La eugenesia en un régimen democrático

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Análisis

Han causado conmoción en Europa las nuevas revelaciones sobre la política de esterilización forzosa practicada en Suecia por motivos eugenésicos entre 1935 y el comienzo de los años 70. Esta política, basada en una ley de 1934, privó de su capacidad de procrear a unas 60.000 personas (retrasados mentales, marginales, inadaptados,…). Eran gentes molestas para la socialdemocracia, que comenzaba a edificar su modelo de sociedad moderna y perfecta.

Es verdad que el eugenismo estaba de moda entonces en distintos países. En 1933 Hitler aprobó por decreto la esterilización de enfermos mentales, para mantener la pureza de la raza, primera etapa de una política que llevaría después a su eliminación. Pero la eugenesia no sólo se aplicó en regímenes totalitarios. Estos días se han recordado prácticas de este estilo en países como Suiza, Noruega, Canadá. En Estados Unidos, en las cuatro primeras décadas del siglo la esterilización por motivos eugenésicos estaba admitida y aplicada en bastantes Estados. Y todavía en los años 50 se dieron cientos de casos. Después de la guerra, las atrocidades nazis desacreditaron las prácticas eugenésicas, aunque no hasta el punto de hacerlas desaparecer, como se ve por el caso sueco.

Todavía en 1994 se aprobó en China una ley dirigida a “mejorar la calidad de la población” (el proyecto decía más explícitamente “evitar nacimientos de calidad inferior”). La ley prohíbe el matrimonio de personas con ciertas enfermedades genéticas (a no ser que acepten la esterilización) y pide a los médicos que “aconsejen” el aborto si el feto presenta anormalidades. Como el mundo no ha olvidado a dónde condujeron otros intentos de mejorar la calidad de la raza, la ley china despertó severas críticas en Occidente.

Pero si la eugenesia impuesta desde el Estado repele a la sensibilidad actual, los avances del diagnóstico prenatal y la licitud de abortar han abierto el camino a la eugenesia libremente aplicada por los progenitores. A la espera de que la Medicina logre tratar las enfermedades del feto, el diagnóstico prenatal está sirviendo muchas veces para detectar y eliminar a los fetos con alguna tara o anomalía.

En principio, se trataba de anomalías graves. Pero, poco a poco, el deseo de evitar el nacimiento de un hijo gravemente enfermo va siendo sustituido por la exigencia de tener un hijo “normal”, con lo que cada vez hay más intolerancia hacia deficiencias del niño, aunque sean moderadas.

Eugenesia privada

La deriva eugenésica de esta actitud aparece clara, por ejemplo, en el caso de los niños con síndrome de Down. Ante un riesgo de trisomía 21 superior o igual al 1% entre las mujeres embarazadas mayores de 38 años, algunos países han decidido extender a todas ellas el diagnóstico prenatal. Pero el paso del diagnóstico individual a la detección sistemática de toda una categoría de enfermos para evitar que nazcan, ¿no es eugenesia? En un informe sobre este asunto, encargado por el gobierno francés, el profesor Jean-François Mattei planteaba el riesgo de tal política: “¿Es posible hoy implantar el diagnóstico general de una afección genética severa en una población dada, sin comprometer a nuestra sociedad en una política de sanidad pública basada en el eugenismo?”

Las técnicas de fecundación in vitro, que permiten analizar y escoger a los embriones antes de su implantación en el útero, abren perspectivas inéditas a la práctica de la eugenesia. También aquí los defensores del “diagnóstico pre-implantatorio” sostienen que se aplicará sólo para detectar la posible existencia en el embrión de enfermedades genéticas de particular gravedad que se hayan dado ya en esa familia. Pero otras voces, como la del científico Jacques Testart, han señalado el riesgo de que estas técnicas se utilicen para tener un hijo conforme a las expectativas de los padres.

También la Asociación de Paralíticos de Francia advirtió en su día que el diagnóstico pre-im-plantatorio podría generar una creciente discriminación social contra las personas con deficiencias: “Si no se deja nacer a un niño por razón de que tiene, o se presume que tiene, un defecto, ¿el que ha nacido con esa deficiencia podrá ser considerado como verdadero niño? ¿No corre el riesgo de convertirse en un ‘error médico’, puesto que ha logrado escapar a una criba sistemática? ¿Cómo podrán escapar a una creciente discriminación social las personas que han sido objeto de una discriminación tan crucial en el origen de su vida?”.

El escándalo sueco ha servido también para recordar que en algunos países se siguen dando esterilizaciones de deficientes mentales, sin su consentimiento. No se trata en este caso de esterilizaciones obligatorias ni promovidas por el Estado, sino que responden al deseo de algunos padres de evitar a sus hijos deficientes problemas derivados de la actividad sexual.

En Austria la asociación de ayuda a los minusválidos, Lebenshilfe, ha denunciado que este tipo de esterilizaciones se practican en su país, sin unas normas claras. Ahora se permite esta intervención en los disminuidos mentales simplemente a petición de los padres, si se trata de menores. Si son adultos, se necesita autorización judicial. Ante las críticas, el Ministro de Justicia ha anunciado una revisión de la ley, encaminada a que el propio enfermo manifieste su voluntad y se cuente con la opinión de un especialista médico.

En Alemania y en España, la legislación prevé que los padres o representantes legales del deficiente metal pueden solicitar al juez su esterilización, sin que sea necesario el consentimiento del interesado. La ley española precisa que el juez, al autorizar o denegar, tendrá como criterio rector “el del mayor interés del incapaz”.

Más matizado fue el dictamen que el Comité Nacional de Ética francés dio en 1996 a este problema. Había que ver en cada caso, dijo el Comité, las motivaciones de la petición: “No siempre es evidente que esta demanda corresponda a un deseo de una vida sexual efectiva, expresada por la persona con una deficiencia mental. Por eso debe prestarse una atención prioritaria a la expresión de sus deseos y asegurarse su acuerdo”. En todo caso, la esterilización sólo debería ser considerada “si el recurso a cualquier otra forma de anticoncepción es impracticable en ese caso”. Y subrayaba que la cuestión no podía decidirse por meras consideraciones técnicas, ya que “la historia de la esterilización se ha cruzado a menudo con la de las políticas eugenésicas, incluidas sus derivas más graves”.

Hay quien dice que no hay riesgo de eugenesia mientras estemos en un sistema democrático. Pero el citado Testart ya advertía que “la eugenesia es una teoría de mejora de la especie humana, que no necesita en absoluto de un régimen nazi”. En nombre del derecho de los padres a tener un hijo de buena calidad, podríamos volver a encontrarnos con los viejos fantasmas por otros caminos.

Ignacio Aréchaga

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