El 3D busca dar nuevo relieve al cine

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Las películas en 3D han conseguido atraer de nuevo al cine a gente que había abandonado las salas. El negocio cinematográfico ve aquí su tabla de salvación y grandes directores declaran que el 3D será el nuevo estándar. Pero ¿qué aporta el 3D para hacer mejores películas?

En un momento en que los ingresos de taquilla disminuyen, los debidos a las producciones en 3D no cesan de aumentar

La primera proyección cinematográfica oficial fue realizada en diciembre de 1895. Antes del final del siglo el pionero del cine William Freese-Greene patentó el primer sistema cinematográfico en 3D. El invento funcionó, y no era muy diferente de lo que se ha hecho hasta la actualidad: dos cámaras grababan simultáneamente, y luego las dos películas se proyectaban a la vez. El espectador disponía de unas gafas semejantes a las actuales: un cristal verde, rojo el otro, para separar las imágenes y crear la ilusión del relieve.

Un invento… del siglo XIX

El invento de Freese-Greene no tuvo éxito comercial debido, principalmente, a problemas de sincronización. Era casi imposible que los dos proyectores funcionaran a la par. Durante veinte años se produjeron otros inventos, que no pasaron del estadio de experimento o ensayo.

George Lucas y James Cameron predicen que el 3D dominará el cine de la misma forma en que el color reemplazó al blanco y negro

Hubo que esperar hasta 1922 para ver un estreno comercial en 3D, en las salas de cine de Los Ángeles. Se llamó The Power of Love. El sistema era similar: doble proyección y separación de la imagen mediante los colores rojo y verde. La película no tuvo éxito, pero supuso un comienzo; era la primera producción en relieve para el gran público. Desde entonces la industria no dejó de interesarse por esta tecnología, hasta la Gran Depresión de 1929.

Debido a la necesidad de separar las imágenes con filtros de colores rojo y verde, el espectador siempre veía las proyecciones en blanco y negro. Pero a partir de 1937 las filmaciones en 3D adquieren color. En ese año los laboratorios Polaroid fabrican filtros polarizados que permiten separar las imágenes sin afectar a los colores. En 1939 el cortometraje In Tune with Tomorrow, realizado para la Exposición Universal de 1939, consiguió un éxito sin precedentes en el 3D. (En la primera edad de oro del 3D, la RKO relanzó la película.) La Segunda Guerra Mundial frenaría este progreso.

El primer éxito de taquilla

En los años cincuenta el 3D conoció su primera edad de oro. Hollywood lo utilizaría para competir con la televisión. Bwana Devil (1952) fue el primer largometraje en color realizado en 3D, y el primer éxito de taquilla en ese formato; ofrecía al espectador la posibilidad de que un león o una bella rubia (Barbara Britton) saltaran de la pantalla a su regazo. En los dos años siguientes se realizaron cincuenta títulos en inglés, entre ellos algunos tan interesantes como Kiss Me Kate, un musical; Hondo, un western clásico con John Wayne; El monstruo de la laguna negra, clásico del cine de terror.

Este tuvo una secuela en 3D, Los crímenes del museo de cera, película célebre por diversos títulos: además de por crear una impresión durable en el espectador, por ser el primer largometraje 3D con sonido estereofónico, y por lanzar la carrera del actor Vincent Price. Finalmente, aunque no consta su estreno en 3D, El crimen perfecto de Alfred Hitchcock fue realizado en este formato. Este periodo de eclosión de la producción cinematográfica en 3D tuvo un brusco parón debido a problemas técnicos (todavía no era perfecta la sincronización de los proyectores), incomodidad del espectador (las gafas provocaban jaquecas o fatiga visual), y sobre todo por la aparición del cinemascope con La túnica sagrada.

Durante un cuarto de siglo el 3D quedó relegado a una curiosidad de feria, con alguna realización esporádica del género de terror, o picante, o de los dos tipos, como Carne para Frankenstein, de Andy Warhol. Pero mientras tanto resolvió definitivamente el problema de la sincronización de las dos imágenes que había que proyectar, al superponerlas en un mismo negativo.

Consagrado a través del IMAX

A partir de los ochenta, el cine en formato 3D sobrevivió en los parques de atracciones, sobre todo los de Disney, con productos como Captain Eo (Francis Ford Coppola, 1986), con Michael Jackson para espectáculos concretos, y en el IMAX. En efecto, los primeros mantuvieron producciones propias para algunas atracciones especiales, mientras que IMAX ha venido desarrollando tecnología para la producción de películas de gran formato y excelente calidad de imagen y sonido para sus propias salas. Se puede decir que, aparte de algunos títulos como Tiburón 3D, Amityville 3D y unos pocos semejantes, el cine en relieve se mantuvo en entornos marginales, fuera de la industria. Pero de allí le vino el gran impulso que lo ha lanzado a la posición que ocupa hoy en día.

