Televisión de calidad con audiencia masiva

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Duración lectura: 2m. 44s.

En dos países distintos, la televisión ha estado en el punto de mira de la opinión pública por motivos diferentes. Si en Estados Unidos dos destacados políticos han lanzado una campaña contra algunos programas de televisión, los llamados talk shows, en Gran Bretaña una serie televisiva de la BBC basada en la novela de Jane Austen Orgullo y prejuicio ha llegado a lograr audiencias de 10 millones de telespectadores. Dos modos de apoyar una televisión de calidad.

En Estados Unidos, William Bennett, secretario de Educación en tiempos de Reagan, y el senador demócrata Joseph Lieberman encabezan la campaña contra los talk shows más desgarrados. En esos programas se relatan y recrean situaciones macabras o problemas íntimos ante millones de espectadores, y se busca el enfrentamiento entre los invitados: algo así como los “sucesos” de la prensa sensacionalista trasladados a la pantalla.

Con la campaña intentan que los anunciantes dejen de financiar los espacios, aunque no exculpan a productores, invitados y a los mismos telespectadores. Bennett, que ya participó hace meses en otra campaña similar contra la música rap con letras infames (ver servicio 86/95), opina que estos programas son muestra del declive social, pues “lo que antes causaba un sentimiento de culpa o vergüenza se solía dejar a un lado, mientras que ahora es una razón para salir a pregonarlo”. El suceso por el que tal vez los talk shows saldrán peor parados ocurrió este año, cuando un participante en un programa asesinó tres días después a otro invitado sorpresa, un vecino homosexual que se le había declarado. Las principales armas de la campaña serán anuncios en la radio y el envío de cartas de queja a productoras y patrocinadores.

Al mismo tiempo, en Gran Bretaña ha recibido muy buena acogida la serie de la BBC que adapta la novela de Jean Austen (1775-1817) Orgullo y prejuicio. La tradicional capacidad de la BBC para la recreación histórica ha conseguido que tanto la audiencia culta como la popular dedique la noche de los domingos a seguir las vicisitudes de los personajes de Jane Austen. Lo que confirma que el público es receptivo a una oferta de calidad. Los seis capítulos han costado 6 millones de libras (1.200 millones de pesetas). Pero tanto gasto será compensado con creces. Al margen de los ingresos por publicidad, en dos semanas se han vendido 50.000 copias en vídeo de la serie completa, al precio equivalente en libras de 4.000 pesetas.

La serie televisiva ha tirado de la novela, que se ha reeditado en edición de bolsillo a bajo precio. Y los británicos empiezan a preguntarse si los actores de televisión encarnan correctamente los personajes que creó Austen. En todo caso, ya se preparan las adaptaciones televisivas de otras novelas de la escritora. La adaptación de Orgullo y prejuicio respeta los diálogos difíciles, pero hace hincapié en el desarrollo de los bailes. En esa época era una de las pocas maneras permitidas de cortejar a una mujer y, en palabras de uno de los personajes de la novela, Sir William Lucas, entonces “ser aficionado al baile era un paso seguro para enamorarse”.

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