La lenta implantación de la televisión digital en España

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La transición a la televisión digital en España, que culminará con el apagón analógico previsto para 2010, no es solo una cuestión de orden tecnológico -mayor calidad de la señal-. También se considera un paso para introducir a la población en la llamada “sociedad de la información”, puesto que el nuevo medio tiene posibilidades que marcarán las futuras relaciones entre empresas y audiencia, especialmente a través de una mayor interactividad.

Por eso, el gobierno aprobó en 2005 una serie de medidas con la intención de promover la televisión digital terrestre (TDT). El número de mayo-junio de Perspectivas del mundo de la comunicación, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, analiza la implantación de la TDT e informa que después de una eufórica recepción inicial, con un millón de aparatos receptores vendidos durante esas primeras Navidades, las cifras de usuarios han ido aumentando muy lentamente. Según el Ministerio de Industria, en octubre de 2006 solo el 25% de la población (3,5 millones de hogares) tenía acceso a la TDT. Según los radiodifusores privados, la implantación era entonces del 14%.

Los datos de audiencia de enero de 2007 dan un pobre 4,5% a la TDT, con una oferta de 20 canales nacionales en abierto, más los propios de comunidades autónomas o ciudades. Respecto a la televisión digital de pago, a finales de 2006, dos millones de hogares suscritos a Digital+ la reci-bían por satélite, 1,5 millones por cable en diversas compañías y unos 260.000 por ADSL.

¿Qué ha sucedido para que la oferta de nuevos canales y mejora de la calidad de la señal no haya sido acompañada por una amplia difusión? Hay quien no considera la TDT una novedad importante, otros tienen problemas para utilizar la nueva tecnología, o están satisfechos con la televisión analógica; motivos todos ellos que les hacen remisos a pagar por un aparato receptor. Una oferta de canales más amplia no parece haber aumentado la calidad del producto y la realidad es que ninguno de los programas de los nuevos canales de TDT ha logrado colocarse entre los de mayor audiencia. Además, la interactividad que ofrece la TDT española es muy pobre con respecto a las posibilidades que tiene el medio, y que es una de sus mayores ventajas.

En el ámbito europeo, el sector público está capitaneando el proceso de digitalización. En España no es así, en buena medida por la crisis que atraviesa RTVE, en pleno proceso de reestructuración y replanteamiento de su identidad. Los cinco canales que TVE ofrece a través de la TDT no presentan novedad, ya que son réplicas de los que emite por vía analógica (TVE 1 y La 2) o mediante plataformas de TV por satélite, cable o ADSL (Canal 24 horas, Teledeporte y Clan TVE).

El camino hacia el apagón analógico previsto por el gobierno para 2010 aparece borroso. Además de la lenta implantación de la nueva tecnología, existe incertidumbre sobre el reparto de los ingresos publicitarios con una más amplia oferta de canales. La entrada de dos nuevos competidores entre las televisiones en abierto (La Sexta y Cuatro) ya ha afectado a las audiencias de algunos de sus competidores, especialmente de TVE, que ha perdido un 5% de share en tres años.

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