Louise Glück: la profundidad de las palabras sencillas

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Louise Glück (CC Jakson2204)

 

El Nobel de Literatura vuelve a la normalidad con Louise Glück (Nueva York, 1943). Atrás han quedado la polémica de Bob Dylan de 2016 y los escándalos en la organización en las pasadas ediciones. Como en el caso de la polaca Wisława Szymborska, 26 años después el Nobel destaca a una poeta desconocida para el gran público, aunque es una de las figuras más importantes de la poesía contemporánea norteamericana.

Louise Glück es autora de doce libros de poesía, siete de ellos disponibles en España en la editorial Pre-Textos, y una colección de ensayos. Ha recibido los premios y reconocimientos más prestigiosos de su país: el Premio Nacional de la Crítica, por El triunfo de Aquiles; el Pulitzer, en 1993 por El iris salvaje, una de sus obras más influyentes y renovadoras; el William Carlos Williams de la Poetry Society of America. Es poeta laureada por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, medalla al Mérito MIT y miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras. En 2015, Barack Obama le otorgó la Medalla Nacional de Humanidades. Actualmente, es profesora de lengua inglesa en el Williams College de Massachusetts y titular de la Cátedra de Literatura en la Universidad de Yale.

Nacida en una familia acomodada, hija de un hombre de negocios, Louise Glück tuvo una infancia en Long Island marcada por la muerte de una hermana antes de que ella naciera. “Su muerte no fue mi experiencia, pero su ausencia sí lo fue… Su muerte me dejó nacer”.

“Me atraen las elipsis, lo no dicho, la sugerencia. Lo que no se dice, para mí, ejerce un gran poder”

Desde muy joven sufrió una anorexia nerviosa, que superó con el paso de los años. Aunque estudió en dos universidades prestigiosas, a causa de su enfermedad no se graduó. Descubrió la poesía en William Blake, T.S. Eliot y W.B. Yeats: “Sentí que ellos no eran solo mis maestros, sino las personas con las que podría hablar”. Prácticamente, desde su primer libro en 1968, obtuvo el reconocimiento unánime de la crítica y los lectores.

El poder de la elipsis

Los poemas de Louise Glück son de una gran intensidad. Y, sin embargo, no lo parecen, porque escribe de una manera seca, sencilla y transparente, sin retóricas, ni emociones o sentimentalismos: “Me atraen las elipsis, lo no dicho, la sugerencia. Lo que no se dice, para mí, ejerce un gran poder”. Une lo reflexivo y lo narrativo con un desapego y distanciamiento irónico que no le impide situar al lector ante situaciones trágicas y verdades absolutas: “Al final del sufrimiento / me esperaba una puerta. / Escúchame bien: lo que llamas muerte / lo recuerdo”.

A partir de algunos detalles se aproxima al asunto que quiere tratar, cargándolo al mismo tiempo de una reflexión que empuja al lector contra sí mismo: “Este es el momento en que de nuevo ves / las bayas rojas de la ceniza del monte / y en el cielo oscuro / las migraciones nocturnas de los pájaros. / Me entristece pensar / que los muertos no van a verlas: / esas cosas de las que dependemos / desaparecen”.

Dicen algunos críticos que de esta lectura no se sale indemne. Louise Glück lleva al lector a repensar sus certezas, a llegar hasta lo más profundo de una experiencia poética que surge de la observación y el desvelamiento de la realidad. No es tanto comunicación lo que busca, comenta uno de sus traductores, sino exploración de lo que hay ahí, conocimiento; una actitud que se asimila a la de los poetas místicos.

Su poesía es autobiográfica. Forman parte de sus versos su infancia, sus padres, su vida en familia, su enfermedad, el paso del tiempo, su matrimonio, el amor, el propio conocimiento, la naturaleza, su descreimiento, sus dudas existenciales, su angustia, la grandeza y la sencillez de la vida: “Así se vive cuando tienen un corazón helado. / Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría, / bajo las copas inmensas de los arces. / El sol apenas me alcanza”. Sus temas son los que vive cualquier otra persona, que ella convierte en instrumento para hablar desde su particular perspectiva de la experiencia humana. Por eso, la Academia Sueca destaca “su inconfundible voz poética que a través de una belleza austera hace universal la existencia individual”.

Cercanía con el lector

En sus poemas, la autora habla como si estuviéramos junto a ella (“Hablo ahora / como lo haces tú. Hablo / porque estoy destrozada”), analizando un problema, un mito, el paisaje o su dolor. Crea un ambiente de cercanía, de apariencia engañosamente sencilla, que estalla en una reflexión que no deja indiferente al lector. “Un verano sale al campo, como de costumbre, / se para un momento en el estanque donde suele / mirarse para ver si detecta algún cambio. / Ve a la misma persona, la túnica horrible / de su condición de hija aún sobre sus hombros”.

Su lenguaje llano y directo refleja la tradición confesional de la poesía norteamericana y la variedad de sus fuentes religiosas y culturales: la hebrea (sus padres son de origen judío), la cristiana y la grecolatina. Pero su voz más propia es la que revisa las tradiciones de la literatura griega, especialmente en su poemario Averno, uno de sus títulos más destacados. Esquilo, Sófocles y Homero, la Orestíada, la Ilíada y la Odisea, Edipo Rey: todas las tragedias aparecen en la poesía de Louise Glück. El mundo clásico y los mitos han sido uno de sus grandes temas. Su voz los ilumina y actualiza con nuevos significados que, no obstante, también son los de siempre: “El gran hombre le da la espalda a la / isla. / Su muerte no sucederá ya en el / paraíso / ni volverá a oír / los laudes del paraíso entre los olivos, / junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses” (“La decisión de Odiseo”).

Recoge también Louise Glück la influencia y las técnicas de una narrativa americana minimalista, con las que potencia la intensidad de sus versos. Poniendo el foco en apenas una anécdota desata suavemente, con palabras sencillas, la intuición de una historia y sus consecuencias en los protagonistas. Son los poemas narrativos los más asequibles de una obra, fácil en apariencia, muy elaborada y exigente, de quien en sus indagaciones a menudo encuentra una desolación contenida, un frío desengaño y que “Una terrible soledad rodea a todos los seres que confrontan la mortalidad”.

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