Caza de brujas, caza de madres

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Duración lectura: 3m. 44s.

Contrapunto

Algunos mandamases de Hollywood andan indignados por las duras condenas que el senador republicano Bob Dole ha lanzado contra la violencia de ciertas películas norteamericanas. Hablan de nueva caza de brujas, de intolerancia, de ataque fascista a la libertad de expresión… Dejando aparte las razones de unos y de otros sobre el complejo tema de la violencia en el cine, resultan sorprendentes las encendidas proclamas de esos jerifaltes de Hollywood a favor de las libertades y su sentida interpretación del papel de víctimas. Porque, en otros aspectos, ellos mismos dejan mucho que desear como paladines de la libertad.

Si no, que se lo pregunten a las actrices que quieren ser madres… Son tantas las dificultades que les pone la industria de Hollywood, que muchas de ellas se ven obligadas a retrasar los embarazos hasta edades muy avanzadas, con los consiguientes riesgos físicos y psicológicos que esto supone. El tema es noticia porque recientemente han emprendido o culminado el camino de la maternidad unas cuantas actrices en torno a los cuarenta años: Susan Sarandon, Glenn Close, Jane Seymour, Sigourney Weaver, Mimi Rogers…

Como señalaba Juan Pando en el diario El Mundo (Madrid, 4-VI-95), “sólo hay una cosa más difícil para una actriz en Hollywood que llegar al estrellato: ser madre”. Y es que nuestros indignados paladines del derecho a la libertad de expresión consideran un mal negocio que sus estrellas supediten la carrera cinematográfica a su legítimo derecho a la maternidad, y luchan contra él con todos los medios a su alcance, que son muchos.

A veces, las presiones que sufren las actrices son brutales. En su reportaje, Juan Pando destaca el caso de la actriz Kim Basinger, la sex-symbol de los años 80. Hace un par de años, la actriz se negó a protagonizar la película Mi obsesión por Helena a causa de su alto contenido erótico, y fue condenada a pagar una indemnización astronómica. Como la única fuente de ingresos de la actriz es el cine, sus demandantes -entre los que se encuentran varios de nuestros más enardecidos paladines- llegaron a exigir a Kim Basinger que firmara un seguro por el que se comprometía a no quedarse embarazada antes de que se resolviera el litigio. Afortunadamente, el tribunal de apelación anuló la sentencia que impuso la indemnización, y ahora, a punto de cumplir los 42 años, la actriz espera para noviembre el nacimiento de su primer hijo.

Todo esto ha obligado a muchas actrices a renunciar a su carrera en el cine y a pasarse a la televisión, que ofrece más facilidades para compaginar el trabajo con la vida familiar. Y, además, los guionistas de las series incorporan el nuevo estado de la actriz a la historia, y ésta puede seguir trabajando en ella. Una elogiable solución que en Hollywood casi no tienen en cuenta.

Otras actrices, que no quieren renunciar a su carrera cinematográfica, deciden recurrir a la adopción para saciar sus ansias de maternidad. De ahí la enorme cantidad de adopciones que siempre se ha dado en el mundillo de Hollywood: Joan Crawford, Mia Farrow, Michelle Pfeiffer… Finalmente, otras actrices deciden alejarse del presionante ambiente de los estudios y afrontan la maternidad y la educación de sus hijos en lugares más tranquilos, confiando en que su talento supla la desventaja que supone su actitud. Por ejemplo, Jessica Lange, que vive desde hace tiempo en Virginia y no le importa repetir que prefiere alimentarse del cariño de su familia que del éxito del cine. Después de ser candidata sin éxito en cuatro ocasiones, ganó en la última edición de los Oscars la preciada estatuilla a la mejor actriz, precisamente por su papel de atormentada madre de familia en Las cosas que nunca mueren. También le ha ido estupendamente a otra estrella indiscutible, Meryl Streep, madre de cuatro hijos. Desde hace años practica lo que ella llama “el año maternal”; es decir, que trabaja un año, luego tiene un hijo, y no vuelve a trabajar hasta que lo ha criado.

En cualquier caso, todo este patético panorama pone de manifiesto que los mismos productores que ahora se quejan vehementemente por hipotética caza de brujas, no tienen reparos morales para amenazar a sus actrices en una implacable caza de madres.

Jerónimo José Martín

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