El primer gran éxito del cine en 3D reciente fue el largometraje (más bien medio metraje) de ficción que realizó Jean Jacques Annaud en 1996 titulado Las alas del coraje. El cineasta francés realizó una ficción sobre los pioneros de la aviación francesa Guillaumet y Saint-Exupéry –el autor de El Principito– en formato IMAX 3D, y el resultado, aunque lejos de la perfección de filmaciones más recientes, fue bueno y tuvo una excelente acogida del público. Supuso una novedad entre los demás productos que proyectaba IMAX en 3D, que eran documentales.

En el nuevo milenio el cine en 3D se consagra a través de IMAX, gracias al documental de James Cameron Los misterios del Titanic (2003), que fue seguido un año más tarde por la película de animación digital Polar Express, estrenada también en salas convencionales. El éxito fue extraordinario y mostró a la industria el potencial económico del cine en 3D. Polar Express se distribuyó en 3D sólo en las 66 salas IMAX, que recaudaron el 25% del total. La industria y Wall Street recibieron la noticia con entusiasmo. Pero entonces la mayoría de las salas no estaban equipadas para proyecciones en relieve. Tres años después, el mismo Robert Zemeckis estrenaba Beowulf, que se distribuyó mayormente en 3D.

Paralelamente, el cine de animación digital, sobre todo con el impulso tecnológico de Pixar-Disney, hizo su entrada en el mundo del relieve y ha ocupado una posición que no se le puede arrebatar. Los programas de animación trabajan en tres dimensiones y el ordenador puede generar sin problemas la segunda imagen necesaria para crear el relieve. Chicken Little (2005) marcó el camino: una de las películas de Disney más flojas de los últimos tiempos, pero que consiguió un éxito fenomenal, gracias al relieve.

La industria ve ahí su salvación

Desde entonces los estrenos en 3D se han sucedido sin interrupción. La industria ha madurado, los equipos son más seguros, rodar en 3D es más fácil y más barato que antes. En un momento delicado para el sector, cuando los ingresos de taquilla disminuyen, los debidos a las producciones en 3D no cesan de aumentar, en buena medida porque las entradas son más caras, pero también porque la nueva sensación no tiene –de momento– réplica doméstica. De alguna manera se repiten los argumentos que en los años cincuenta fascinaron a un Hollywood atacado por la televisión.

En 2010 había en España 4.000 pantallas de cine y hubo un total de 101,6 millones de espectadores. Esta cifra supone un 25% menos de espectadores que en 2000, cuando había un 16,5% menos de salas. La tarta es menor, y hay que repartirla entre más. Y sin embargo, los ingresos fueron prácticamente los mismos, en parte gracias a que 6 de las 10 películas más vistas en ese año fueron en 3D. La industria apuesta por un formato en el que ve su salvación.

A un sector en crisis le cuesta realizar nuevas inversiones. En España se hacía sentir la necesidad de renovar equipos, pero resultaba difícil decidirse a hacerlo. El exhibidor tuvo que hacer frente a los gastos, sin ayuda alguna de la Administración o de las productoras. Los nuevos equipos digitales necesarios ante el cambio de formato de la industria cuestan, al menos, 100.000 euros por pantalla, y pueden ser un veinte por ciento más caros si van equipados para proyectar en 3D. El 25% de las salas españolas se renovó con ocasión del estreno de Avatar, y muchas de ellas amortizaron la inversión con esa película. El 18 de diciembre de 2009, para algunos el inicio del 3D contemporáneo, ha marcado un hito en la historia del cine. Probablemente haya sido la película más cara de la historia, y también la que más ha recaudado, superando en España los 55 millones de euros (en Estados Unidos, más de 760 millones de dólares).

En 3D, pero buena película

George Lucas (Star Wars) y James Cameron (Avatar) predicen que las películas en 3D dominarán el cine de la misma forma en que el color reemplazó al blanco y negro. No está claro que esa predicción se vaya a cumplir. Cierto que las producciones en 3D se han multiplicado, pero eso no significa que el público llene las salas para ver una película simplemente porque esté en 3D.

