Jorge Bucay: La terapia del cuento

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Aunque lleva publicando desde hace tiempo, ha sido en el último año cuando los libros de Jorge Bucay (Buenos Aires, 1949) se han convertido en llamativos bestsellers. Hasta ahora, en España, en la editorial RBA, ha publicado ocho títulos. Cuatro, agrupados bajo el rótulo general de Hojas de ruta, entran de lleno en el género de los libros de autoayuda: El camino de la autodependencia, El camino del encuentro, El camino de las lágrimas, El camino de la felicidad. Los otros cuatro –Déjame que te cuente, Cuentos para pensar, Amarse con los ojos abiertos y el recién aparecido Cartas para Claudia– son los que más éxito están teniendo, pues en ellos se aprecia la novedad que incorpora Jorge Bucay: la utilización de narraciones literarias para ejemplificar sus enseñanzas terapéuticas.

Bucay es médico psiquiatra y psicoterapeuta gestáltico especializado en adultos, parejas y grupos. La terapia gestáltica, a diferencia del psicoanálisis, parte de la idea de “no investigar el origen del sufrimiento ni recomendar conductas para sortear ese sufrimiento. Más bien, la tarea se centra en establecer qué le está pasando a la persona que realiza una consulta y para qué está en esa situación”. Por lo tanto, “la respuesta a tus preguntas no la tengo yo, sino tú”, dice Bucay.

El método didáctico utilizado es narrar cuentos con una concreta función terapéutica. Estos relatos proceden de la propia inventiva de Bucay, como los que componen Cuentos para pensar, o son narraciones ancestrales de diferentes culturas: de un monje tibetano, del abuelo del autor, de un canto jasídico, de la sabiduría sufí o cristiana… Todos ellos están contados de una manera muy sencilla. Su acierto no es simplemente literario (en este sentido, sus libros suelen ser mal valorados por la crítica literaria). Lo importante no es la calidad de la escritura, sino su moraleja final, que traslada a los lectores un suave efecto lenitivo.

En su origen, Bucay empleaba los cuentos en su consulta para aplicar a sus pacientes “una terapia que no cura a nadie, porque reconoce que sólo puede ayudar a algunas personas a que se curen a sí mismas”. Bucay se introduce en las narraciones ampliando algunos detalles, modificando los ingredientes y proporcionando pistas para que los lectores asimilen mejor el sentido moral de lo que se está transmitiendo.

En relación con las posibilidades terapéuticas del lenguaje, el trabajo de embellecer los mensajes es fundamental. Así, el amor es “la desinteresada tarea de crear espacio para que el otro sea quien es”. Recurre también a las máximas (“Nunca hacer lo que no quiero”, “Nada da más certeza que el deseo”, “Nada que sea bueno es gratis”) e incluso a los poemas, aunque contengan más moralina que poesía.

En la nebulosa existencial

Jorge Bucay es, sobre todo, un excelente comunicador. Es más sorprendente en directo, cuando habla, que en la lectura de sus libros, donde pierde bastante fuerza. Consciente de ello, la editorial RBA incorpora en uno de estos libros, Cuentos para pensar, un CD con ocho cuentos que relata el propio autor. Bucay también se dedica a dar conferencias, y en Argentina tenía su propio programa de televisión, El buscador.

El sorprendente éxito de estos libros radica en la forma elegida y en la habilidad para salir al encuentro de unos lectores inmersos en una nebulosa existencial. Como los de Coelho, y los de tantas obras de autoayuda, buscan recetas para ser felices, quizá porque sienten importantes carencias formativas que afectan a la educación de sus emociones y de su voluntad. Ante el caos existencial del presente, unos cuantos escritores (Bucay, Coelho, Osho, etc.) se han convertido en gurús y consejeros. En el caso de Bucay, sus reflexiones son más bien psicológicas, coçn escasa presencia de los referentes religiosos.

Tales autores, más Bucay que Coelho, conectan con ese tipo de lector agobiado por su imagen que presta una importancia desorbitada a cuestiones emocionales, aunque sean menudas. Pero el éxito de estos escritores radica también en su calculada ambigüedad moral, en la laxitud de sus propuestas y mensajes, en la falta de modelos sólidos, en su inexistente oposición a las normas de comportamiento de lo políticamente correcto (todos son partidarios de no poner trabas a las relaciones sexuales, al divorcio, etc.) y en su ideal de una religiosidad light. El secreto está en el relativismo que promueven -disfrazado de poesía- y en la ausencia de normas superiores de comportamiento que vayan en contra de lo que dicten los deseos y los impulsos.

Adolfo Torrecilla

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