Estadísticas maltratadas

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Duración lectura: 3m. 40s.

La prensa está llena a diario de estadísticas que se utilizan como argumentos y que casi nadie se molesta en comprobar. Jerry Adler comenta en Newsweek (25-VII-94) las manipulaciones que se realizan con las cifras.

Como botón de muestra, el articulista se refiere a las cifras que a veces se dan sobre el número de mujeres norteamericanas que son maltratadas por sus maridos, ex maridos o amantes. En un artículo de Time se daba el número de 4 millones cada año; en otro de Newsweek se hablaba de 2 millones. Los dos se basaban en fuentes serias: el de Newsweek, en un informe de un sociólogo de la Universidad de Rhode Island, reconocido como una autoridad en la materia; el de Time en un artículo del Journal of American Medical Association. Pero ninguno de los dos está de acuerdo con un estudio del Ministerio de Justicia, según el cual los crímenes contra las mujeres ascienden a 2,5 millones al año, incluidos robos, violaciones y ataques obra de desconocidos (el estudio se basaba en entrevistas, y no en informes policiales, que subestiman las violaciones y agresiones domésticas). Y ninguna de estas cifras se acerca a lo que asegura el National Clearinghouse for the Defense of Battered Women, según el cual “unas 800.000 mujeres sufren palizas cada año” sólo en el Estado de Pennsylvania (Estado que representa un 5% de la población del país).

Si puede ser difícil contar las mujeres golpeadas, las asesinadas no deberían ofrecer dudas. Pero tampoco las cifras coinciden. El FBI Uniform Crime Report dice que cada año son unas 1.400 las mujeres a las que matan sus maridos o amantes, lo que representa apenas la tercera parte del total de mujeres asesinadas. Pero el Center for Women’s Policy Studies, citando un estudio de 1981, afirma que son 4.000 las mujeres que mueren a manos de maridos o amantes. Sin embargo, el número total de víctimas femeninas de homicidio fue sólo 4.936 en 1992, según cifras del FBI. A su vez, una “relación de hechos” de la American Medical Association asegura que la violencia en la familia “causa en cinco años tantas muertes de mujeres como el número de norteamericanos que perdieron la vida en la guerra de Vietnam”. Lo cual supondría 10.000 homicidios de mujeres al año, más del doble de la cifra del FBI.

Esto, dice el articulista, hace sospechar que muchas de las estadísticas que se ofrecen a los norteamericanos provienen de fuentes menos interesadas en medir un problema que en demostrar que la situación es peor de lo que nadie podía imaginar. “La gente que intenta influir en los asuntos públicos tiene una fuerte inclinación a pensar que el fin justifica los medios”, dice Cynthia Crossen, periodista del Wall Street Journal y autora del libro recientemente publicado La verdad corrompida: la manipulación de los hechos en América. Cuando un periodista puso en duda las estadísticas presentadas por la Coalición Nacional contra la Violencia Doméstica, su portavoz Rita Smith se puso a la defensiva: “Verdaderamente hay una reacción en este país. La gente no quiere creer que las mujeres están en peligro”.

El artículo de Newsweek cita otros casos de estadísticas disparatadas. Las estimaciones sobre el número de personas sin casa oscilan entre 223.000 y 7 millones. En un debate en 1983, un senador aseguró que cada año 50.000 niños americanos eran secuestrados por desconocidos, cifra que después fue ampliamente citada. Pero, según datos del Ministerio de Justicia, la cifra real es inferior a 5.000.

Otro de los recursos de los que quieren magnificar un problema consiste en utilizar la categoría del “riesgo”. Así, un estudio de 1991 sobre los niños en EEUU sostenía que 11,5 millones de niños menores de 12 años (nada menos que uno de cada cuatro) pasaban hambre o “corrían el riesgo” de pasarlo. ¿Cómo se sabía si corrían este riesgo? Bastaba que sus padres respondieran que sí a una cualquiera de ocho preguntas. Una de ellas preguntaba si alguna vez en el último año (bastaba una sola vez) se habían encontrado con un limitado número de alimentos para dar de comer a sus hijos porque se estaban quedando sin dinero para comprar comida.

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