La difícil lucha contra el aborto por razón del sexo

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Duración lectura: 3m. 13s.

Contrapunto
Aunque desde 1994 la India prohíbe el diagnóstico prenatal del sexo para evitar los abortos de niñas (ver servicio 115/94), la medida parece que no ha surtido efecto. Recientemente las dos asociaciones profesionales de médicos de la India han pedido oficialmente a sus miembros que se abstengan de proporcionar servicios de determinación prenatal del sexo y que se opongan de una manera activa al aborto selectivo de niñas. En dicho país, al igual que en otros asiáticos como Corea del Sur y China (ver servicios 73/96 y 10/97), la práctica del aborto por razón de sexo se mantiene, pese a prohibiciones legales o arduas campañas al respecto.

Parece fácil echar la culpa a algunas culturas orientales, sobre todo si uno es occidental. La pervivencia de la dote como una carga imposible de soportar para muchas familias, la separación radical de la familia de origen que implica el matrimonio para las mujeres, las restricciones legales o simplemente prácticas en materia de trabajo o derechos civiles, así como otras tradiciones confluyen en la baja consideración social de la mujer, aun con variaciones de unos países asiáticos a otros. La consecuencia más grave de esto era, tradicionalmente, el infanticidio, mientras que hoy lo es el aborto. Con esto se quiere decir que la vida de una mujer vale menos que la de un hombre o, también, que es mejor que no nazcas si eres una mujer, tanto para ti como para los demás.

En este sentido algunas culturas tradicionales pueden tener una parte de culpa al respecto pero, desde luego, no toda. Y es que no es muy razonable elaborar un discurso de defensa de la vida de las niñas en países donde el aborto en general está legalizado y el gobierno presiona a favor de las familias con uno o dos hijos. Y mucho menos emplear argumentos convincentes.

Resulta muy difícil hacer comprender a un ciudadano indio, coreano o chino por qué la vida de una niña es tan importante como la de un niño cuando, según la ley que permite el aborto, la vida del concebido y no nacido sólo es importante si sus padres, los médicos y el gobierno acuerdan que lo es. ¿Puede un gobierno, más allá de la penalización, esgrimir una razón convincente para que una mujer no aborte si es niña lo que espera mientras le anima a hacerlo si es el tercer descendiente que tiene? La respuesta es no.

Muchas veces el tema del aborto por razón de sexo nos permite crear un cierto espejismo de consenso. Sí, es un tema en el que todo tipo de feministas, conservadores, progresistas y otros muchos pueden “estar de acuerdo”, sobre todo en lo que respecta a las grandes conferencias internacionales. Y resulta muy agradable poder estar de acuerdo todos en algo, esta es la verdad. Pero la prueba de que este consenso y frente común no funciona en la práctica es que el aborto por razón de sexo sigue realizándose. Esto es así porque ningún acuerdo por muy mayoritario que sea puede hacer olvidar la gran incoherencia que sustenta su argumentación.

Sí, es terrible que la gente aborte porque es niña lo que viene, pero lo es, no porque sea una niña únicamente, sino porque es una vida, como lo sería igualmente si fuera un niño, un disminuido psíquico o físico, el cuarto hijo, etc. Y no hay discurso formal a favor de la mujer o de la niña que valga allí para romper esa práctica, si no hay primero un discurso sobre la dignidad de la persona, cualquier persona, sea “la” o “el” no nacida/o.

Aurora Pimentel

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