El Parlamento italiano aprueba la nueva ley de fecundación asistida

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Roma. El Parlamento italiano aprobó en junio una ley de fecundación asistida que, entre otros puntos, reserva estas técnicas a parejas de sexo diferente, no admite la fecundación heteróloga (con gametos de terceros), limita a tres la producción de embriones (que deberán ser implantados de inmediato y juntos: no podrán ser congelados) y prohíbe la clonación humana.

La ley, que deberá pasar ahora al Senado, donde no se esperan modificaciones sustanciales, supone la primera regulación de estas prácticas en Italia, donde los hijos de la fecundación artificial superan los 6.000 al año en los 323 centros especializados. Estas cifras dan idea también del volumen de negocio que mueve este sector, y que no son ajenas a las presiones y polémicas que suele rodear todos los intentos de regulación. El hecho de que la ley se haya aprobado en el primer año de legislatura permite esperar con fundamento que esta vez el proyecto llegue a puerto, después de varias tentativas fallidas.

La ley establece además que el acceso a la fecundación asistida se llevará a cabo una vez que los otros remedios contra la esterilidad se hayan mostrado ineficaces, y estará reservada a parejas -casadas o convivientes- heterosexuales y en edad fértil. Se dejan fuera, por tanto, las mujeres solas, las parejas homosexuales y las madres con edad de abuelas.

Si esas son las intenciones, también es verdad que para su aplicación se ven ya algunas lagunas. La primera es que la apertura a las parejas convivientes no casadas abre el paso a estas técnicas a mujeres solas y homosexuales: basta con que encuentren una pareja ficticia. También queda sobre el tapete el futuro de buena parte de los 24.276 embriones congelados (procedentes de 5.500 parejas) que actualmente existen en Italia, sobre el que el Parlamento no se ha pronunciado. En principio, se ha rechazado la hipótesis de usarlos como «material» de investigación. La ley italiana prohíbe la experimentación con embriones, así como la selección con fines eugenésicos.

El debate provocado por la ley manifestó palpablemente que hay temas que no resisten la tradicional división política entre izquierda y derecha. La libertad de voto facilitó, en efecto, que se crearan dos partidos transversales a propósito de los puntos esenciales de la ley, lo que demostró que existe un laicismo de izquierdas muy semejante al laicismo de derechas, así como también una concepción de la defensa de la dignidad humana que también comparten políticos de ambos lados.

De este modo, algunos que se alegraron hace años de la disolución de la Democracia Cristiana, invocando la libertad y el pluralismo, se lamentan ahora de que haya cristianos en todas las formaciones: con la DC se podía pactar, argumentan, pero en estos momentos eso es imposible, pues no tienen disciplina de grupo. Algunos han visto la ley como un «triunfo de la moral católica», y para criticarla han invocado la laicidad del Estado. En realidad, contiene algunos aspectos poco compatibles con la moral católica y el punto más criticado -la prohibición de la fecundación heteróloga- está presente en las legislaciones de países como Suecia, Noruega o Japón, donde hay que suponer que la influencia de diputados católicos es más bien escasa.

Diego Contreras

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