El lado oscuro de “La guerra de las galaxias”

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Duración lectura: 2m. 42s.

Con ocasión del reestreno de La guerra de las galaxias en todo el mundo, David Ansen se plantea qué influencia ha tenido la trilogía de George Lucas en el cine moderno (Newsweek, 31-III-97).

(…) Junto con Tiburón [Jaws] -la primera película que dio 100 millones de dólares-, La guerra de las galaxias introdujo en Hollywood una mentalidad comercial que se ha hinchado peligrosamente y se ha hecho deprimentemente monocolor. Lawrence Kasdan, co-guionista de El Imperio contraataca y El retorno del Jedi, explica que “las productoras descubrieron que con una sola película podían ganar muchísimo dinero, y eso hizo que cambiaran por completo sus estrategias económicas”. (…) Las películas de autor, baratas y modestamente rentables, pasaron a ser prescindibles.

La idea de que una sola película podría producir cerca de 200 millones de dólares en taquilla -y más aún con la comercialización de productos secundarios- hizo de los estudios cinematográficos un plato apetitoso para las multinacionales, que en las dos últimas décadas han engullido a Hollywood. “Fue el comienzo de una época terrible en que la calidad de las películas ha ido en continuo descenso”, lamenta Kasdan. Ahora son los departamentos de marketing, no los cineastas, quienes deciden el contenido de las películas. La guerra de las galaxias cambió el tipo de películas que se producían (dominan las películas apropiadas para comer palomitas), el público para el que se hacían (la audiencia juvenil manda) e incluso la razón por que se hacían (para vender juguetes, material escolar, discos con las bandas sonoras).

Pero no sólo cambió el negocio: La guerra de las galaxias cambió también la estética de Hollywood. Lo que Lucas inauguró, y que en 1977 parecía nuevo y emocionante, fue el triunfo de la espectacularidad sobre el contenido, de la acción sobre el argumento, del simplismo del cómic sobre la complejidad de la vida real y de los efectos especiales sobre todo lo demás. Lucas incorporó al cine el ritmo del metabolismo adolescente y, después de eso, ya no se podía dar marcha atrás al reloj biológico. Las descargas de adrenalina se suceden ahora a intervalos cada vez más rápidos, como en La Roca [The Rock], donde toda idea de personaje y de coherencia se sacrifica en el altar de la velocidad. En no pequeña parte gracias a Lucas, las películas empezaron a fundirse con esos subproductos suyos, los videojuegos.

(…) El Hollywood decadente de Independence Day, Twister y Misión imposible es un museo de última tecnología, pero dedicado a la nostalgia, donde todas las películas parecen remakes. Lo extraño es que se apele a la nostalgia de la audiencia adolescente, cuya memoria es casi tan corta como el tiempo durante el que son capaces de mantener la atención. Nada de esto tenía George Lucas en mente cuando hizo su película. Su único interés fue darnos un bonito e inocente paseo en coche, y deberíamos agradecérselo. Lo malo es que el paseo ha cobrado vida propia, y parece que nadie saber cómo bajar del coche.

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