Los descubrimientos científicos avalan el respeto ético al embrión

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Duración lectura: 4m. 36s.

Roma. Los nuevos datos científicos sobre el embrión van a favor de que se le otorgue el respeto ético garantizado a toda vida humana. Así se puso en evidencia durante la XII Asamblea general de la Academia Pontificia para la Vida, celebrada en Roma los días 27 y 28 de febrero. Los trescientos cincuenta participantes centraron su atención en los principales aspectos científicos y bioéticos relacionados con “El embrión humano en la fase de preimplantación”.

Entre las aportaciones científicas figuraban algunas de embriología comparada, como la de la profesora Magdalena Zernicka-Goetz, de Cambridge, que trató de la estructura compleja del embrión inicial. Partiendo de sus estudios sobre ratones, mostró que, frente a la idea de que embrión es solo una estructura amorfa e indeterminada, se empieza a comprobar que desde el primer momento está dotado de planos y ejes, de un proyecto que se realiza conforme a un plan determinado.

La profesora Zernicka-Goetz afirmó que hay datos que indican que la fase de totipotencia celular es mucho más limitada de lo que se imaginaba. La nueva visión sugiere que cada parte del embrión dará lugar a una parte determinada del cuerpo definitivo. Esto confiere al embrión una personalidad biológica muy superior de la que se sospechaba hace tan solo unos años.

También es más precoz de los que se creía la actividad genética y bioquímica del embrión. Según la profesora Gigliola Sica, de la Universidad del Sacro Cuore de Milán, hasta ahora se pensaba que la activación génica del embrión ocurría en la fase de ocho células y de modo muy rudimentario, pero se ha visto que ya desde el principio el número de genes activados es muy alto. Se refirió también al diálogo molecular entre embrión y madre, y a cómo el proceso de migración a través de la trompa -que se consideraba una simple “navegación”- conlleva en realidad una serie de mensajes que llegan a convertirse en verdadera sinfonía en el momento de la anidación.

Es un tema en el que existe una intensa investigación por razones opuestas. Por una parte, conocer a fondo el mecanismo de la implantación ayudará a vencer muchos problemas de esterilidad, que se deben precisamente al fracaso de la implantación. Y por otra, algunos laboratorios farmacéuticos están interesados en el conocimiento de esos mecanismos con el fin de diseñar fármacos de efecto abortivo que impidan la anidación. En todo caso, los nuevos datos sobre el protagonismo del embrión pone en crisis el eslogan feminista radical de los años setenta de “mi cuerpo es mío”, pues se demuestra que el embrión modifica la fisiología de la mujer, hasta el punto de convertirse en una especie de “director de orquesta” que nueve meses más tarde llegará incluso a determinar el momento del parto.

Por lo que se refiere al diagnóstico preimplantatorio, el profesor Carlo Valerio Bellieni, de Siena, manifestó que en la actualidad no tiene la finalidad de curar sino de eliminar a los concebidos que presenten ciertas anomalías, incluso triviales.

En este sentido, propuso el concepto de “handifobia”, la fobia al handicap. Se trata de una nueva cultura eugenista que no se impone ya desde el Estado, al estilo nazi, sino por iniciativa privada, impidiendo el nacimiento, por ejemplo, de los niños con síndrome de Down. El resultado final es idéntico: la eliminación de todo ser que tenga una tara genética. Una dirección totalmente opuesta fue la presentada por la profesora Marie-Odile Rethore, del Instituto Jérôme Lejeune, basada en su experiencia sobre cómo comunicar a los padres los handicaps de sus hijos

Benedicto XVI: “La vida humana es siempre un bien”

En el discurso que dirigió a los participantes en el congreso, Benedicto XVI tomó pie de la escena de la visitación de María a su prima Isabel para subrayar el sentimiento de admiración por el hombre apenas concebido que se desprende del texto evangélico. La Sagrada Escritura “muestra el amor de Dios por cada ser humano, antes incluso de que se forme en el seno de la madre”. “El amor de Dios no hace distinciones entre el ser humano recién concebido y que se encuentra en el seno materno, y el niño, o el joven, o el hombre maduro o el anciano, porque en cada uno de ellos ve la huella de la propia imagen y semejanza”.

El Papa añadió que “este amor sin límites y casi incomprensible de Dios por el ser humano revela hasta qué punto la persona humana es digna de ser amada en sí misma, independientemente de cualquier otra consideración (inteligencia, belleza, salud, juventud, integridad, etc.). En definitiva, la vida humana es siempre un bien”.

“En el ser humano, en cada ser humano, en cualquier fase o condición de su vida, resplandece un reflejo de la misma realidad de Dios. Por eso, el magisterio de la Iglesia ha proclamado constantemente el carácter sagrado e inviolable de cada vida humana, desde su concepción hasta su fin natural. Este juicio moral vale ya en el inicio de la vida de un embrión, antes de que se implante en el seno materno”.

Diego Contreras (ACEPRENSA)