¡Si no, lo harán en el extranjero!

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Duración lectura: 1m. 16s.

Contrapunto

Un médico francés, dedicado a obtener embarazos en mujeres menopáusicas mediante fecundación in vitro con ovocitos donados, critica el proyecto de ley que pretende prohibir tales prácticas: “Si se legisla en Francia, se llegará a una situación en la que se favorecerá el mercantilismo de algunos médicos extranjeros. No olvidemos que las fronteras están abiertas”. No se sabe por qué, el interés mercantil es siempre de los médicos extranjeros, aunque los nacionales también cobren. Pero el argumento es viejo y conocido, al menos desde la polémica sobre el aborto: “Si aquí no es legal, lo harán en el extranjero”.

Con esa lógica, siempre habría que armonizar internacionalmente las leyes al nivel ético más bajo. Si en Gran Bretaña se realiza la inseminación artificial de una mujer virgen, si en Italia un médico alcanza la fama proporcionando hijos a sexagenarias, si en Estados Unidos surgen agencias para explotar el alquiler de úteros, no habría más remedio que admitir en la legislación nacional cualquier extravagancia que ocurra en el extranjero. Y no hay por qué limitarse a la procreación. Es sabido que algunos millonarios de Oriente Medio que necesitan un trasplante de riñón van a la India, donde siempre hay pobres dispuestos a vender uno de los suyos. ¿Por qué no legalizar también la venta de órganos, ya que algunos ricos se lo pueden permitir en el extranjero?

Ignacio Aréchaga

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