Canadá: se autorizan los canales religiosos de TV

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Duración lectura: 1m. 42s.

La Comisión Canadiense de Radiotelevisión y Comunicaciones ha aprobado unas nuevas normas que amplían considerablemente las posibilidades de emitir programación religiosa. A partir de ahora podrá haber canales de ese tipo transmitidos por ondas o por los servicios generales de TV por cable -con ciertas condiciones-, y también canales específicos de pago, que tendrán muchas menos restricciones.

Keith Spicer, presidente de la Comisión, ha declarado que la nueva reglamentación pretende facilitar el ejercicio de la “libertad de expresar las convicciones religiosas a través de la radio y la televisión”. Y ha añadido que la mayor apertura que suponen esas normas responden a las demandas de la sociedad canadiense, que “es capaz de acoger un debate más libre, abierto y respetuoso sobre los temas religiosos”.

Los canales religiosos por ondas o por los servicios generales de cable tendrán que cumplir un requisito: comprometerse a ofrecer una visión “equilibrada” cuando traten asuntos de interés público. En cambio, los canales religiosos por cable que sólo lleguen a los espectadores que expresamente se suscriban a ellos, no estarán sujetos a esa condición. Con esto se pretende evitar que alguien se vea obligado a recibir o financiar indirectamente emisiones religiosas que ofrezcan sólo un punto de vista determinado.

Varios miembros de la Comisión mostraron su oposición a la falta de restricciones para los canales del segundo tipo, pues ello “puede fomentar la intolerancia religiosa, cultural y racial”. Pensaban en emisiones como las de los “telepredicadores” estadounidenses, que en muchos casos difunden opiniones fundamentalistas y sirven para recaudar fondos con destino a sus sectas. Por su parte, el presidente ha defendido la nueva reglamentación diciendo que supone “un delicado equilibrio entre la libertad de expresión y las garantías para que nuestro sistema de radiotelevisión no sea utilizado para fomentar la intolerancia”. Según Spicer, las normas aprobadas no darán lugar a “los excesos en que caen ciertas formas de televangelismo”.

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