación y camino de santidad y de Dios como el actor fundamental en todo ello. Declara abiertamente que se dirige a católicos practicantes, fieles a la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, y que le interesa más la calidad que la cantidad de los socios. Quien quiera buscar en un colectivo más amplio, mejor que busque en otros servicios. Este elevado ideal es compatible con una gran profesionalidad, sentido común y buen humor.

Con algunas peculiaridades propias de EE.UU., tanto el portal anglo (www.avemariasingles.com) como el hispano (www.solterosdelavemaria.com) son lugares donde, si no se tienen prejuicios, es posible conocer a gente muy interesante y, si Dios quiere, con tiempo y paciencia, a la persona adecuada para contraer matrimonio. Pero además el simple hecho de “ver” a muchas personas que están en la misma situación y comparten un mismo ideal, alienta a ser un buen católico.

Anthony y Bridget Buono tienen seis hijos en la actualidad y una absoluta dedicación a lo que consideran con gran razón un importante y vital apostolado cuyos frutos ya se están viendo: casi 9.000 socios del portal, 317 matrimonios (y muchas nuevas vidas), 118 compromisos, más de mil miembros en relaciones serias y, simplemente, personas que, como dice el lema del servicio, tienen una razón para la esperanza.

Sin duda alguna la civilización del amor se construye de muchas maneras. Pero parece evidente que una de ellas, quizás de las más importantes, es a través de amistades que puedan desembocar en noviazgos que a su vez puedan hacerlo en matrimonios capaces de constituirse en familias cristianas.

Con ánimo de casarse

AMS y SAM no son una simple “web” de contactos, tampoco una agencia para católicos que quieran simplemente conocer y salir con otros católicos. Son un servicio fundamentalmente dirigido a católicos solteros, practicantes, que aceptan la doctrina de la Iglesia respecto al matrimonio y al noviazgo; esos mismos que saben lo difícil que es hoy en día encontrar a personas con las mismas convicciones y estilo de vida.

Evidentemente esto no implica que la mayoría de las relaciones que se inician a través de AMS o SAM no acaben en una simple amistad: es lo normal.

Como ocurre en la vida “off-line”, uno tiene amigas o amigos primero, luego puede iniciarse una relación más estrecha con algunos y, a veces, sólo a veces, uno encuentra a la persona adecuada con la que se emprende un noviazgo que no siempre desemboca en boda, ya que éste es un periodo, precisamente, de mutuo conocimiento.

¿Cómo funciona?

Ser socio del portal comporta una cuota de afiliación que, en comparación a otros portales similares, se puede considerar cara: 99 dólares en el caso de AMS y 30 en el caso de SAM, con variaciones según los servicios incluidos. También, a diferencia de otros, no se permite un periodo de prueba: con una sola cuota se es miembro con carácter permanente (aunque se puede estar inactivo y en consecuencia oculto para los miembros); no hay que hacer renovaciones. Esto dota al servicio de una mayor seriedad y compromiso.

Pero lo más importante es la información que cada nuevo miembro tiene que aportar al completar un amplio cuestionario. El tipo de preguntas, el modo de hacerlas, el enfoque netamente católico y las opciones que da para que cada persona tenga la oportunidad de manifestar quién es y qué busca es lo que explica el éxito de AMS y SAM.

En primer lugar hay un breve perfil que corresponde escribir al interesado y será como el “resumen” de cada persona. Luego hay que contestar al cuestionario, que cubre aspectos muy diversos. En primer lugar el estado civil, ya que hay gente viuda, soltera y también personas cuyo matrimonio ha sido declarado nulo; también si se tienen hijos; posición sobre los hijos (si se quieren, cuántos, etc.); dónde has nacido y dónde vives; raza; grado de educación; si eres católico de nacimiento o converso; la visión que uno tiene sobre algunas cuestiones de la doctrina de la Iglesia, el aborto, la contraconcepción; el tipo de personalidad que uno tiene y el tipo de persona que está buscando; el trabajo que uno hace; las actividades culturales y de ocio, sus intereses, aficiones, etc. También se pide a los miembros encarecidamente que incluyan una foto actual.

Rellenar bien el cuestionario lleva mucho tiempo: por eso se da la oportunidad de completarlo más adelante.

