¡Esclavos de Internet, uníos!

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Duración lectura: 2m. 25s.

Merced a Internet, publicar es mucho más barato, pero no gratis, aunque los contenidos sean de libre acceso. Es necesario gastar por lo menos en aparatos, electricidad, conexión a la red… Los únicos que no han de cobrar, según piensan muchos, son los autores. Lo lamenta en The New York Times el escritor y dibujante Tim Kreider.

Con frecuencia, dice Kreider, una publicación le pide que escriba un artículo original o una entidad que pronuncie una conferencia a cambio de nada. “Personas que considerarían absurdo e impropio pedir que les corten el pelo o les den un refresco por nada, te preguntan, con cara seria y la conciencia tranquila, si no estarías dispuesto a escribir un artículo o dibujar una ilustración para ellos por nada. Muchos empiezan diciendo cuánto admiran tu trabajo, aunque no tanto, evidentemente, como para pagar un céntimo por él. ‘Desgraciadamente, no tenemos presupuesto para remunerar a nuestros colaboradores…’: así suele comenzar la frase de marras. Otros simplemente omiten toda alusión al pago”.

Es clásico el caso del dueño de un local que explica a los músicos jóvenes que no les pagará con dinero, sino con algo mucho más valioso: visibilidad, la oportunidad de darse a conocer. “Esta misma figura reaparece después, como el diablo, de otra guisa –con el cabello más corto, con mejor traje–, en forma de director de un sitio web o una revista digital, desdeñando como minucia sin importancia la cuestión del pago y recalcando cuántas visitas tiene por día, a cuánta gente llega, qué gran visibilidad te dará”.

Kreider no niega que la visibilidad tenga valor. En su día, publicar en el New York Times le ayudó a encontrar un agente, que le consiguió un contrato para escribir un libro. “Pero es menester señalar que el Times paga también en forma de dinero, aunque en cantidad muy modesta”.

La batalla por cobrar es especialmente ardua para aquellos cuya obra es fácil de digitalizar y de dejar accesible gratis. Pero, señala Kreider, “mis padres aflojaron decenas de miles de dólares a una prestigiosa institución para que me enseñara este oficio. También pagaron la carrera a mi hermana la neumóloga, y hasta donde yo sé, a ella nadie le pide que haga una lobectomía (…) porque le dará visibilidad”.

Los que piden a escritores como él que trabajen gratis, dice Kreider, pueden seguir pagando nada porque siempre hay alguien que cede. Por eso pide a los demás creadores que, por razones de principio, no regalen su trabajo. “Si todos nos mantenemos firmes en decir que no, ellos acabarán por entender. No debería ser profesional ni socialmente aceptable –no es justo– que nos digan, una y otra vez, que nuestro trabajo no tiene valor”.