Otros estrenos (18 enero 2019)

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Breves notas sobre algunas películas que se estrenan el 18 de enero.

Caso Murer: El carnicero de Vilnius
Murer

Director y guionista: Christian Frosch. Intérpretes: Karl Fischer, Alexander E. Fennon, Ursula Ofner, Karl Markovics, Gerhard Liebmann, Doval’e Glickman. 137 min. Jóvenes-adultos.

Película de juicios que recrea el proceso contra el austriaco Franz Murer a principio de los sesenta, acusado de asesinar a muchos judíos cuando era el jefe de seguridad nazi en el gueto de Vilnius, en la Lituania ocupada. Un retrato estremecedor de cómo se pasó página en Europa tras la guerra mundial, obviando el colaboracionismo y tratando de olvidar a toda prisa, al precio de grandes injusticias (recordemos la ignominia silenciada de Katyn).

La película tiene un guion de relojero, lleno de matices, de personajes históricos documentados y huyendo de fáciles maniqueísmos. Una brillante dirección de actores, una estupenda fotografía y una puesta en escena que evita la tentación teatral nos dejan una película que se sitúa entre las mejores revisiones históricas que el cine europeo ha hecho en los últimos años.

 

Dios no está muerto. Una luz en la oscuridad
God’s Not Dead: A Light in Darkness

Director: Mike Mason. Guion: Howard Klausner, Mike Mason. Intérpretes: Jennifer Taylor, John Corbett, Ted McGinley y Tatum O’Neal. 106 min. Jóvenes.

Llega a la cartelera española la tercera entrega de la serie Dios no está muerto, inédita en España, que produce Pure Flix, una productora cristiana evangélica ubicada en Arizona. Uno de los fundadores, David A.R. White, es un actor que ha formado parte del reparto de las tres entregas de Dios no está muerto, y protagoniza la que hoy nos ocupa. La cinta está escrita y dirigida por el debutante Michael Mason.

El argumento se ha inspirado en hechos reales, y se centra en la polémica surgida en torno a St. James Church, la capilla de la Universidad Hadley (Arkansas), estatal, que el rectorado quiere clausurar y vender. La película, que cuenta con una puesta en escena muy televisiva, tiene un guion bastante bien urdido, con diversas subtramas bien llevadas, que mantienen el interés del espectador hasta el final. Lo más interesante es la tesis de la película, que no plantea la cuestión de la presencia cristiana en espacios públicos de forma apologética o dialéctica, ni reivindica una hegemonía o unos derechos históricos. La película pone el énfasis en lo esencial, es decir, en el testimonio y la misión; misión que se construye sobre relaciones humanas, y no sobre cimientos de hormigón o muros de piedra.

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