Seguir las instrucciones

Una vez que uno es miembro, ¿qué ocurre? Que puede “buscar” entre los miembros del sexo opuesto según los más variados criterios: edad, situación geográfica, opiniones, formación, etc. Y que también su perfil está accesible a la búsqueda que realicen otros miembros del sexo opuesto. Efectivamente, puede parecer un sistema frío que se basa en una simple base de datos, bastante completa y sofisticada. Pero también permite centrar mejor la búsqueda.

Es fundamental seguir los consejos y orientaciones que el portal da al respecto: son años de experiencia en el servicio y saben perfectamente qué funciona y qué no. Para empezar, se debe tener una actitud abierta. El sistema permite impedir que te escriban personas que, por ejemplo, rebasan cierta edad, viven a determinada distancia, o presentan cualquier otro factor. AMS y SAM aconsejan no establecer filtros de bloqueo para otros miembros y estar abierto a todos, pero no todos los miembros lo hacen, por razones muy diversas.

Actitud activa

Lo segundo, tener una actitud activa. Si bien AMS y SAM son servicios con pocos miembros en comparación con otros similares, incluso católicos, lo cierto es que hay muchas personas. Escribir a un miembro que pensamos es interesante no significa hacerle una proposición de matrimonio, ni en el caso de hombres ni en el de mujeres. Y si uno quiere tener posibilidades de éxito, ha de mostrarse activo pero con cabeza.

AMS y SAM desaconsejan “escribir por escribir” y mucho menos enviar el mismo mensaje despersonalizado a varias personas que simplemente cumplan con nuestros requisitos o deseos. Es conveniente tomarse tiempo, rezar, leer con mucha tranquilidad los perfiles de diversos miembros, escribir a varios con cartas personalizadas que muestren que uno está interesado y ha leído su perfil, y que simplemente se desea conocer un poco a esa persona.

Uno puede escribir y que no le contesten. AMS y SAM recomiendan contestar siempre, aunque sólo sea con un “No estoy interesado”, por cortesía y caridad cristiana. A veces la otra persona simplemente no contesta y no hay que tomárselo a la tremenda.

Calma, sentido del humor y sobrenatural

La paciencia y el tiempo son dos herramientas fundamentales en AMS y SAM; y el sentido del humor y el sobrenatural, tanto al inicio como durante relaciones que parecen más consolidadas. Hay que disfrutar con el proceso y pasárselo bien, es una de las claves del éxito. Conocer a una persona en Internet e iniciar una relación puede ser algo muy emocionante y considerablemente romántico, pero debe ser hecho con calma y es mejor ser prudentes que lanzados.

En definitiva todo esto es algo así como las antiguas cartas de nuestros abuelos: un sistema estupendo para conocer inicialmente a la otra persona, si es que la gente quiere darse a conocer, por supuesto, y tiene, también, interés por uno. En cualquier caso conviene no hablar de amor ni de compromiso hasta conocerse en persona.

Puede suceder que transcurridas unas semanas o meses de correos intercambiados uno quiera hablar con la otra persona por teléfono o verla. El teléfono puede completar el conocimiento por carta. Con gran sentido común AMS y SAM aconsejan dejar pasar dos o tres meses antes de emprender ningún viaje para verse personalmente. Recomiendan que sea el hombre quien viaje para conocer a la mujer, siempre que sea posible.

Puede suceder también que, sin previo aviso y tras una correspondencia que parecía prometedora, la otra persona deje de escribir. AMS y SAM aconsejan siempre actuar de modo sincero y comprensivo. A veces una persona está escribiendo a varias a la vez, porque escribir a alguien no significa adquirir ningún compromiso. Aunque lo cristiano y sincero es decir siempre en qué situación se está, las cosas no son siempre fáciles, a lo que se suman, en muchos casos, malentendidos, presunciones o, también, las diferencias culturales si quienes se escriben son personas de diferentes países.

Ni en Internet ni en la vida se acierta a la primera. Pero hay también otra razón fundamental: el tiempo y el ritmo de Dios no es el nuestro y, como ambos servicios recuerdan, hay que dejarle a Él llevar las riendas y confiar (sin dejar de permanecer activos).

De la amistad al noviazgo

Si la amistad entre hombre y mujer es, como señalaba Julián Marías, uno de los logros del siglo XX, no parece que estemos haciendo jugar este dato a nuestro favor. Y es que hay una extendida inmadurez (a los 20 y a los 40) que lleva al fracaso matrimonial y vital, como demuestran las simples estadísticas.

