Por qué la realidad aumentada, y no la virtual, dominará el metaverso

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 2m. 4s.
pexels-photo-6498717

Para Mark Zuckerberg, el metaverso entrará en nuestras vidas en un futuro no muy lejano, y las cambiará por completo. Elon Musk es más escéptico: no ve al ciudadano medio atándose “una maldita pantalla a su cara todo el día”. Según Louis Rosenberg, ambos tienen razón: el metaverso realmente tendrá un impacto importante en nuestro día a día, pero nuestra experiencia de él no estará mediada por la realidad virtual. Así lo explica en un reciente artículo para Big Think.

Rosenberg no es un cualquiera en el campo de las tecnologías. Ya siendo estudiante en Stanford, participó en un programa de colaboración con la NASA para desarrollar un sistema de realidad virtual. Más adelante fundó su propia compañía en este campo, Immerson Corporation. Ahora se dedica fundamentalmente a la inteligencia artificial. Sin embargo, se le conoce sobre todo por ser el padre de la realidad aumentada.

Precisamente el uso de esta tecnología es el punto que Rosenberg considera central para el futuro del metaverso. Al igual que Musk –pero con la diferencia de que él ha trabajado en su desarrollo–, cree que la realidad virtual tiene unas limitaciones innatas: el hombre siente una aversión natural a separarse de su entorno. Por mucho que mejoren los sistemas de acceso (es decir, la capacidad de inmersión), el sentimiento de extrañeza, de disociación frente al mundo real, seguirá ahí; es más, puede que aumente.

Según Rosenberg, solo nos sentimos cómodos cuando “todas las señales sensoriales (vista, sonido, tacto y movimiento) están alineadas para alimentar un único mapa mental del mundo en el cerebro”. Con la realidad virtual esto se rompe, pues, por muy realista que sea la representación digital, seguimos sintiendo que estamos disociados: por un lado, nuestro cuerpo, sentado o de pie en una posición y dirección concretas, tocando el suelo con los pies; por otro, nuestra mente, recibiendo un aluvión de estímulos visuales. En cambio, la realidad aumentada integra los elementos digitales, sin necesidad de que sean ultrarrealistas, en nuestra realidad “real”, que el cerebro percibe como única.

Por ello, Rosenberg piensa que la interacción digital del futuro (y no solo el metaverso, también el mundo de las comunicaciones) será dominada claramente por la realidad aumentada. La realidad virtual, en cambio, quedará reservada para actividades cortas, recreativas y ocasionales, como jugar a videojuegos o visitar un museo.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Funcionalidad exclusiva para socios de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres socio conéctate a tu cuenta para poder comentar. Si aún no eres socio, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.