Otros estrenos (24 marzo 2017)

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Breves notas sobre algunas películas que se estrenan el 24 de marzo.

El bar

Director: Álex de la Iglesia. Guion: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría. Intérpretes: Mario Casas, Blanca Suárez, Secun de la Rosa, Terele Pávez, Carmen Machi, Jaime Ordóñez, Joaquín Climent. 102 min. Adultos. (VDS)

Un grupo de personas que desayunan tranquilamente en un bar se convierten repentinamente en rehenes de una brutal operación. Álex de la Iglesia vuelve a un terreno conocido: el thriller desaforado. El cineasta español arranca bien planteando una situación kafkiana con una galería de personajes muy reconocibles y su habitual sentido del ritmo.

Sin embargo, pasado el primer tramo, la película se desinfla como un globo. Y como un globo que se había inflado con fuerza, la cinta empieza a dar golpes contra las paredes sin saber bien dónde tiene que dirigirse: si hacia el drama, la tragedia, el terror, la comedia sarcástica o el gore puro y duro. De la Iglesia vuelve a coger las riendas al final de la película, pero para la mayoría de los espectadores –exhaustos de tanta pirotecnia y tanta huida hacia delante– ya será muy tarde. Ana Sánchez de la Nieta.

 

Redención

Director: Antoine Fuqua. Guion: Kurt Sutter. Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Forest Whitaker, Rachel McAdams, Oona Laurence, Victor Ortiz, Naomie Harris, Curtis ‘50 Cent’ Jackson. 124 min. Jóvenes-Adultos. (V)

Billy Hope, campeón del mundo de los pesos semipesados, ha llegado a lo más alto en el boxeo. Pero un inesperado acontecimiento pondrá su vida boca abajo y él tendrá que reinventarse a partir de sus cenizas. El popular director Antoine Fuqua afronta un argumento deportivo como excusa para hablar de la superación de la rabia interior y de la victoria sobre los propios miedos. Una historia de redención personal y familiar, encarnada en una de las pasiones practicada por el director, el boxeo.

La puesta en escena es propia de Fuqua: vibrante, intensa, dura, y eso facilita que las escenas que otro director haría lacrimógenas o en exceso melodramáticas, aquí son más sobrias y quizá más realistas. El director consigue salvar con dignidad y brillantez una historia con cierto aire de déjà vu que podría haber naufragado en los mares del sentimentalismo fácil. Juan Orellana.

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