Para evitarlo es ilustrativa una de las lecturas recomendadas en estos portales: “Christian Courtship in an Oversexed World” (Our Sunday Visitor Publishing, 2003), un libro divertido y sensato escrito por el sacerdote Thomas G. Morrow.

El libro de T.G. Morrow trata sobre por qué y cómo podemos hacerlo mejor, de acuerdo con el magisterio de la Iglesia y la naturaleza humana, que ambas cosas van parejas. Con la idea de que hay que tenerlo claro no sólo en la cabeza sino, muy especialmente, en el corazón, ámbito por donde se cuelan muchas insidias. Por eso, el texto de Morrow no es un libro de moral sino, a su manera, un libro de autoayuda con orientaciones llenas de sentido común y humor.

El libro tiene en cuenta que nuestro fin, el de cualquiera, soltero, casado o viudo, es irnos al cielo. Así que hay que plantearse si esta persona con la que queremos casarnos nos va a ayudar a dicho fin.

¿Un católico ha de casarse siempre con católicos? No, pero conviene saber muy bien qué piensa esa persona sobre nuestras convicciones. Y, por supuesto, tener muy en cuenta que ser católico nominal no garantiza hoy nada. Tampoco ser un buen católico es garantía de afinidad, porque además de las convicciones hay otros aspectos a tener en cuenta (carácter, aficiones, modo de vida, etc.). De igual forma debería saberse qué piensa esa persona sobre los hijos, si está abierto a la vida. Y otros datos importantes que hoy la gente pasa por alto, como, por ejemplo, el consumo de drogas. Hay señales rojas que, por mucho que se esté enamorado de una persona, deberían hacernos recapacitar antes de iniciar o continuar una relación.

No te cases para cambiarle

“Si quieres cambiar a alguien, no te cases con él, hazte religioso”, aconseja Morrow con humor. El matrimonio no es el lugar adecuado para cambiar a una persona, precisamente porque se comparten muchas cosas.

La persona con la que uno se case debe ser tu mejor amigo, esta es una de las claves por mucho que nos bombardeen con románticos flechazos. De igual manera conviene distinguir y no acelerar las fases habituales de cualquier relación y sus tiempos: conocidos, amigos, salir juntos, hacerse novios, compromiso, matrimonio. Todos conocemos casos excepcionales que han salido bien, como el de nuestra tía Eduvigis que tuvo un encuentro en un tren, descubrió al amor de su vida y en tres meses se casó y ha sido muy feliz; pero por tres tías Eduvigis hay tres mil casos que demuestran lo contrario.

Dinero y lucha personal

La química es importante pero no es lo único importante; la excesiva dependencia de los padres, algo a temer. De igual modo, algo fundamental hoy en día es cómo utiliza el dinero esa persona. Si uno está acostumbrado a ponerse encima lo que gana o a no ahorrar, difícilmente podrá abordar las responsabilidades del matrimonio y de una familia.

De igual manera Morrow recuerda que es elemental tener un medio de vida si uno se plantea ser novio de alguien y recuerda que a edades tempranas, cuando no existen posibilidades de un matrimonio cercano, es mejor conformarse con ser amigos: ni noviazgos cortos de menos de dos años ni muy largos son aconsejables.

¿Esa persona quiere mejorar? Una cosa es que no cambiemos a nadie y otra que las personas no tengan deseos de ser mejores para sí mismas y los demás. Si una persona no es capaz de luchar, no podrá ser un buen marido o una buena esposa.

Morrow explica también las diferentes clases de amor, siguiendo a C.S. Lewis, así como las etapas de amigos a marido y mujer. Junto a todo lo relativo a la castidad, el libro aborda la comunicación entre hombre y mujer, el necesario cortejo, qué contar y qué no sobre pasadas relaciones o vidas complejas, etc. De lo mejor del libro es todo lo relativo a cómo disfrutar de la soltería, un aspecto a veces minimizado y que lleva a buscar desesperadamente novio o novia con desastrosos resultados. Pese a algunas puntuales peculiaridades propias del contexto estadounidense, el libro es recomendable para públicos de todas las latitudes.

Isabel Herrera