En el caso de Avatar está claro que sí; la película está diseñada para ser disfrutada en relieve. El público no acudió a las salas en las que se proyectaba en 2D. Pero una película tan esperada como Furia de Titanes (Louis Leterrier) fracasó en el formato 3D. Como explicaba el gerente de una sala de Madrid: “El público no es tonto y no quiere que le timen. Si el producto es bueno, como Avatar, paga lo que sea necesario. Pero engañar al público no es buena política”. Furia de Titanes fue rodada en 2D y luego adaptada al formato 3D. La película tenía relieve, pero ese relieve no aporta nada a la historia. “Cuando se hagan buenas películas en 3D, el público llenará las salas, antes no”. Fue otra de sus declaraciones; y la perla, no por sabida menos apreciada: “El de animación funciona siempre, las películas están hechas en tres dimensiones”.

Claro dominio de la animación

La lista de estrenos de 2010 en 3D muestra un claro dominio de la animación, y que se han sumado al carro del 3D productos de escaso valor que quieren aprovechar la ocasión. Los propios Cameron y Lucas han criticado las películas mal realizadas en 3D –“no todo el 3D es buen 3D”–, que pueden provocar rechazo del público ante esta tecnología. Para ellos, el cine en 3D vuelve a proporcionar al público una gran experiencia cinematográfica, pero se está abusando de ello. Así ocurre en muchos casos en que un estudio toma una película que fue realizada en 2D y la convierte rápidamente a 3D.

La posibilidad de convertir una película estándar al 3D existe, pero puede aportar poco si el título no reúne las condiciones adecuadas. Cabe señalar la valiente decisión de los productores y del director de Harry Potter y las reliquias de la muerte (1ª parte) de no estrenar en 3D, porque la película no había sido rodada para ese formato. Otros no tuvieron ese coraje; así se lamentaba Cameron: “Después de Toy Story se realizaron 10 películas realmente malas de animación digital, porque todos creyeron que el éxito de la película estaba en el ordenador, y no en unos personajes extraordinarios magníficamente realizados. Ahora hay un montón de gente pasando películas al 3D, pero eso no fue lo que nosotros hicimos”.

¿Qué aporta el 3D?

El 3D es un efecto que puede aportar algo a una película, o puede no aportar más que una sensación de relieve, sin más. Avatar y Toy Story 3 serían los mejores exponentes de historias perfectamente narradas en 3D, que se ven mejor en 3D que en 2D. En algunas películas el 3D aporta efectos en momentos concretos, en otras es un simple adorno que no marca realmente una diferencia. Puede ser una experiencia arrebatadora en una película de gran espectáculo, puede realzar puntos de vista y, en ocasiones, desbordar la pantalla para acercarse al espectador. Pero esos efectos deben estar pensados antes de rodar, y haber sido diseñados para servir a la historia; en caso contrario su valor añadido es escaso.

Son conscientes de ello los publicitarios, y ese es un campo en el que el 3D tiene mucho que decir: un spot breve, una idea y un efecto que desborda la pantalla. Asimismo el 3D ha sido utilizado, con éxito, en grabaciones de conciertos con estrellas de la música (U2, Justin Bieber), y hay que reconocer que el efecto, sobre todo cuando buena parte de las imágenes son estándar en 2D, es notable, y el espectador es trasladado a un lugar diferente.

Cameron está convirtiendo su Titanic al 3D y Lucas la trilogía de La Guerra de las Galaxias. Son exponentes de cine espectacular bien hecho que tal vez adquieran una dimensión más, sobre todo porque son películas en las que los espacios y relieves tienen un papel importante. Si la conversión se realiza bien, podrían conseguir un nuevo éxito en su enésimo reestreno en las pantallas. Pero no parece que Casablanca, El Padrino o El hombre tranquilo ganaran nada con una conversión al 3D, ni que encontrasen un público dispuesto a ir a verlas en un estreno en este formato.

Dos años después de Avatar, y tras una serie de estrenos con éxito, y otros con menos éxito, Wall Street hace balance. Las acciones de las empresas tecnológicas de las que dependen las producciones en 3D, después de una espectacular subida, han sufrido una bajada no menos espectacular. Los resultados no acompañan; Kung Fu Panda 2, con ser una obra notable, ha recaudado menos de lo esperado.

¿Qué sucede con el público? Tal vez que ya no le sorprende el 3D y pasado el “efecto novedad”, se ha vuelto exigente. No basta con ofrecer 3D, si se quiere atraer espectadores al cine, hay que ofrecerles buen 3D. La buena noticia es que directores como James Cameron, Michael Bay, Steven Spielberg, Georges Lucas, John Lasseter van a seguir trabajando en este formato que no va a desaparecer, pero que tampoco será la panacea de Hollywood.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares